En honor a mi casa natal

Agustín Beloki Iraola

Mi agradecimiento a mi esposa Teresa, hijas Tere y Nekane, y sus maridos Miguel Angel y Txetxu. Así como a todos mis familiares y a quienes de un modo u otro nos han ayudado a culminar este trabajo. Quisiera dedicar este libro de todo corazón a mis padres y a mi nieto Mikel.

1. Haciendo realidad un sueño

Los sueños no sólo nos acompañan cuando estamos dormidos, sino que también nos suelen acompañar cuando estamos despiertos y con los ojos bien abiertos y, aunque sean sueños que nunca hagamos realidad en nuestra vida, los sueños son, a mi entender, los que mantienen en vida la interioridad de uno mismo.

Muchos de los objetivos o metas que soñamos resultan fáciles y simples en sueños y luego en la realidad se nos ahogan, a menudo, en el pozo del querer y el no poder, lo cual nos quiere dar a entender que la sonrisa del sueño y el semblante de la realidad son muy diferentes, pero no por ello vamos a dejar de soñar con esos aspectos positivos de la vida que tanta ilusión despiertan.

Durante estos últimos años me he encontrado envuelto en este torbellino e inducido por la nostalgia, siempre me he sentido en deuda con el pueblo de Bidegoian y, especialmente, con Usarraga, la casa que me vio nacer. Esa lucha entre el querer y el no poder me ha hecho recordar, así mismo, esa vieja canción que decía: "Urak haundi dire, sakon dire murgildu nahi dutenentzat... " (la mar es colosal, las aguas son profundas para quien en ellas se quiera zambullir). Han pasado los años y el sentimiento de deuda me ha estado martilleando en la antesala de la conciencia.

Sentía la necesidad de llevar a cabo un nuevo intento y, sobre todo, por un motivo: porque pertenezco a la última generación que nació al abrigo de ese viejo caserío que tan estrechamente estuvo relacionado con las Juntas Particulares de Gipuzkoa. En ese sentido, y obviando la carga o sentido político del lugar, somos los últimos testigos directos de la estructura física de este lugar de reunión de la Edad Media. A las generaciones posteriores al año 1948, momento en el que se rehabilitó completamente el caserío, puede resultarles más difícil que a nosotros guardar esa conexión con la historia, aunque pongan todo su empeño en ello. Nuestro esfuerzo, por consiguiente, consiste en añadir un nuevo eslabón en esa cadena que a punto está de romperse, para que en el futuro se tenga conocimiento de este fragmento de la historia que es patrimonio de todos.

Pensé, por tanto, que la solución más directa y quizá la única, consistía en acercarme a aquellos que pudieran ayudarme a llevar a cabo ese proyecto, tantas veces soñado, sobre Usarraga y Bidania y trabajar junto a ellos.

Hoy puedo deciros que el haber creído en lo que uno sueña despierto o, por decirlo de otra forma, el haber hecho de incitador, ha merecido verdaderamente la pena; hemos topado con los sentimientos de hombres y mujeres y de algunas instituciones que, aun no siendo hijos de Usarraga o de Bidania, se sentían como nosotros en deuda con la historia de este lugar.

Como persona que ha nacido y crecido en Usarraga he de señalar que desde el momento de resplandor de Usarraga, en aquella época en la que se celebraban allí las Juntas Particulares, hasta el momento en que yo nací han transcurrido 400 años, por lo que en ese intervalo de tiempo han vivido en Usarraga 16 generaciones o más.

Larga trayectoria, ciertamente, y también son muchas las historias transmitidas oralmente, para relatarlas aquí detalladamente y, sobre todo, para verificarlas. Aún así, creo que, de alguna manera, corresponde a nuestra generación la labor de dar a conocer esas historias que han llegado hasta nosotros relatadas generación tras generación y que nosotros hemos podido oír, presenciar y atesorar; así como la de esforzarnos en redactarlas y recopilarlas de la manera más precisa posible.

Es cierto que las épocas o periodos, los sucesos y lugares que aquí señalamos quedan lejanos en el tiempo. Por ejemplo, las antiguas calzadas que de todos los rincones de Gipuzkoa se dirigían a Bidegoian están cubiertas de maleza y musgo; la antigua parroquia de San Bartolomé ha desaparecido; Usarraga, aunque sea la única que queda en pie, fue transformada. Estamos hablando, por lo tanto, de algo que no podemos ver, algo que exige, más que nada, una mirada interior, la mirada de los sentimientos. De cualquier manera, nos hemos limitado a abrir el viejo libro de nuestros antecesores y podemos afirmar, sin ningún género de dudas, que en dicho libro una de las partes más bellas de la historia de Gipuzkoa se escribió en Usarraga y en Bidegoian. Al mismo tiempo que lo desempolvábamos nos hemos dado cuenta que en ese libro hay páginas sin escribir. ¿A qué generación estarán esperando? ¿Acaso a que tú y yo las escribamos en agradecimiento a nuestros antepasados? El esfuerzo de los que así lo creemos y así pensamos va por ese camino y estoy seguro de que no seremos los últimos que hablemos de Usarraga y de Bidegoian; las Juntas Particulares que aquí se reunieron durante dos siglos y medio se convertirán en obligada referencia para cualquiera que quiera investigar la historia de Gipuzkoa. El tren del tiempo tiene su parada en Bidegoian.

Disfrutemos de ese patrimonio que tenemos en común, el pasado, con la dignidad de haber sobrevivido como pueblo y sin perder la perspectiva de futuro.

2. El origen del nombre

La naturaleza siempre ha sido el principio de todas las cosas, la materia prima de los orígenes. La tierra estaba ahí, en toda su plenitud, mostrando todo tipo de formas y estructuras, de modo que tan sólo faltaba encontrar la palabra que reflejara el significado de lo visto, de lo percibido.

Es bien sabido que no todas las lenguas tienen la misma sensibilidad para expresar el significado locativo. En nuestro caso, sin embargo, podemos decir sin miedo a equivocarnos que la mayoría de los topónimos en euskara se nos muestran como fotografías de cada lugar.

Existen dos casas en Bidegoian llamadas Usarraga, una junto a la otra: Usarraga Zaharra y Usarraga Berria. Usarraga Berria es de una sola vivienda y Usarraga Zaharra, la que fue utilizada para celebrar las Juntas Particulares, consta de dos viviendas. Si retrocedemos unos años nos encontraremos con otros nombres, tales como, Usarraga Allende, Usarraga Suso, Usarraga Miguelena y Usarraga Maior. Pero todos estos nombres no eran más que los diferentes nombres que tuvo Usarraga Zaharra en diferentes épocas, tal y como veremos en el apartado "Los hombres y mujeres de Usarraga".

Antes de continuar y para evitar cualquier confusión, debo añadir que el caserío Usarraga Berri, para nosotros aldekoa, fue, tal y como su nombre indica, una construcción posterior y, como tal, no guarda una relación directa con la historia que nos ocupa, por lo que nos limitaremos a esta única mención.

El tema de nuestro estudio, por lo tanto, será la casa Usarraga Zaharra, la casa de dos viviendas que fue lugar de reunión de las Juntas Particulares de Gipuzkoa. (Nota: cada vez que hable de Usarraga lo haré de Usarraga Zaharra). Lo habitan dos familias: los Aburuza y los Beloki, los cuales han de considerarse mutuamente como vecinos. Esta es y no otra la razón por la que me refiero a los Aburuza cuando hablo de los vecinos. Y dicho esto, volvamos al tema.

Luis Mari Mujika, experto en temas de toponimia, al estudiar el origen del nombre de Usarraga, ha llegado a la siguiente conclusión: Usarraga: U- (ura, agua, palabra que en composición pierde la consonante vibrante, como en el caso de uhalde/uholde, inundación); -zar (zaharra, viejo); -aga (sufijo que significa abundancia) (1). En este punto, quisiera dar algunos datos que nos ayuden a confirmar la conexión que existe entre el nombre y la realidad de la casa.

El pueblo de Bidegoian tiene la forma de una gran cuna, toda el agua de las lluvias, de las nevadas y de las fuentes se filtra bajo tierra allí mismo. No existe en Bidegoian arroyo alguno que aflore a la superficie. En el llano de Elbarren, es decir, en el fondo del valle, existen cinco o seis dolinas o sumideros. Algunos de éstos tan sólo tragan las aguas de los alrededores del caserío; otros, en cambio, filtran las aguas que se recogen en la carretera principal, siendo el más conocido el que se encuentra junto al caserío Osiondo.

A pesar de que no está directamente relacionado con las Juntas Particulares de Usarraga, quisiera subrayar algunos datos sobre este último sumidero. Los arroyos Ernio Erreka y Goiatz Erreka pasan por cada lado del casco urbano de Bidania y, tras rodearlo, confluyen para discurrir juntos desde ese lugar al sumidero de Osiondo. En este tramo el arroyo cambia de nombre y es conocido como Bidani Erreka.

En épocas de crecidas o de grandes lluvias, el caudal de este arroyo es más grande que la capacidad de filtración del sumidero de Osiondo y sus alrededores se convierten en una especie de pantano. Aunque deje de llover, el sumidero necesita días e incluso semanas para tragar toda esa agua y que el arroyo vuelva a su nivel normal.

¿Dónde surgen las aguas de Bidani Erreka que desaparecen en la dolina de Osiondo? Siempre se nos ha dicho y, en cierta medida, así lo hemos creído, que las aguas que en Osiondo se filtran aparecen en Alkiza. Una de las razones por las que hemos pensado que esto ocurría así, ha sido la existencia de una regata que desemboca en el río Mandabe de Alkiza, conocida como Bidani Erreka.

