Infancia y Juventud como realidades dinámicas y plurales.

No existen la infancia y la juventud, existen las/los niñas/os y las/os jóvenes. La infancia y la juventud, independientemente del debate de si se tratan de conceptos sociológicos o de etapas evolutivas con características diferenciales, son plurales y dinámicas. Los comportamientos de los/as niños/as y jóvenes son diferentes y evolucionan. Esto exige el desarrollo de programas diferenciados y flexibles, así como la organización de los servicios dirigidos a los/as jóvenes en base a itinerarios diferenciados de emancipación o inserción.

Integralidad y Transversalidad.

El concepto de emancipación y socialización desde los que se trabajan exigen realizar un trabajo integral, más allá del empleo, la educación, la cultura, la vivienda, ..., y transversal . La Política juvenil, con mayúsculas, no debiera ser nunca una mera suma de programas de intervención (políticas de acción), ni mucho menos de equipamientos/servicios (dispositivos de gestión).

El trabajo transversal, entre departamentos de la administración foral y entre sistemas de atención a nivel local, viene exigido por el objeto del Servicio. La transversalidad no afecta sólo al trabajo interdepartamental sino también a la propia gestión del Servicio (implantación de planes y programas transversales que requieren la cooperación entre profesionales del Servicio).

Inclusión, cohesión social y pluralidad.

La finalidad de favorecer la emancipación y por tanto la integración o inclusión social y la socialización positiva de los/as jóvenes forma parte de la misión del Servicio e implica el desarrollo de experiencias que permitan tanto la participación activa de los/as jóvenes como la eliminación de barreras de acceso a la cultura, la educación, la salud, la información, el empleo, la vivienda, ...

Los objetivos de inclusión y cohesión social y el desarrollo de una sociedad plural implican promover intervenciones interculturales así como desarrollar proyectos en clave intergeneracional que favorezcan el diálogo y la acción conjunta. No se trata sólo de desarrollar proyectos para y con los/as jóvenes. Y suponen, la adopción de tres líneas de trabajo transversales que configuran todas las actuaciones promovidas por el Servicio: jóvenes desfavorecidos, género y cultura de Euskal Herria.

Proceso educativo.

Trabajar sobre procesos educativos, evitando caer en la mera prestación de servicios o desarrollo de actividades, implica adoptar una perspectiva de trabajo a medio-largo plazo, y desarrollar un continuo de atención y una atención global e individualizada desde una oferta de servicios de carácter permanente. Supone, así mismo, conceder especial importancia a los agentes educativos, a la relación educativa no formal y a la educación como proceso continuo (educación a lo largo de la vida, continuidad de los procesos formativos tras un primer acceso al empleo con jóvenes desfavorecidos/as, ...).

Desde el marco de trabajo del Servicio de Juventud se pretende desarrollar ofertas que tengan un carácter educativo en ámbitos no formales, orientadas por tanto a favorecer el proceso de crecimiento personal en cooperación con otros agentes educativos (familia, escuela, ...).

Creación cultural.

El desarrollo de programas de difusión, promoción y creación cultural conecta con la finalidad del Servicio no sólo porque constituye una de las vías fundamentales de expresión de los/as jóvenes, sino porque la producción cultural es el resultado de los procesos de reproducción o génesis cultural y una de las vías fundamentales de transformación social.

La socialización presenta una doble vertiente como enculturación, participación en el marco cultural dominante, y génesis cultural, debiendo implicar también contar con oportunidades para su transformación. El desarrollo de programas de difusión, promoción y creación cultural conecta por tanto con la participación de las personas jóvenes, más allá del consumo cultural, en un aspecto tan significativo de la construcción de lo social como es la cultura.

Ciudadanía activa y madurez de la sociedad civil.


La participación de los/as ciudadanos/as en la gestión y los ámbitos de interés y responsabilidad pública es una condición para la profundización en la democracia. Se trata de pasar así de la ciudadanía representativa a la ciudadanía participativa, activa. La participación y la subsidiariedad se entienden así, desde un principio de responsabilidad pública y de profundización democrática, como la garantía de que todos los agentes sociales, sean de iniciativa pública, asociativa o privada, pueden colaborar en todas las fases de la gestión pública, y exige a las administraciones facilitar los medios y recursos necesarios para que las/os jóvenes, las asociaciones, ..., puedan expresar su voz.

La participación en la gestión pública implica al menos la transparencia de la gestión, la información clara respecto a qué se hace, para quién, porqué y cuáles son los criterios de asignación del presupuesto. Si lo que se pretende como Servicio es además articular una red coherente e integral de atención a la infancia y juventud, la transparencia de las políticas respecto a las entidades que constituyen la red se encuentra doblemente justificada.

Además, la promoción del asociacionismo es un objetivo en sí mismo de una política coherente de juventud. La inserción social y la emancipación son también participación.

