
A comienzos de marzo de 1937 las fuerzas navales rebeldes se hallaban desplegadas por todo el Cantábrico, bloqueando la costa, con el fin de interceptar la prevista llegada a puertos republicanos de dos mercantes vascos. Uno era el Mar Cantábrico que venía de Veracruz (México) con un importante cargamento de armas. El otro era el Galdames que iba a salir de Bayona para Bilbao con 173 pasajeros, tres toneladas de monedas de níquel acuñadas en Bélgica para el Gobierno Vasco y carga general.
Efectivamente, en las últimas horas del día
4 de marzo zarpó de Bayona el Galdames (capitán
Hilario Urriz). Poco después se encontró con cuatro bous
de la Marina de Guerra de Euzkadi que habían salido de Bilbao para
darle escolta: el Gipuzkoa (comandante
Manuel Galdós),
Nabarra (comandante
Enrique Moreno), Bizkaya (comandante
Alejo Bilbao) y Donostia (comandante
Francisco Elortegi). Mientras tanto, de El Ferrol había salido
el crucero
Canarias (capitán de navío Salvador
Moreno) –el buque más potente de la Marina Nacional-, con el fin
de impedir la entrada en puerto de cualquiera de los dos mercantes esperados.

Debido al mal tiempo reinante y a que los buques iban
con las luces apagadas y la radio en silencio, el Gipuzkoa
y el Bizkaya perdieron el contacto con el resto del grupo.
Al amanecer del 5 de marzo, cuando ambos buques trataban de localizar de
nuevo al convoy se toparon inesperadamente con el Canarias
a unas 20 millas al Norte del Abra bilbaina. El Canarias
avistó sólo al Gipuzkoa que venía de
la parte de Santoña y abrió fuego contra él. A los
pocos minutos una salva del Canarias le desmontó el
cañón de popa y otra provocó un incendio en el puente;
5 tripulantes resultaron muertos y 12 más heridos. El Gipuzkoa
contestó al fuego y alcanzó a su vez al Canarias
produciéndole un muerto y un herido (las primeras bajas de la campaña).
Persiguiendo al Gipuzkoa, el Canarias se colocó
al alcance de las baterías costeras de Punta Galea y Punta Lucero
que empezaron a disparar para ayudar al bou. Enseguida, el crucero rebelde
hizo rumbo Norte y se retiró y el Gipuzkoa, seriamente
averiado, pudo entrar en Portugalete.
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Entretanto, el Bizkaya se había topado cerca de Machichaco con un misterioso mercante de bandera estoniana que había apresado el Canarias poco antes del combate. Resultó ser el Yorkbrook que transportaba armas para los republicanos. Inmediatamente el Bizkaya, aprovechando que el Canarias se hallaba ocupado con el Gipuzkoa, le condujo a Bermeo, recuperándo así el buque y el armamento.
Al resto del convoy se habían unido ahora los pesqueros
Pantzeska
y Joseba Mikel, que regresaban de sus faenas. Desconociendo
lo ocurrido, al poco rato se topó el convoy con el Canarias.
Primero abrió fuego contra el Galdames, causando la
muerte a cuatro pasajeros por lo que el mercante izó bandera blanca
y paró las máquinas. Disparó luego contra el Donostia,
que se alejó, y finalmente contra el Nabarra. El comandante
del Nabarra, a pesar de la desigualdad de fuerzas, decidió
presentar batalla al crucero y hundirse combatiendo antes que rendir su
barco. El Pantzeska y el Joseba Mikel aprovecharon
este momento para ponerse a salvo.
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Durante más de hora y media el Nabarra sostuvo combate con el Canarias, hasta que un disparo del crucero le alcanzó directamente en las calderas. El Nabarra quedó sin propulsión y tuvo que ser abandonado. El comandante y varios tripulantes más prefirieron quedarse a bordo y hundirse con el barco. Sólo 20 de sus 49 tripulantes lograron alcanzar los botes salvavidas, siendo recogidos luego por el Canarias. El Donostia, que había permanecido al margen por el escaso alcance de su artillería, puso entonces rumbo a Francia. El Canarias ordenó después al Galdames dirigirse a Pasajes, donde un pasajero se tiró al agua intentando huir pero fue muerto a tiros. Días más tarde, el 8 de marzo, el Canarias apresaba también al Mar Cantábrico.
Los supervivientes del Nabarra que fueron hechos prisioneros por el Canarias, fueron juzgados unos meses después y condenados a muerte pero la intercesión directa ante el general Franco del comandante y del director de tiro del Canarias hicieron que se les indultara y se les pusiera en libertad en reconocimiento a su valentía. No tuvieron la misma suerte la tripulación y pasajeros del Galdames que hubieron de sufrir largas condenas de prisión y alguno fue fusilado, como es el caso del representante de la Generalitat de Cataluña en Euzkadi, Manuel Carrasco Formigueira, que viajaba con su familia en el mercante.
Pero esta derrota militar se convirtió a ojos de
la población en una victoria moral. La prensa no ocultó detalles
del suceso, lo que sirvió para convertir el combate de los bous
contra el Canarias en una gesta épica. Se realizaron
actos a favor de los marinos fallecidos e incluso el Aberri Eguna de ese
año se celebró como un homenaje al Marino Vasco. La Marina
de Euzkadi que, por su constante actividad, había conseguido hasta
ahora entre los pescadores y los marinos mercantes el reconocimiento de
su eficacia, se labraba así una aureola de valor y tenacidad ante
el conjunto de la población. En memoria de los caídos este
día, el Gobierno Vasco en el exilio instituiría en 1978 el
«Itsas Gudarien Eguna» que suele celebrarse en Bermeo
el primer domingo del mes de marzo.
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