Inma Mugerza, investigadora de la Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea, ha podido comprobar tras una larga y minuciosa investigación que las aguas -al menos la mayor parte de ellas- que en Osiondo se filtran salen al exterior en 21 fuentes diferentes de los alrededores del molino de Azurtzi, en la muga entre Tolosa y Albiztur, y van a parar al río Salubita Erreka. Esperamos que la constatación de todo ello y demás datos interesantes puedan ver la luz lo antes posible.

Volvamos a nuestro ámbito y hablemos de las dolinas o sumideros de los alrededores de la casa Usarraga, de tamaño y número menor, pero en los que se repite el fenómeno que hemos visto en el caso del sumidero de Osiondo. Normalmente toda esa agua que surgía en los alrededores solía desaparecer bajo tierra de la misma manera que surgía de ella, pero cuando caían fuertes lluvias los sumideros de alrededor del caserío eran insuficientes para tragar toda esa agua y las inmediaciones del caserío se convertían en un gran charco de agua que llegaba, incluso, a inundar los bajos del caserío. El vecino Mauricio Aburuza, hijo del caserío Sargaztegi de Asteasu, llegó en 1940 a Usarraga y, según nos ha contado, durante el primer año y medio, más o menos, en Usarraga se inundaron los establos hasta cinco veces.

Para evitar que esto ocurriera introducían y dejaban fijas una o dos varas de castaño en el sumidero que estaba cubierto de tierra y barro y, cuando a causa de las lluvias, comenzaban a acumularse grandes cantidades de agua, dibujaban círculos con las varas de castaño para provocar pequeños remolinos que a modo de embudo conseguían filtrar lentamente toda esa agua. Por lo tanto, es obvio que bajo tierra existe un río subterráneo o alguna vía de agua, posiblemente muy cerca de la superficie. Todo esto ocurría a escasos cinco o seis metros del borde del caserío y, todavía hoy, se filtran allí las aguas de los alrededores; ahora bien, hoy en día van bien canalizadas.

Por lo que hemos visto y vivido, Usarraga era un lugar abundante en agua, lo cual prueba una vez más la precisión de la toponimia euskaldun; la conexión entre nombre y realidad es total.

Los charcos o los lodazales que este agua dejaba alrededor del caserío Usarraga no sólo fueron motivo de numerosas discusiones hacia mediados del siglo XVI, sino que además, este hecho marcaría el futuro del lugar. Los representantes políticos de Gipuzkoa aprobaron notificar al Rey de Castilla el malestar de los allí reunidos por las malas condiciones del entorno de Usarraga, explicándole de la siguiente manera las razones para no acudir a Usarraga: "(...) que es una Casa y lugar apartada sobre si e que en tiempo de Invierno cabsas de las dichas aguas e lodos y otras cabsas e incombenientes (...)".(2)

Dentro del territorio de Gipuzkoa los pueblos más alejados de Usarraga eran Fuenterrabía, Motriko, Arrasate y Segura. Tomemos como ejemplo el caso de Arrasate.

Retrocedamos 500 años y situémonos en la plaza de Arrasate. Acompañaremos, imaginariamente, por supuesto, al representante político de Arrasate a caminar por ese largo recorrido que debía realizar y a superar todas las barreras que durante su camino iba a encontrar. Para empezar, debemos recordar que para dirigirse de Arrasate a la ermita de Nuestra Señora de la Antigua de Zumarraga podían elegir entre tres rutas diferentes: por el alto de Deskarga, por el monte de Arrola o por Zatubi Kurutza. Nosotros vamos a elegir este último camino, puesto que creemos que era el mejor construido y el más cuidado.

A la salida de Arrasate dejaremos a nuestra derecha el recién construido embalse de Urkulu y Koruta y llegaremos a Zubillaga por la calzada conocida como "kaltzada gaina". Los lugareños conocen a esta calzada como camino real. En Zubillaga torceremos a la derecha y, tras cruzar todo Oñati, nos dirigiremos al barrio de Olabarrieta. Aquí, tomaremos la antigua carretera general entre Oñati y Legazpi, cruzaremos Zatubi Kurutza, pasaremos junto a la ermita de San Miguel, antigua parroquia de Legazpi, y nos encaminaremos a la Ermita de la Antigua de Zumarraga. Sin tiempo para descansar, subiremos al monte Kizkitza y, tras pasar por Mandubia, bordearemos Murumendi para llegar a Santa Ageda. Posteriormente, bajaremos a Beondegi, pasando entre los montes de Urruztan y Ostangela; en el cruce de Erroma nos juntaremos con los representantes que vienen del Goierri y de la zona de Albiztur y tras superar la última barrera, Azkonbieta, llegaremos a Usarraga.

Hoy en día la carretera general entre Bidania y Arrasate tiene alrededor de 60 kilómetros y aunque la antigua calzada fuera, como es obvio, más corta, necesitarían unas diez horas de viaje, tanto a pie como a caballo. Tras ese largo viaje, llegarían a Usarraga y más de una vez se encontrarían con que los alrededores de la casa estaban inundados o, cuando menos, se habrían convertido en lodazal, con toda seguridad, especialmente en invierno.

Tras haber realizado este viaje imaginario cualquiera puede explicarse la razón por la que los representantes de los pueblos de Gipuzkoa mostraban ese malestar o enfado. Lo que sí sabemos es que el rey de Castilla hizo llegar una carta en la que recomendaba que, si hubiera cerca una casa o un refugio que mostrara mejores condiciones, las Juntas Particulares se trasladaran allí; siempre y cuando estuviera "en un trecho o dos de ballesta" (3) de Usarraga, es decir, a unos 300 metros y, por supuesto, sin salir del pueblo de Bidania.

El pueblo de Bidania y, más concretamente, Usarraga mantuvo su protagonismo durante dos siglos y medio, convirtiéndose Usarraga en uno de los principales pilares, indispensable para la construcción política de Gipuzkoa. Fue el lugar de origen de una nueva época y una nueva forma de hacer política; la tierra en la que sus habitantes quisieron echar las raíces de la democracia, eso sí, dentro de toda corrección. A fin de cuentas, fue un claro exponente de un pueblo que con notable identidad sabía lo que quería.

3. La mesa del Salón de Juntas

Una parte del patrimonio que hasta nuestros días ha llegado de aquel tesoro político de la Edad Media ha sido la mesa del Salón de Juntas. Aunque yo no recuerde haberla conocido, hombres y mujeres de Usarraga algo mayores que yo recuerdan perfectamente la imagen de la mesa, su historia e incluso su situación.

Esta mesa, junto con otras que fueron elegidas por los guipuzcoanos de aquella época para debatir y opinar, resultó ser la brújula que marcó la dirección de Gipuzkoa. Alrededor de esta mesa se elaboraron y protegieron los aspectos positivos de la política que se basaba en la participación del pueblo llano.

A pesar de todo lo que desde la emoción, o si se prefiere, desde la subjetividad de sentirnos hijos del pueblo podamos pensar o incluso expresar, seguramente nos quedaríamos cortos en cuanto a lo que las decisiones que en el siglo XV se tomaron alrededor de esta mesa pudieron suponer para todos los guipuzcoanos de aquella época. Por ejemplo, el tratado de paz valedero para diez años que Gipuzkoa e Inglaterra firmaron en 1482 fue discutido y aprobado en torno a esta mesa.

Por lo tanto, esta mesa era, sin ningún género de dudas, algo más que una mesa que tras haber subsistido muchos años se había convertido en un símbolo. En el curriculum de esta mesa podemos leer, entre otras muchas cosas, que gracias al tratado que hemos mencionado anteriormente, este pequeño pueblo que es Gipuzkoa conoció y vivió el mayor grado de soberanía que jamás haya conocido y que todo ello se redactó sobre esta mesa.

Los representantes del pueblo llano aburridos de los consejos y actitudes de señores, caciques y hombres instruidos, podían por fin reunirse sin éstos alrededor de una mesa. Con el trabajo por costumbre y la costumbre por ley, el punto de partida de la labor de estos representantes estaría constituido por lo que aprendieron del acervo cultural del pueblo, empleando una dialéctica tan breve como concisa.

Fuera del ámbito de la política, también podemos señalar algunas curiosidades relativas a la mesa. Por ejemplo, era una mesa de una sola pieza, fabricada enteramente con el enorme tronco de un árbol, lo cual, sin más argumentos, nos da una idea de la magnitud del patrimonio de nuestros montes y bosques en la Edad Media. En lo referente al tamaño de la mesa, hemos recabado más de una opinión entre los que la conocieron. Según unos medía alrededor de seis metros de largo y uno de ancho, pero hay quien opina que medía nueve o diez metros de largo. Al parecer, a la mesa le faltaba un trozo que fue cortado con una sierra y quizás sea ésa la razón de las diferencias existentes en lo que al tamaño se refiere. A fin de cuentas, aunque nos parezca extraño e increíble, árboles como el que fue utilizado para fabricar esta mesa abundaban en nuestros bosques. Sólo con pensar que en la llanada de Bidegoian o en algún otro lugar existieron árboles con un porte tan grande como para extraer una tabla de semejante tamaño me entran ganas de gritar: "¿Señores, qué hemos hecho de la naturaleza?"

Una vez que dejaron de celebrarse las Juntas Particulares en Usarraga, para evitar que la mesa estorbara, además de sacar un provecho de su utilización, hubo que darle otro uso, ya que se trasladaba de un sitio a otro sin encontrar un destino final. De esa manera, la colocaron en el desván como separación entre las pertenencias de las dos viviendas de la casa. Nadie sabe durante cuantos años ha separado y guardado la fruta recolectada, arcones y demás objetos de ambos lados, colocada de lado pero en vertical (sin patas por supuesto), tal y como si fuera una pared.