Por lo que respecta al proceso de crecimiento de los/as niños/as y de emancipación de los/as jóvenes se trata de educar a éstos/as en actitudes y comportamientos de ciudadanía activa, por ejemplo mediante el desarrollo de la participación de los/as jóvenes en la construcción de lo local a través de proyectos –para algunos/as puede ser además la única o una de las pocas vías de adquisición de competencias–, o el desarrollo de proyectos autogestionados en el ámbito del ocio y tiempo libre, cultural, ... (iniciativas juveniles).

Finalmente, trabajar desde la participación implica desarrollar metodologías participativas, impulsar la animación sociocultural como estrategia de intervención, adquirir competencias para promover la participación por parte de las/os profesionales del Servicio y desarrollar de manera participada la gestión del Servicio (visión de conjunto compartida, planificación participada, ...).

Responsabilidad Pública y Acción Subsidiaria del Servicio de Juventud respecto a las redes locales.

Se entiende el papel del Servicio de Juventud en la prestación de servicios como subsidiario de las redes locales. El liderazgo del Servicio debe traducirse precisamente en la capacidad de estimular y apoyar la autonomía local y de la sociedad civil. El principio de subsidiariedad se aplica tanto a la delimitación entre la esfera privada y la del Estado, entendido en el sentido amplio del término, como al reparto de tareas entre los diferentes niveles del poder político.

La subsidiariedad comprende dos aspectos indisolubles: a) el derecho de todos/as y cada uno/a a ejercer sus responsabilidades allí donde mejor pueda cumplirlas; b) el deber de los poderes públicos de dar a cada uno/a los medios de realizarse plenamente. La subsidiariedad no puede suponer en ningún caso una vía para justificar la desresponsabilización del Estado.

Las intervenciones educativas con niños/as y jóvenes son cruciales desde el punto de vista del desarrollo social y debe existir, por tanto, una intervención reguladora por parte de las administraciones públicas, de control y promoción del carácter educativo de las ofertas desarrolladas por la iniciativa privada lucrativa, los medios de comunicación social, las organizaciones no lucrativas o los/as propios/as jóvenes. Las administraciones públicas debieran garantizar la existencia de, entre otros servicios, una oferta educativa no formal y por tanto continuada, individualizada, global, ... de la que el mercado no parece que vaya a hacerse cargo.

El Servicio de Juventud apuesta para la prestación de servicios socioeducativos y socioculturales de responsabilidad pública por la promoción de entidades de iniciativa social caracterizadas por la ausencia de ánimo de lucro, la reinversión del beneficio en el servicio, la conexión con el territorio, la integración de diversos agentes de acción, la participación de las/os trabajadoras/es en la dirección, la promoción de la mujer, la creación de empleo, el cuidado del medio ambiente, ...

Orientación local.

La finalidad de diseñar y desarrollar una red de atención a la infancia y juventud implica estructurar ésta a nivel local considerando que la mayor parte de los servicios que integran la red son y deben ser prestados a nivel local (educación formal y no formal, cultura, salud, ..., e incluso el acceso al empleo o la vivienda). Las redes locales propias deben articularse, desde el principio de responsabilidad pública que se acaba de afirmar, sobre los ayuntamientos u otros entes locales de carácter público.

Lo local no siempre coincidirá con el municipio. Lo local no es un mero límite geográfico que se ajuste a las divisiones administrativas, dependerá de los problemas a abordar, los actores, ..., y exigirá ser abiertas/os y creativas/os a la hora de encontrar soluciones a los problemas administrativos que se pueden generar cuando no existe una coincidencia entre las divisiones administrativas y la realidad.

Al menos aparecen otros dos núcleos territoriales de importancia: el barrio/distrito y la comarca.

Planificación.

La planificación del Servicio viene doblemente exigida por la finalidad de configurar una red coherente e integral de servicios, además de por la complejidad de la realidad, el trabajo integral, participativo y transversal, el desarrollo de acciones a medio-largo plazo, la heterogeneidad de los colectivos atendidos, ...

El esfuerzo de planificación realizado por el Servicio se traduce en el diseño, puesta en marcha y evaluación de los planes estratégico y de gestión, y su despliegue en planes transversales (plan de desarrollo de redes locales, planes de infancia, adolescencia y juventud en su momento) y de gestión, las acciones de investigación desarrolladas (observatorio) y la disposición de un sistema de información sobre la juventud guipuzcoana, sus necesidades y los recursos de las redes actualizado permanentemente, así como por el desarrollo progresivo de una cultura de la evaluación en los servicios propios y concertados.

Gestión avanzada.

El carácter del Servicio, como agencia especializada, y la finalidad de promover entidades y redes desarrollando su capacidad de gestión exige la puesta en marcha de herramientas y sistemas de gestión avanzada: Gestión del aprendizaje en el marco del Servicio y de la Red. Gestión de la estructuración del propio Servicio y de la Red, desde principios de flexibilidad organizativa. Gestión del intercambio en atención a la gran cantidad de agentes implicados/as. Así como la intervención por planes y programas de carácter transversal.