cuando el dolor ajeno nos duele  
  
    Curar y atender no es lo mismo. La burguesía triunfante vive confortablemente; las clases populares trabajan duro ya no sufren hambrunas. El sufrimiento ya no parece inherente a la vida; si no se puede evitar, al menos se puede paliar. La guerra no se cuestiona, pero ha de procurarse que sus efectos se limiten a lo imprescindible. La vida es un bien demasiado precioso como para desperdiciarlo.
Así murió el coronel Alonso. Museo Zumalakarregi. Ormaiztegi. Gipuzkoa
   
   
Field Hospital. Museo Zumalakarregi. Ormaiztegi. Gipuzkoa
    La atención a enfermos y heridos pasa de ser marginal a prioritaria, no sólo por los adelantos técnicos, sino porque los medios de comunicación informan a la opinión pública de las inhumanas condiciones de los hospitales.
   
   
   
    Se da el salto cualitativo. No basta con salvar la vida de los propios heridos. También el enemigo es un ser humano, y desde el momento en que no puede combatir, merece el mismo trato. Para eso hace falta una institución neutral respetada por las potencias en liza. Tras el respeto a los heridos vendrá el de los presos, y luego el de los afectados por catástrofes no bélicas, y los civiles, los desplazados, los refugiados... las soluciones siempre van detrás de los problemas.
Conducción de un herido. Museo Zumalakarregi. Ormaiztegi. Gipuzkoa
   
   
   
La charité  sur les champs de bataille.  Comité International de la Croix-Rouge. Mediateka. Geneva
    La intervención pacificadora de otros estados está condicionada en gran medida a los intereses geoestratégicos y económicos. La siderurgia británica estaba muy interesada en las minas de Bilbao, y su explotación comenzó a gran escala tras la guerra.
   
  
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