Otra de las curiosidades que ha llegado hasta nuestros días oralmente, de generación en generación, ha sido que cada pata de la mesa representaba la figura de un león. Nadie ha sabido decirnos que ha sido de esas patas.

¿Las quitaron acaso porque se habían echado a perder o porque molestaban? ¿Quizás al ser tan hermosas las cambiaron de lugar? Tal y como hemos expresado anteriormente, las Juntas Particulares se trasladaron de Usarraga a la antigua parroquia de San Bartolomé durante el siglo XVI. Por consiguiente, tuvieron que trasladar a ese otro lugar libros y algún que otro objeto más. ¿No estarían entre esos otros objetos las patas de la mesa con representaciones de leones? Los hombres y mujeres mayores de Usarraga piensan que esas patas pueden estar sujetando alguna otra mesa y de esa misma opinión soy yo.

De cualquier manera, estamos en condiciones de asegurar que esta mesa estuvo alrededor de 500 años en el interior de Usarraga cumpliendo una u otra función.

Cuando en 1948 decidieron reformar el caserío, el primer trabajo debió consistir en vaciar el interior y, ante el asombro de todos los allí presentes, detrás de un viejo arcón apareció el trozo de aquella antigua mesa que allí había permanecido semiescondida durante años o quizás siglos.

A partir de aquí ya no podemos decir nada más, lo único que sabemos es que lo que quedaba de aquella mesa desapareció.

4. Los recuerdos de la abuela

Ahora vamos a sentarnos junto al fuego y a sumergirnos en los recuerdos de nuestra abuela.

Josefa Ignacia Aizpuru era hija del caserío Eizmendi Erdikoa de Urrestilla, conocidos como "Txorrotxanekoak". En el año 1894 contrajo matrimonio con Juan Bautista Beloki de Usarraga y tuvieron nueve hijos. Aprovechando la ocasión, he de decir que Juan Bautista fue el primer mayorazgo de apellido Beloki nacido en Usarraga, a pesar de que tuvo una hermana mayor. El padre de Juan Bautista, mi bisabuelo, vino aquí del caserío Amenabar de Beizama y, por supuesto, con él también llegó el apellido Beloki. De esta manera, el apellido Camino o Camio que durante siglos se había mantenido en Usarraga, fue desapareciendo (ver el apartado "Los hombres y mujeres de Usarraga").

Nuestra difunta abuela solía decir que cuando llegó a Usarraga encontró en el desván un viejo arcón repleto de libros y papeles. En Usarraga, por lo visto, se repetía la misma historia de todos los caseríos y los trabajos más tediosos se encomendaban a los niños; así, cuando no querían guiar los bueyes, cuidar de las vacas o traer agua de la fuente, les daban dos o tres hojas de ese viejo arcón a los niños, para que de esa manera hicieran más a gusto estos trabajos. Y así debió ser como se fue vaciando o esparciendo el tesoro que contenía el viejo arcón.

Aún siendo esto así, un vecino de Bidania que aún siendo joven le gustaba mucho hablar sobre estos temas me dijo que antes de que los niños rompieran y diseminaran las hojas del arcón, la iglesia ya se había llevado de Usarraga todos los libros o documentos de valor.

A mi modesto entender, deberíamos hacer otra lectura de esta frase, es decir, más que decir que se los llevo la iglesia, pienso que sería más correcto decir que los llevaron a la iglesia. Podemos pensar que cuando trasladaron las Juntas desde Usarraga a la parroquia también trasladarían a la parroquia muchos objetos necesarios para el normal funcionamiento de las Juntas, tales como libros y documentos.

Visto desde otro punto de vista, podemos decir que aunque nunca podremos conocer el tamaño del tesoro diseminado o perdido, lo que sí sabemos es que para dicha de la historia, si fueron recogidos y guardados, en alguna medida, viejos documentos que hablan de Usarraga y Bidania. No podemos olvidar que desde que las Juntas Particulares se trasladaron de Usarraga a la parroquia hasta que nuestra abuela llegó a Usarraga transcurrieron 340 años.

5. Símbolo de antigüedad

Mucho se ha hablado y escrito sobre la antigüedad de Usarraga y, entre los que lo han hecho, cabe mencionar al difunto padre Lukas Arizeta, quien en el libro "Bidania" escribió que el caserío Usarraga fue el primer y, por supuesto, único caserío de Bidania y que los dos caseríos vecinos más cercanos fueron Errota Txiki de Tolosa y Santa Engrazi de Zestoa. También hemos escuchado que Legarmendi Txiki fue el segundo caserío que se construyó en Bidania y que, por lo visto, se comentaba que estaban demasiado cercanos para que no surgieran problemas de convivencia. Lo más curioso es que este segundo caserío estaba en el otro extremo de Bidania. Cada vez que quiero concentrarme e imaginarme a mí mismo en aquella situación, en aquel momento o aquella época, me pongo nervioso y me parece que no encuentro la suficiente tranquilidad para poder imaginármelo. La foto del Bidania posterior que yo he conocido me nubla la vista y me imposibilita ver aquella Bidania que no era más que un caserío o, quizás alguna ermita o refugio escondido entre grandes árboles.

De cualquier modo, yo no voy a discutir y mucho menos poner en duda el trabajo de quienes han leído, estudiado y escrito la historia. Todo lo contrario. Lo único que pretendo es hacer una pequeña aportación que pueda confirmar lo que éstos expresan.

Uno de los hijos más famosos que ha dado Euskal Herria dentro del siglo que acaba de terminar, el difunto Don Manuel Lekuona opinaba de esta forma sobre Usarraga: "Fue en Usarraga donde tuve conocimiento de un orificio practicado en un sillar de la esquina de la casa, hecho para poder atar la cadena del perro. En aquel momento ya estaba muy gastado por el uso. Ese orificio es un símbolo de los tiempos de los ermitaños. En La Rioja y en otros muchos lugares es muy normal encontrarse con estos orificios. Además, pensamos que más que para atar a los perros, los utilizaban para atar a las cabras. Ciertamente, la cabra era un animal muy provechoso, especialmente por la leche que proporcionaba. Volviendo a Euskal Herria, aquí en Gipuzkoa no era muy corriente encontrarse con esos orificios en los sillares. Yo sólo he conocido dos casos en toda Gipuzkoa y uno de ellos en el caserío Usarraga. Por lo tanto, puede que sea un vestigio de una ermita o un refugio anterior al caserío. Por lo menos la mayoría de los que yo he visto, los he visto en ermitas u otros antiguos edificios. Ese es el motivo por el que digo que es símbolo de antigüedad".

Entre 1940 y 1948 los dos cabezas de familia que vivían en Usarraga tuvieron que tomar decisiones muy importantes: por una parte, los que hasta entonces vivían como inquilinos pasaron a ser dueños del caserío y por otra parte, siendo un caserío de vieja construcción se encontraba en una situación preocupante y se animaron a realizar una importante reforma. Al retirar las grandes maderas del tejado, las viejas paredes cayeron por su peso, excepto la parte que daba al Este. ¿Qué ocurrió con aquella piedra esquinera que señala el padre Lekuona? A nuestro entender debía encontrarse en esta pared que da al Este y esta pared debe estar recubierta un metro o más por el exterior. Por lo tanto, es posible que esa piedra labrada y su orificio se encuentren cubiertos en ese mismo sitio.

Todo ese escombro, excepto las piedras más grandes, fue machacado para aprovechar como mortero en las paredes que de nuevo se iban a levantar mezclando la tierra roja que debieron traer de Aizkomieta con cal. En esta nueva construcción sólo utilizaron cemento para las columnas y dinteles de la planta baja. Aún recuerdo aquellos alargados triángulos de madera, llamados cabrios, que cargaban sirviéndose de dos horquillas de madera que facilitaban la labor de echárselos a la espalda y volver a posarlos. El trabajo era ininterrumpido para un muchacho que tuviera que hacer y transportar mortero para cuatro o cinco canteros.

Así entre las tres paredes construyeron dos caseríos que debían compartir la medianera. Nuestra familia le añadió un juego de vigas más hacia el este y mantuvo la misma estructura que el antiguo caserío. Los vecinos, en cambio, tenían el caserío más estrecho y decidieron cambiar la vertiente del tejado en función del uso del espacio interno. Por ello, aún estando adosadas, son dos viviendas de estructura diferente.

Hay ciertas columnas que durante siglos fueron soporte del viejo caserío y que ahora forman parte del nuevo caserío, como algunos postes del desván y, sobre todo, las columnas mayores que tras haber sido serradas en cuatro partes podemos admirarlas en el granero como viguetas o en el tejado como cabrios.

Los grandes troncos que se necesitaban para poder completar el resto de la estructura de madera fueron comprados a la familia Muñoa de Osiondo, pagando mil pesetas por cada árbol sin cortar, in situ. Era la mayor cantidad hasta entonces pagada por un árbol. Según se dice, aquello supuso una nueva era de revalorización de los árboles de Bidegoian.

6. Estructura interior del viejo caserío

Tal y como he dicho anteriormente, nuestra generación fue la última que nació y creció en el Usarraga Zaharra anterior a las reformas de 1948, en aquella casa en la que se celebraron las Juntas Particulares. Ahora os abriré las puertas del viejo caserío con la ayuda de mis recuerdos y los de la gente de mi entorno.

Lo primero que llama la atención en la estructura del viejo caserío, es que el huecode la puerta principal no esté ubicado en el centro de la fachada, sino más a la derecha. La situación de la puerta nos muestra que no se hizo conforme a lo que resultaba más adecuado a la fachada, sino a la distribución interior de la casa. Tal y como podemos observar en la vieja fotografía de Indalezio Ojanguren, las dos ventanas que se encuentran a ambos lados de la puerta corresponden a las cocinas de las dos viviendas. La de la derecha es la de nuestra casa, aunque se encuentre ocultada por el cobertizo donde hubo primero un horno de pan y después un abrevadero. A la izquierda de la puerta podemos ver que, aparte de la ventana de la cocina de los vecinos, hay otra ventana además de la que corresponde a la cocina de los vecinos. Esta última se trata de las habitaciones de nuestra familia, junto con la que está orientada al Oeste, a pesar de que tuviéramos la cocina en el lado contrario de la casa. En este punto, aprovecho para decir que, tras las obras de reforma del viejo caserío, una de las pocas partes de éste que aún queda en pie es, precisamente, la ventana correspondiente a los vecinos y orientada al Oeste y la parte de muro que la circunda. Justamente, el trozo de muro en el que posiblemente se encuentra el sillar antes mencionado.

Antes de adentrarnos en el caserío, veamos cual era el patrimonio de cada familia, cuales eran los espacios que debían compartir y como los separaban bajo un mismo techo. Por ejemplo, la cocina, las habitaciones, los establos, las cámaras para el maíz y los lugares para guardar la hierba eran patrimonio estrictamente exclusivo de cada familia. Por otra parte, la puerta de la entrada, el portal, las escaleras del desván, el acceso al mismo y una gran parte del desván -necesario para guardar durante gran parte del año los aperos y los carros y, sobre todo, para realizar los trabajos de la trilladura en verano- eran elementos a compartir. Estos espacios a compartir dentro del caserío venían a ser, a su vez, el lugar de trabajo para las dos familias: las dos familias debían introducir la comida diaria para el ganado por la misma puerta, debían llenar los dos desvanes desde el mismo acceso y en invierno los debían vaciar por la misma escalera. No sólo se veían todos los días, sino que estaban obligados a trabajar conjuntamente en el mismo sitio y para ello era condición indispensable que se respetaran mutuamente en el uso de estos espacios.

Ahora pasaremos al interior del caserío, encenderemos el flash de la imaginación y podremos sacar fotografías del pasado.

Nada más entrar por la puerta, se encontraban a izquierda y derecha las cocinas de las dos familias. En el centro quedaba un espacio, no especialmente pequeño, que llamaban portal. Tenía el suelo de tierra y las mujeres se esforzaban en barrerlo y mantenerlo lo más limpio posible. Era un espacio que debían compartir las dos familias. Hay que señalar que distinguían con total claridad y rigurosidad los nombres de cada lugar y el porqué de cada sitio. Por ejemplo, el portal y los frentes de los pesebres de cada vivienda estaban unidos, pero mientras el primero estaba ligado al conjunto formado por la cocina y las habitaciones y recibía el tratamiento que por ello le correspondía, el segundo estaba estrechamente ligado al ganado y al establo, tal y como su nombre lo indica.

Las dos cocinas, en mi opinión, eran parecidas: grandes y oscuras. Estaban oscurecidas a consecuencia del humo, sobre todo el techo de madera. En las dos existían amplias mesas con capacidad para diez o doce comensales, eran de aquel tipo de mesa que cuando no se necesitaba se recogía y se sujetaba contra la pared.

El hogar era, sin ningún género de dudas, el lugar más apreciado del caserío. No sólo era el lugar en el que sentados o en cuclillas disfrutaban del calor del fuego, también era el lugar para el descanso de la familia, e incluso para el aprendizaje. Era el lugar en el que las nuevas generaciones aprendían de las experiencias y los consejos de los mayores. No podemos olvidar que el roble vasco tiene sus raíces alrededor del hogar, dicho de otra manera, no podemos olvidar que el euskara y la misma supervivencia de Euskal Herria se le debe, en cierta medida, al hogar del caserío.

En lo referente a las habitaciones hay que subrayar que la distribución de las mismas era muy peculiar. Las habitaciones de nuestra familia estaban diseminadas por toda la planta baja y las de los vecinos en el desván. Podemos pensar que esta distribución era consecuencia del cambio que supuso que el caserío pasara de ser una única vivienda a ser dos viviendas. Pero ¿Quién decidió hacer este reparto? ¿Echaron a suertes quién se quedaba en la planta baja y quién en el desván?

En la cocina había una puerta que daba a la habitación de mis abuelos; recuerdo que tenía una ventana en la pared que daba al Este y que era tan estrecha que las camas estaban colocadas una detrás de la otra. Al estar situada entre la cocina y el establo era la habitación más cálida de todo el caserío y, por supuesto, siempre solía haber algún niño que, por ese motivo, quisiera dormir con los abuelos.

Las otras habitaciones estaban situadas en el otro extremo de la casa, contra la pared del Oeste; para llegar a la habitación de los jóvenes y de ésta a la de mis padres, había que cruzar el portal y pasar por detrás de la cocina de los vecinos.

En la habitación de los jóvenes teníamos dos tipos de camas, una de ellas era grande y la conocíamos como la cama del tío Tomás. Esta cama reflejaba una costumbre que en todos los caseríos de Euskal Herria se ha convertido en ley, sin ninguna necesidad de ser escrita: el hijo que una vez casado se establecía en el caserío, es decir, el mayorazgo adquiría unos derechos, pero, a su vez, tenía unas obligaciones y entre estas obligaciones se encontraba, por ejemplo, la de proporcionar comida y alojamiento a los hermanos solteros que aún trabajando fuera vivieran en la casa. De ahí el porqué de la cama conocida como la cama del tío Tomás.

Una pequeña pared en forma de número cuatro apoyada en el muro posterior del caserío, separaba los establos: el nuestro queda al Este y el de los vecinos al Oeste. Precisamente ahí, en la parte posterior correspondiente a los vecinos, se encontraba la puerta de arco que, según los expertos, pudiera ser la entrada a una pequeña edificación anterior al caserío. ¿Quizás alguna ermita? Las ermitas y las iglesias suelen tener la entrada principal por el Oeste, frente al altar que suele estar mirando al Este. Cuanto más se investiga, más razones hay para pensar que las opiniones e ideas de los expertos pueden ser correctas. Por otra parte, esta puerta en forma de arco pasó años, puede que siglos, cubierta con tierra por el exterior. El momento en que se tapó marca el fin de una época y el comienzo de otra. Si bien es cierto que la puerta de arco ofrecía muy pocas posibilidades de uso para el caserío, menos opciones daba una vez tapada y, por lo tanto, podemos pensar que debemos situarnos en el contexto de una edificación que tuviera algún otro destino.

El caserío recién construido tenía una estructura baja y por ese motivo abrieron una puerta para el desván, justamente encima de la puerta en forma de arco, aprovechando la vertiente del tejado del muro Oeste; así lo conocieron, también, los habitantes de la generación de nuestros padres. En 1930 elevaron el tejado por la parte trasera y abrieron una nueva puerta para el desván; cuando nuestros vecinos comenzaron a vaciar todo aquel relleno con pequeñas cestas que llevaban a la espalda y volvió a aparecer la puerta en forma de arco.

En 1948 realizaron una reforma total del caserío, pero la puerta de arco se mantuvo intacta junto con la pared que la rodeaba y una ventana. Pero no duró mucho, por lo visto no soportaba la carga y las vibraciones de los aparatos de la nueva era; éstos aparatos descolocaron aquellas piedras labradas que habían aguantado, quizás, durante mil años, haciendo que la puerta desapareciera junto con su secreto.

Hay que señalar que esta parte baja del caserío estaba construida con puntales y paredes cortas de piedra, es decir, fuertes muros de piedra pero que sólo alcanzaban hasta el primer piso; muros que, además de asentar yfortalecer la estructura de la casa, resultaban ideales para afrontar los fríos y los calores de las diferentes estaciones del año.

Las escaleras que subían al desván también pertenecían al patrimonio común de las dos familias y la partición que se realizó en la planta superior no tenía nada que ver con la realizada en la planta baja. Así, mientras nuestros vecinos tenían la cocina y el establo en la parte Oeste de la planta baja, sus habitaciones, la cámara para el maíz y el lugar para guardar la hierba se encontraban en la parte Este del desván. Nosotros, por el contrario, en la planta baja ocupábamos la parte Este y en el desván la parte Oeste.

Las habitaciones que los vecinos tenían en el desván debieron construirse tras la partición del caserío, eran dos habitaciones y una estancia más pequeña, a la que llamaban "gelatxo" y que era, sin duda, el lugar de juegos preferido por los chavales. Estas habitaciones tenían paredes de ladrillo y el techo de madera y eran un fiel reflejo de una nueva época dentro del viejo caserío.

Tal y como hemos comentado anteriormente, ambas dos viviendas disponían de una única puerta para el acceso al desván y estaba abierta en nuestra parte del desván. No obstante, no debemos olvidar que las dos viviendas tenían derecho a uso del interior y que por esta razón cabía la posibilidad de que una de las dos familias resultara perjudicada. Por lo que se ve, para resolver esto, a nuestra familia le pertenecía un espacio limitado en el centro del desván, que a todas luces, se correspondía con el espacio perdido en la otra parte. En este momento quisiéramos subrayar que para una convivencia óptima es condición indispensable que no haya perdedores.

Dentro de este espacio limitado en el centro del desván se encontraba, entre otras muchas cosas, aquel viejo arcón que la abuela encontró lleno de libros y de papeles. Los habitantes de Bidegoian asistentes al evento, recuerdan perfectamente cómo durante la campaña electoral anterior a la guerra civil la andereño Elbira Zipitria se subió a ese arcón y se dirigió a los presentes pidiendo el voto para los candidatos abertzales.

Las edificaciones colindantes, a ambos lados de la casa, también debieron construirse en esa misma época. A la hora de remodelar el caserío y viendo que no tenían donde guardar las reservas de alimento para el ganado de cara al invierno, debieron añadir dos edificaciones de buena construcción a ambos lados del caserío. La parte baja de cada una de ellas, además de alojar la pocilga, serviría para uncir las bestias, guardar aperos y para otros menesteres. En la parte alta se disponía de un espacio inmejorable para almacenar el heno, provisto en ambos casos de escaleras interiores.

La piedra que se utilizó para construir estos añadidos la debieron traer de Goiatz. La gente de Usarraga posee tres pequeñas parcelas en Goiatz (un prado y dos zonas boscosas) de las que se ha sacado provecho mientras hubo arrendatarios, variando el aprovechamiento de año en año. En la parcela situada entre los caseríos Alkorta-Etxe y Etxe-Nagusi y llamada Apaiz Soro o Apaetxe Soro existió alguna vez la casa en la que debió vivir el cura. En las viejas escrituras consta como "una casa derruida".

Aunque hoy en día pueda sorprendernos, los hombres y mujeres de Goiatz ya sabían que cerca de este lugar se levantaba la primera iglesia o la parroquia de Goiatz, junto a la vieja carretera que une los valles del Oria y del Urola, más concretamente, frente a la calzada conocida como "Alkorta Etxeko kaltzada". Por supuesto, la casa cural debía estar situada muy cerca de allí.

Por lo tanto, nos podemos encontrar en el centro del pueblo de Goiatz.

Pero, curiosidades al margen, volvamos a nuestro argumento. Parece evidente que la familia Camio, la que vivía en Usarraga, tuvo que comprar esos terrenos ante la acuciante necesidad de piedra. Ciertamente, esta casa cural llamada Apaetxe tenía más terrenos, pero los de Usarraga prescindieron de mejores tierras para adquirir estas tres parcelas de poco valor, por lo que podemos pensar que el objetivo de tal compra no era la tierra en sí, sino la extracción de piedra. Así, es de suponer que los de Usarraga compraron y aprovecharon la piedra de la desaparecida Apaetxea para construir los añadidos de la casa de Usarraga.

Usarraga pasó en esta época de ser una única vivienda a dividirse en dos y esto supuso notables cambios, sin lugar a dudas. Pasó de ser un caserío ancho y amplio con treinta hectáreas de terreno a estar formado por dos caseríos más humildes, repartieron todas las parcelas, realizaron la reforma del caserío, construyeron los añadidos y, por si todo esto no fuera suficiente, también cambió en esta época el apellido que en Usarraga había perdurado durante siglos. Según los datos que manejamos, todo esto ocurrió a mediados del siglo XIX.

7. A la sombra del ciruelo de la entrada

Tal y como ya hemos mencionado, Usarraga era un caserío de dos viviendas que tenía una sola puerta de entrada orientada al Sudoeste. Ahora nos vamos a sentar tranquilamente a la sombra del ciruelo de la entrada de la casa y vamos a observar, acechar e imaginar las entradas y salidas de un día normal de estas dos familias. Era, pues, el que a continuación se describe, el modo de vida de los que habitamos el viejo caserío durante sus últimos años, allá por los años 30 y 40.

La noche da paso lentamente a un nuevo día. Los hombres se han levantado, se han lavado la cara, han tomado un sorbo de café y han salido a la puerta. Tras desearse mutuamente buenos días, cada uno ha escudriñado el nuevo día desde su punto de vista y, quizás, ha sacado en conclusión lo que el tiempo les va a deparar. Conocen perfectamente cual va a ser la tendencia del tiempo según el viento que domine o el aspecto del cielo, saben que el amanecer arrebolado trae lluvia... Ciertamente, la fertilidad de la naturaleza y, en consecuencia, el futuro del caserío depende muy a menudo del tiempo. Ese desearse mutuamente los buenos días es mucho más profundo que un simple saludo. En algunas épocas del año suele estar en juego la cosecha y eso supone que también lo esté el bienestar de toda la familia.

Mientras los hombres se dirigen a sus quehaceres en los establos, los seis o siete chicos y chicas de las dos viviendas se encaminan, guiados por la obligación, hacia la escuela, a veces en grupos, a veces en solitario. Los mayores se encargan de sus hermanos más pequeños y de los recados que hay que traer del pueblo.

¿Qué podemos decir de esas madres que trabajan en la cocina? Ellas han sido las que han conseguido el milagro de sacar adelante tanto hijo con tan poca cosa. Una vez preparado el puchero de toda la familia para el mediodía, las dos señoras de la casa se dirigen a dar una vuelta por el gallinero y realizar uno más de sus trabajos. Tenían aves de diferentes tamaños y especies y cada una requería su propia alimentación y sus cuidados específicos. Tras cubrir las necesidades de las aves y antes de volver a entrar en el caserío, harán lo que la víspera no pudieron hacer, si es que quedó algo pendiente de víspera.

Preparaban el desayuno a sus maridos, tomaban sus sopas de pan y café y durante las dos o tres horas que restaban hasta el ángelus de las doce las aprovechaban para trabajar en la huerta, en el prado o en el campo. Verdaderamente era hermoso e inolvidable el espectáculo de la escardadura en primavera, tantos hombres y mujeres, azada en mano, alternando trabajo y descanso, mientras arreglan y admiran ese joven maizal del que emerge el vapor producido por el contraste entre el cálido sol y la tierra húmeda. Podemos decir que cada prado parece un escenario de teatro; el gran poeta Lizardi en uno de sus viajes hacia la ciudad inmortalizó este paisaje en esta frase: "Soroan zut, bejondeizula zuri" (Dichoso tú, que estás de pie en el campo).

Aunque he querido mostrar la imagen de la escarda del maíz en primavera, en todas las estaciones del año se repetían escenas y paisajes parecidos: en otoño al sembrar el trigo y en verano cosecharlo y al poner la hierba a secar, por ejemplo.

Tenemos a otras dos generaciones bajo el techo del viejo caserío: los abuelos entrados en años y los niños más pequeños que serán el pilar del futuro.

Cada abuela hace las funciones de nodriza de sus nietos, meciéndoles en la cuna para que no pierdan el sueño. En los ratos en los que los nietos no están durmiendo o comiendo, salen a la entrada de la casa para que los nietos reciban con cuidado esos beneficiosos rayos de sol, cada una coge en brazos o lleva de la mano a su nieto y anda de un lado a otro de la estrata y aunque parezca que las dos abuelas están entablando una conversación, normalmente no ocurre así; cada una está hablando con su nieto. Es un continuo murmullo, las abuelas repiten continuamente esos viejos versos y todos esos cuentos y juegos de palabras que recuerdan; vacían a diario sus recuerdos o repasan a diario sus sentimientos. Ciertamente cada abuela es la imagen de un tesoro repleto de todo lo más dulce de la vida, para dicha de todos los jóvenes y de los que ya no somos tan jóvenes.

Entre tanto, los fatigados abuelos están terminando de dar su vuelta diaria en los alrededores de la entrada de la casa, ahora dan dos pasos, ahora se sientan. Les da lo mismo el alféizar de la ventana, la esquina de la piedra de la colada o la misma pendiente del campo, se sientan en cualquier lugar. Ya saben que sus agotadas rodillas se lo van a agradecer y así andan buscando su equilibrio, mientras vigilan todos los movimientos de los que están trabajando en el campo.

Los niños y niñas que, a pesar de haber dejado hace tiempo la cuna, aún no están en edad escolar, también andan merodeando alrededor de la casa y, quizás, alrededor del abuelo haciendo alguna barrabasada. Tan sólo con verles saltar y echarse al suelo el abuelo se asusta y le duelen los huesos y no me cabe ninguna duda que en más de una ocasión le harán perder la paciencia y el humor.

Las campanas de la torre de la iglesia han anunciado a los cuatro vientos que ha llegado el fin de la mañana y que es la hora de comer. Los abuelos y los pequeños ya se encuentran en la cocina para cuando llegan corriendo y hambrientos los que han ido a la escuela. Los trabajadores del campo rezan el ángelus y se dirigen al caserío. Diez o doce comensales alrededor de la mesa, cada uno se sienta en su sitio sin necesidad de que nadie les diga nada y esperan a que la abuela bendiga la mesa.

Esta es, poco más o menos, la fotografía que de cada familia podríamos hacer observando sentados a la sombra del ciruelo durante una mañana de primavera. Y esta imagen podría igualmente ser válida para la tarde, con una excepción, por la tarde el límite entre los quehaceres del exterior y el interior es el anochecer y el hito el rosario. Mientras las mujeres trabajan en la cocina y los hombres lo hacen en el establo, una de las abuelas abrirá las puertas de las dos cocinas y comenzará a rezar el rosario, para que las dos familias respondan al unísono.

Y así un día y otro, durante años, generaciones y siglos, llevando una vida conjunta, respetando las normas de convivencia y demostrando que esas normas se pueden cumplir.

8. Pormenores acerca del sobrenombre

Antes de profundizar en el tema de nuestro sobrenombre quisiera subrayar, sin temor a equivocarme, que los sobrenombres están muy extendidos y enraizados entre los euskaldunes.

Si tuviéramos que clasificarlos según su significado y la ironía o la intención con la que surgieron, yo diría que la mayoría de los sobrenombres no tienen excesiva maldad. Por ejemplo, es muy corriente y extendido llamar a una persona por el nombre de su pueblo de nacimiento o, dentro del mismo pueblo, por el nombre del caserío o de su casa natal. También es muy corriente que ciertas personas sean más conocidas por su profesión u oficio que por su propio nombre. Aún y todo, algunos sobrenombres tienen algo más de picardía, son sobrenombres que se aceptan estando de broma o en buen ambiente, pero que en otras circunstancias pueden herir, y, cómo no, los hay que se suelen utilizar en tono burlesco, pero éste no es el lugar idóneo para tratar estos últimos, tan malintencionados.

Todos estos sobrenombres se han puesto sin curas, sin padrinos y sin necesidad de agua bendita. Muchos de nosotros hemos sido bautizados con un sobrenombre y no sabemos ni quién nos lo puso, ni cuándo lo hizo. Ahora bien, suelen ser sobrenombres que, sin duda alguna, describen de manera notable la personalidad de las gentes, casas y pueblos .

En nuestro caso, a los de Usarraga se nos ha llamado Diputaunekuak, como consecuencia del carácter político de la casa. Pero a pesar de haber convivido durante cinco o seis generaciones, por lo menos, dos familias en la casa en la que se celebraban las Juntas, sólo nos han llamado Diputaunekuak a nosotros, a los Beloki. ¿Por qué no a los vecinos? ¿Quién decidió que fuera así? ¿Quizás fue alguno de los nuestros el que considerándose diputado marcó esta diferencia?

Todo esto nos resulta más misterioso después de conocer, como hemos sabido hace poco, que las dos familias que con distinto apellido hemos convivido bajo el techo de Usarraga Zaharra somos dos ramas surgidas del mismo árbol genealógico (ver el apartado "Los hombres y mujeres de Usarraga"). Siendo eso así, lo más lógico parece que las dos familias fuéramos conocidas con ese sobrenombre, pero no ha ocurrido así. A decir verdad, nadie ha sabido explicarnos la razón de esto y, por supuesto, yo tampoco puedo explicártelo.

De cualquier manera, cuando éramos jóvenes en nuestra casa se hablaba muy poco, por no decir nada, de política "delante de los niños". Yo creo que había dos grandes razones por las que vivían condicionados y que hacían que en casa no se hablará de política: por una parte, por que el trabajo que les suponía que sus hijos crecieran y se prepararan para hacer frente a la vida ocupaba de por sí el tiempo de plática y, por otra parte, por que siendo la época de la postguerra, les tocó vivir de lleno en la época del miedo.

Al cabo de los años comprendimos el significado de ese silencio. La pérdida de la vida cotidiana y el fantasma del miedo son hijos del mismo padre, hijos de la despreciable guerra. Son heridas que están ocultas pero que aún sangran y que en muchos casos sangrarán durante mucho tiempo. El dolor de lo ocurrido, al parecer, ahoga y acalla cualquier ánimo de comunicación, de tal manera que, mientras que nuestros padres seguían sin hablarnos del tema, recuerdo aquel día en el que en las calles de Bidania me enfadé con mis amigos de la escuela y con la intención de burlarme uno de ellos me llamó Diputaua.

No siendo todavía capaz de comprender ni la palabra ni su sentido, me sentí dolido, me dirigí a casa enfadado y conté que me habían llamado Diputaua. Todos enmudecieron por un momento, pero enseguida se me acercó nuestra difunta abuela y, poniéndome la mano en el hombro, me contó que hacía mucho tiempo la gente de la Provincia celebraba las Juntas en nuestro caserío y que era ésa la razón por la que a los de Usarraga nos llamaban Diputaunekuak. Me recomendó que no le diera mayor importancia.

Debo confesar que, a excepción de esos pequeños enfados provocados por la falta de conocimiento, ha sido un sobrenombre que hemos llevado bastante bien. Ejemplo de ello es lo que nos han sólido contar que hacía un tío nuestro que vivía en Lasarte. Cada vez que venía a Bidania y entraba en la taberna del concejo, la gente lo saludaba con los buenos días y poco más, como era normal. Entonces él simulaba enfadarse y solía decir: "Mutilak! Diputaua etorrita ere herri honetan ez al da inor mugitzen, ala?" (¡Qué pasa muchachos! Aquí ¿todo el mundo se queda impasible aunque venga el mismísimo diputado?). Mis dos hermanos que viven en Usarraga todavía son conocidos con este sobrenombre, especialmente el mayor que entre sus amigos y entre los que le rodean es conocido como Diputaua.

Por otra parte, he de reconocer que para los Usarraga que hemos llevado el sobrenombre de Diputaua es un honor tener en la familia a un Beloki que realmente ha convertido el sobrenombre en cargo. Me estoy refiriendo, precisamente, a José Ramón Beloki Gerra Diputado Foral de Economía, Industria y Turismo de la Diputación Foral de Gipuzkoa. Su padre es hijo de Usarraga y como nosotros ha sido Diputaunekua toda su vida. José Ramón Beloki me relató de esta manera su experiencia: "Cuando fui elegido diputado me dirigí a la tumba de mi padre y dije lo siguiente: lo que a ti te llamaron medio en broma, a mí me lo podrán llamar en serio. ¡Me han elegido Diputado, aita!".

9. Los hombres y mujeres de Usarraga

Información y datos: Tere Beloki

Notas:

* Los nombres y apellidos de las personas y los nombres de los caseríos que se citan y relacionan en este apartado han sido transcritos con la misma grafía con que aparecen en los documentos.

* En las listas de los nombres de los hijos hemos señalado en negrita los que fueron los mayorazgos de la siguiente generación.

Hoy en día son dos las familias que viven en el caserío Usarraga Zaharra, en aquel caserío en el que se reunieron durante el siglo XV las Juntas Particulares de Gipuzkoa: la familia Aburuza y la familia Beloki. En esta casa han habitado varias generaciones y al rendir este homenaje a la casa, hemos querido honrar también a los que en ella han vivido, para lo cual hemos tenido que investigar en diversos archivos, en busca de nuestros antepasados. En esta búsqueda, las menciones escritas más antiguas sobre las gentes de Usarraga las hemos encontrado en los mismos documentos de las Juntas Particulares. Por ejemplo en ésta:

"En Usarraga, dentro en la casa de Juan Ruyz, a diez e nueue dias de junio anno de mil e quatrocientos e ochenta annos..." (4)

El primer nombre y apellido que hemos encontrado de los Usarraga es el de Juan Ruyz. La cita anterior está extraída del acta de las Juntas Particulares del 19 y 20 de junio de 1480. En el documento de la Junta Particular celebrada el 10 de julio de 1461 en la iglesia de San Bartolomé de Bidania se menciona a Juan Ruyz de Leiçaran de Bidania (5). El escrito de la Junta que se celebró entre el 11 y el 13 de enero de 1474 decía lo siguiente:

"En tierra de Vidania dentro en la casa de Juan Ruyz de Leyçaran que es cerca de Usarraga..." (6)

Podemos pensar que todos estos documentos se refieren a la misma persona, que Juan Ruyz y Juan Ruyz de Leiçaran eran la misma persona, que era el propietario de Usarraga y que allí se celebraron durante los últimos años del siglo XV las Juntas Particulares.

Por otra parte, no hemos encontrado rastro alguno de los Usarraga del siglo XVI. Ya en esos años estaba muy extendida la actividad notarial en Gipuzkoa y eran muchos los escribanos que trabajaban por todo el territorio; sin embargo, parece ser que los habitantes de Usarraga no tuvieron necesidad de solicitar los servicios de éstos, aunque también es posible que los solicitasen pero, por unas razones u otras, no haya llegado hasta nuestras manos documento alguno.

Los primeros protocolos realizados ante notario que hemos encontrado, con menciones acerca de Usarraga y de su gente, datan de comienzos del siglo XVII. La mayor parte de la información la hemos encontrado en documentos relativos a un censo que tenía cierto parecido con los actuales préstamos. Las personas reflejadas en el censo habían tenido que hipotecar sus pertenencias y, de esa manera, hemos podido conocer quienes fueron los dueños de Usarraga entre el siglo XVII y el año 1863. Los datos posteriores a este año los hemos obtenido del registro de la propiedad de Azpeitia.

En Usarraga ha habido un único apellido casi hasta nuestros días. En un principio era CAMINOS, después paso a ser CAMINO, para terminar en CAMIO.

La primera referencia es de 1619: JOANES DE CAMINOS y su esposa MARIA DE IZAGUIRRE aparecen como dueños de la casa USARRAGA ALLENDE en las escrituras de un censo.

Según un documento perteneciente a un censo de 1666, MIGUEL DE CAMINO hipotecó la casa USARRAGA SUSO.

Estas son, concretamente, las raíces más antiguas del árbol genealógico de los Camio de Usarraga, tomando siempre como base los documentos de fe de bautismo de la iglesia de San Bartolomé de Bidania (estas certificaciones de fe de bautismo van desde 1620 hasta nuestros días). Joanes de Caminos y Maria de Ussarraga, son los padres de Miguel de Camino.

Joanes de Caminos y Maria de Ussarraga tuvieron cinco hijos:

Martin (13-09-1614)

Catalina (?-03-1617)

Miguel de Usarraga (14-04-1620)

Martin (16-06-1623)

Joannes (03-04-1626)

Con el paso de los años, tal y como vamos a ver, Camio fue el apellido de los Usarraga durante siglos, pero el primer Caminos llegó a Usarraga a principios del siglo XVII, cuando se casó con Maria, la hija de la casa Usarraga. Siguiendo la costumbre de aquella época, a la gente se le llamaba por el nombre de la casa, pero parece ser que era Izaguirre el apellido de los miembros de la casa, según el documento de ese censo de 1619.

A estas alturas, más de uno ya se habrá preguntado qué casas son ésas: Usarraga Allende, Usarraga Suso... ¿Y las que aparecerán más tarde: Usarraga, Usarraga Miguelena, Usarraga Maior y Usarraga Zarra?

Después de darle muchas vueltas a la cabeza y a más de un documento, estamos en disposición de decir que todos esos nombres se refieren a la misma casa. Usarraga es una casa cuya titularidad se transmite de padres a hijos, de generación en generación, aunque no se le llame de la misma manera en todas las generaciones. Y esa casa es la que hoy en día conocemos como Usarraga Zaharra. El hecho de que haya un Usarraga Zaharra (Usarraga Viejo) conlleva Usarraga Berria (Usarraga Nuevo). ¿Cuándo ocurrió eso? En los documentos de protocolos la primera mención de Usarraga Zaharra pertenece a 1747, en este documento aparece el nombre Usarraga Zarra. Podemos pensar, por lo tanto, que para entonces ya existía un Usarraga Berria. Seguramente, "la casa de Usarraga (suso) y la otra casa de Usarraga" que se mencionan en una lista de casas y caseríos de Bidania que recogía un documento sobre unos pagos a realizar por cada casa del pueblo (7), son las casas que nosotros conocemos como Usarraga Zaharra y Usarraga Berria.

El Usarraga Allende que se menciona en un documento relativo a Joanes de Caminos y Maria de Izaguirre, también nos da la idea de la existencia de otro Usarraga. Si Allende significaba que era aquél que estaba más lejano, debió existir otro más cercano. ¿Sería el actual Usarraga Berri el que estaba más cercano? Es parecida la pregunta que se hace Lukas Arizeta en su libro "Bidania" al mencionar un Usarraga Moza en 1574 (8). ¿Usarraga Moza sería Usarraga Berri?

Retomemos el hilo de los Camino de Usarraga. En 1666 aparece Miguel de Camino como propietario de Usarraga Suso, el cual contrajo matrimonio con Marina de Aranburu y tuvo cinco hijos:

Joxge (18-08-1662)

Martin (27-01-1666)

Josepha (?-03-1669)

Joan (18-04-1671)

Ignacio (30-07-1673)

Miguel de Camino dejó a su hijo mayor Joxge en herencia "Usarraga Allende con la de Saegi". Así dice el documento de fallecimiento de Miguel de 1694. Hay que señalar que Joxge de Camino también aparece como dueño de USARRAGA y Saegi a finales del siglo XVII. Por el contrario, a principios de siglo XVIII, en unos censos firmados en 1703 y en 1706 se menciona a Joxge y a suhijo Miguel como dueños de "USARRAGA MIGUELENA y su borda de Saegi". A partir de 1719, en cambio, Saegi aparece unido al nombre de Martin de Goikoa y, partir de la década de 1750, en manos de Martin de Loinaz y Joseph de Loinaz. Parece ser que los Camino utilizaron Saegi, mientras fue suyo, como borda. En esta época aparece un Usarraga más: USARRAGA MIGUELENA. Este nombre aparece escrito por primera vez en un documento del año 1703, a los nueve años de la muerte de Miguel de Camino o Miguel de Usarraga. Joxge y su hijo Miguel, a quien le pusieron el mismo nombre que a su abuelo, aparecen como dueños de Usarraga Miguelena la primera vez que se menciona este nombre.

Joxge de Camino contrajo matrimonio con Cathalina de Larrarte y tuvieron siete hijos:

Miguel (12-03-1683)

Joan (22-04-1685)

Francisco (25-02-1687)

Joseph (27-05-1689)

Martin (15-02-1693)

Philipe (16-03-1696)

Maria Ana (29-06-1699)

Miguel se hizo dueño de Usarraga y durante el tiempo de su posesión se mencionan tanto Usarraga Miguelena como Usarraga Maior o Usarraga, sin más. Por su parte, en el documento de fallecimiento se cita que enterraron a Miguel en 1754 en la tumba que la casa de Usarraga Zarra poseía en la iglesia de San Bartolomé de Bidania.

Este Miguel de Camino se casó con Maria Josepha Iraola y tuvieron nueve hijos:

Martin (07-09-1708)

Miguel (10-03-1710)

Ana Maria (?-03-1713)

Joseph Antonio (24-03-1715)

Joaquin (25-03-1718)

Pedro (24-09-1720)

Maria Magdalena (26-02-1723)

Miguel (30-09-1725)

Maria Josepha (20-04-1729)

Algunos años antes también se cita, USARRAGA ZARRA, concretamente en el documento del censo por el cual Martin el hijo de Miguel hipotecaba Usarraga Zarra. Martin había pedido anteriormente otros préstamos y pidió más con posterioridad y en unos casos aparecía como propietario de Usarraga Maior, en otros como propietario de Usarraga Miguelena y, alguna vez, como propietario de Usarraga.

A pesar de todo, este Martin no fue propietario de la totalidad de Usarraga, sino de la mitad. Así lo hemos podido saber por medio de los documentos del pleito que surgió a consecuencia de la petición que su hijo Miguel Antonio realizó en 1790 para ser miembro del concejo o "vecino concegil". Para ser miembro del concejo había que cumplir ciertos requisitos y según uno de éstos debía ser propietario de una casa con un sólo hogar. Miguel Antonio no lo era, tan sólo poseía en propiedad algo menos de la cuarta parte de la casa Zapatarietxe. Y según consta en esos documentos algunos ciudadanos confirmaron que a Martin, el padre de Miguel Antonio, también le impidieron ser miembro del concejo, porque era propietario de esa misma parte de la casa Zapaterietxe y de la mitad de Usarraga Zarra, pero nunca de una casa entera.

De esa manera hemos sabido que en tiempos de Martin de Camio Usarraga no tuvo, como había sucedido hasta entonces, un sólo propietario. La mitad era de Martin. ¿De quién era la otra mitad? No hemos encontrado mucha información, pero en un préstamo de 1761 consta que Martin y su hermano Joaquin hipotecaron Usarraga. Es posible, por lo tanto, que fuera Joaquin el propietario de la otra mitad.

Miremos a la siguiente generación. Martin de Camio se casó con Maria Ignacia de Garagarza y fueron padres de nueve hijos:

Jose Eugenio (22-05-1732)

Joseph Ignacio (15-03-1735)

Maria Antonia (06-04-1737)

Juan Ignacio (13-03-1740)

Juan Francisco (15-02-1743)

Miguel Antonio (29-09-1745)

Juan Joseph (18-03-1748)

Juan Francisco Ignacio (29-03-1751)

Maria Martina (11-09-1754)

El testamento que este matrimonio hizo el 10 de marzo de 1787 señalaba que a su muerte la mitad de la casa de Usarraga, que hasta entonces había sido de su propiedad, debía repartirse en dos partes iguales: la mitad para su hijo mayor Jose Eugenio y la otra mitad para Miguel Antonio. Aunque en un principio fuera así, posteriormente el hermano mayor se hizo propietario de Usarraga y Miguel Antonio de la casa Zapatarietxe (en su testamento Miguel Antonio aparece como propietario de esta casa).

Jose Eugenio de Camio contrajo matrimonio con Maria Magdalena de Pagola y tuvieron seis hijos:

Maria Ignacia Antonia (07-07-1777)

Juan Antonio (23-12-1778)

Miguel Antonio (13-03-1781)

Maria Antonia (04-05-1784)

Joan Joseph (20-04-1787)

Francisca Antonia (02-05-1792)

A pesar de no contar con documentos escritos que señalen como fue el paso de una generación a otra, observando las ramificaciones que en los siguientes años surgen en la genealogía de los Camio, podemos confirmar que fue Juan Antonio, el hijo de Jose Eugenio, el siguiente eslabón de la cadena de Usarraga. Este eslabón tuvo una gran trascendencia en la historia de los hombres y mujeres de Usarraga.

Juan Antonio contrajo dos veces matrimonio. Primero con Maria Fermina Ezeiza, el 2 de marzo de 1813, con la que tuvo siete hijos:

Joseph Ignacio (12-11-1813)

Juan Ignacio (10-06-1815)

Maria Bautista (10-11-1816)

Josepha Ignacia (05-12-1818)

Joseph María (15-06-1821)

Maria Magdalena (08-01-1823)

Josefa Antonia (31-03-1825)

Maria Fermina murió a la edad de 36 años (28-10-1825), dejando una familia muy joven. Al cabo de un año, el 11 de julio de 1826 Juan Antonio volvió a casarse. Esta vez con Maria Ignacia Antonia Iraola, con la que tuvo tres hijos:

Juan Jose (10-12-1827)

Juana Francisca (06-05-1830)

Manuela Josefa (11-03-1833)

El caso es que los Aburuza que actualmente habitan en Usarraga son descendientes de una hija fruto del primer matrimonio, Josepha Ignacia; y los Beloki somos descendientes de una hija fruto del segundo matrimonio, Juana Francisca.

Por lo visto en las ramificaciones del árbol genealógico, Josepha Ignacia, hija de Juan Antonio Camio y Maria Fermina Eceiza, se casó con Jose Maria Vidaurre de Billabona y tuvieron la siguiente familia:

Antonia Juana (18-01-1847)

Maria Bautista (21-02-1854)

Manuela Francisca (21-10-1857)

Por esta rama del árbol genealógico, el apellido Camio se perdió en esta generación y ni la madre ni el padre de la siguiente generación serán Camio.

Maria Bautista Vidaurre se casó con Ignacio Maria Rezola de la casa Sarobe de Bidania y tuvieron cuatro hijos:

Jose Manuel (13-05-1883)

Jose Maria (15-04-1885)

Juan Jose (16-01-1888)

Miguel Jose (29-10-1891)

Jose Manuel Rezola se casó con Ignacia Antonia Letamendia de Albiztur. Era conocida como "amona Juana" y este hecho tiene su explicación: en el ayuntamiento de Albiztur se registraron incorrectamente los nombres de un niño y una niña nacidos el mismo día; pusieron el nombre del niño a la niña y viceversa, por lo que el documento referente a Ignacia Antonia constaba como Juan Antonio. Es por eso que comenzaron a llamarle Juana. Le llamaron a filas y, evidentemente, no tuvo que ir, pero tampoco se corrigió el error en los documentos, hasta que los necesitó para contraer matrimonio. De todas maneras, su novio lo tenía muy claro: "mi novia siempre ha sido Juana y así será mi esposa". Es precisamente una hija de este matrimonio la actual señora de la casa de una de las partes de Usarraga Zaharra: Pascuala. Este matrimonio tuvo nueve hijos:

(+) Ignacia Maria (03-12-1913)

Maria Francisca (25-02-1915)

(+)Maria Hildegardes (18-09-1916)

(+)Francisco Maria (27-06-1918)

Pascuala (11-04-1922)

(+) Maria Candelaria (02-02-1924)

Francisco Liborio (22-07-1926)

Juan de Dios (09-03-1929)

Pedro (30-01-1933)

Pascuala Rezola se casó con Mauricio Aburuza de Asteasu y ésta es su familia:

(+) Jose Manuel (11-12-1941)

Jose Ignacio (29-06-1942)

Celestino (14-08-1944)

Mª Aranzazu (30-07-1946)

Mª Iciar (29-07-1948)

Ignacia (09-03-1950)

Joaquin (31-03-1953)

Lorenzo (08-02-1955)

Pedro Mª (09-03-1958)

La familia Aburuza construyó en 1977 una casa de dos plantas, "Gure Toki", en el terreno que está frente a la entrada de Usarraga. En la actualidad en ella viven Pascuala y Mauricio con Celestino, su hijo soltero, en una vivienda y Joxe (Jose Ignacio) con su mujer Lurdes Aseginola de Albiztur y el hijo de ambos, Xabier, en la otra vivienda. Xabier (24-11-1977) y sus tres hermanos mayores, Jose Manuel (06-05-1969), Agustin (06-06-1970) y Jesus Mª (19-06-1971) han nacido en Usarraga Zaharra. Actualmente los Aburuza usan Usarraga Zaharra para guardar el ganado.

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Retrocedamos unos años y centrémonos en la época de Juan Antonio Camio y Maria Ignacia Antonia, antecesores de los Beloki que actualmente viven en Usarraga. Tal y como hemos mencionado antes, los Beloki somos descendientes de Juana Francisca, la hija de ambos. Juana Francisca contrajo matrimonio con Manuel Maria Beloki de Beizama y tuvieron cinco hijos:

Manuela Francisca (19-12-1860)

Juan Bautista (12-07-1864)

Josefa Ignacia (03-07-1867)

Serafina (07-06-1870)

Juan Jose (26-10-1874)

Juan Bautista Beloki se casó con Josefa Ignacia Aizpuru de Urrestilla y fruto de este matrimonio nacieron nueve hijos:

Manuel (25-10-1895)

Juan Jose (03-11-1897)

Maria Francisca (30-01-1900)

Jose Miguel (22-07-1902)

Maria Feliciana (11-08-1904)

Nicasio (12-12-1906)

Antonio (01-11-1909)

Juan Cruz (08-03-1912)

Tomas (30-05-1916)

Manuel contrajo matrimonio con Luisa Iraola de Bidania y tuvieron diez hijos:

Joakina (05-02-1929)

Jose Maria (01-04-1930)

Felipa (25-05-1931)

Maria Isabel (30-10-1932)

Francisco (15-08-1934)

Jesusa (06-01-1936)

Agustin (28-08-1937)

Lourdes (02-06-1939)

Tomas (08-12-1941)

Antonio (28-04-1946)

Jose Mari el hermano mayor, soltero, y Antonio el menor de los hermanos y su mujer Axun Dorronsoro de Baliarrain y los tres hijos de ambos, Andoni (03-11-1976), Eneko (05-06-1979) y Jasone (21-06-1988) viven actualmente en Usarraga Zaharra, en la parte de los Beloki, por supuesto.

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Estos han sido y son los habitantes de las dos partes de Usarraga Zaharra, pero los Aburuza y los Beloki que son actualmente propietarios de Usarraga Zaharra han tomado recientemente conciencia de la casa, por decirlo de alguna manera. Los matrimonios formados por Mauricio Aburuza y Pascuala Rezola y por Manuel Beloki y Luisa Iraola compraron en 1948 la casa a los hermanos Filomena y Alejandro Camio Aizpuru, la primera vivía en Madrid y estaba casada con Domingo Miranda, y el segundo vivía en Billabona y en el momento de la compraventa era viudo.

Si volvemos a retroceder en el tiempo nos vamos a encontrar con otra ramificación del árbol genealógico de los Camio. Remontémonos hasta los tiempos de la familia formada por Juan Antonio Camio y Maria Fermina Eceiza, nos situamos en la primera cuarta parte del siglo XVIII. Ya hemos visto que los actuales Aburuza son descendientes de una hija de ambos. Fueron, precisamente, los descendientes de otro hijo de Juan Antonio Camio y Maria Fermina, Jose Maria, los que vendieron Usarraga Zaharra a los Beloki y a los Aburuza, los hermanos Filomena y Alejandro Camio.

Jose Maria Camio contrajo matrimonio con Josefa Antonia Arregui de Amasa-Billabona y fruto de ese matrimonio nacieron:

Micaela Antonia (29-04-1842)

Ignacio Maria (06-04-1844)

Manuela Ignacia (09-10-1846)

Miguel Ignacio (11-02-1849)

Josefa Martina (17-09-1850)

Ignacio Maria se casó con Maria Josefa Aizpuru de Amasa-Billabona y fueron sus hijos Filomena y Alejandro los que vendieron Usarraga Zaharra a los Aburuza y a los Beloki. Aún y todo, fueron más hermanos:

Josefa Gabriela (19-03-1871)

Manuela Josefa Adelaida (16-12-1872)

Presentacion Rufa (16-11-1875)

Juan Cruz (07-10-1878)

Alejandro (09-07-1881)

Flora (04-01-1884)

Candido Maximino (03-10-1885)

Roman Lazaro (28-02-1889)

Filomena (05-07-1891)

Por lo tanto, los dueños de la casa y los que fueron arrendatarios somos todos de la misma sangre y desde la época en la que dejaron de celebrarse las Juntas Particulares en Usarraga hasta el presente, es decir desde finales del siglo XVI (no hay datos anteriores) hasta hoy en día, han vivido en Usarraga diferentes ramas del mismo árbol genealógico.

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A partir del siglo XXI serán los Aburuza y los Beloki los que ocupen Usarraga Zaharra, pero en este viaje a través de la historia que hemos hecho ha quedado claro que Usarraga ha sido de los Camio durante siglos, a veces Usarraga Allende, otras veces Suso, Miguelena, Maior y, desde hace ya algún tiempo, Usarraga Zaharra.

Estando Bidania situada en el centro geográfico de Gipuzkoa, a Bidania llegaban caminos de todos los rincones de Gipuzkoa y ésa es la razón por la que eligieron este pueblo para celebrar las Juntas Particulares y, como todos sabemos ya, dentro de Bidania eligieron el lugar de Usarraga para ese menester.

El que los de Usarraga durante siglos hayan tenido un apellido tan unido a los caminos, nos hace pensar que los que han vivido en la casa han querido mantener el apellido y dar continuidad de esa manera a ese honor que les ha ofrecido la historia. En ese sentido, los que actualmente habitamos en Usarraga tampoco tenemos tan lejos el apellido Camio.

10. Bibliografía

(1) MUJIKA, Luismari. Euskal toponimiazko materialeak. Edit. Gipuzkoako Foru Aldundia, 1989.

(2) ORELLA UNZUE, Jose Luis. Cartulario Real de Enrique IV a la provincia de Guipúzcoa (1454-1474). Edit. Eusko Ikaskuntza, 1983. Documento 37, p.113.

(3) LIBRO DE LOS BOLLONES. Título XXXII, p.387-388. Edit. Diputación Foral de Guipúzcoa, 1995.

(4) Colección Documental del Archivo Municipal de Hondarribia. Tomo II. (1480-1498) . Edit. Eusko Ikaskuntza , 1995. Documento 4, p.16.

(5) Colección Documental del Archivo Municipal de Mondragón. Tomo III. (1451-1470). Edit. Eusko Ikaskuntza, 1996. Documento 186, p.318.

(6) GUERRA, Juan Carlos. "A propósito de las Juntas Generales de Guipúzcoa". RIEV. Tomo XXV nº 4, p.640-665. Diputación Foral de Guipúzcoa. Donostia, Octubre-Diciembre 1934.

(7) Libro de protocolos de las escrituras notariales otorgadas en Bidania por Antonio de Goenaga. p. 34-36 / 240-242. Archivo Municipal de Bidegoyan.

(8) ELUSTONDO, A. y ARICETA, L. Bidania. Edit. Fundación Kutxa. Donostia, 1993.