![]() |
|
El hombre medio"Es estúpido decir que la mayoría de la gente es estúpida". (CHESTERTON).Suele hablarse con frecuencia del "hombre medio", el "español medio", el "francés medio", atribuyéndoles determinadas cualidades y fundando toda suerte de previsiones y de cálculos sobre su modo de ser y de proceder. Cabe preguntarse acerca de esta categoría del ser: el ser del "hombre medio". ¿Qué es, en definitiva, el hombre medio? Empecemos por decir que el hombre medio no existe. Nadie es "hombre medio". Nadie puede serlo ni lo será jamás. Se trata de un simple ente de razón, un producto de la abstracción, incapaz de existencia, como lo son el punto geométrico y la línea recta. Puestos a definir al hombre medio, diríamos que es un ser estadístico al que se atribuye un comportamiento humano que responde exactamente a las medias sociológicas y a los índices más frecuentes de una colectividad humana determinada. Tiene justamente las dimensiones tipo, atribuibles al grupo humano al
que pertenece. No es, por tanto, ni más alto ni más bajo, ni más gordo
ni más flaco, más pálido o más rubicundo que el común de sus prójimos.
No habla sino tópicos y lugares comunes. Es un hombre bastante ordenado,
aunque no en exceso, por aquello de "nihil nimis", "de nada demasiado".
No es demasiado malo ni demasiado bueno. No es héroe ni traidor. No es
santo ni apóstata. No es hereje, a menos que no lo sean la mayoría de sus
conciudadanos.
Aunque no existe, es un hombre muy importante porque todo se hace en la sociedad en atención a sus gustos y a sus necesidades: los transportes, las horas de los espectáculos, los servicios públicos, el comercio, la propaganda... Todas estas y otras muchas cosas son, en efecto, concebidas y calculadas en función del hombre medio. Del hombre medio puede pensarse muy diversamente: lo mismo cabe considerarle como un individuo muy juicioso y cabal, un hombre sensato, "que no da guerra", como un imbécil, un completo idiota, carente de toda personalidad. Yo me inclino de preferencia por esta segunda hipótesis. Afortunadamente, el hombre medio no existe. Sería horrible ser hombre
medio. Se moriría uno de hastío y de asco de sí mismo.
Podrá mi opinión parecer aventurada, pero yo pienso que, si para que haya héroes y santos, tienen que existir traidores y demonios, "oportet haeresses esse". Mejor es que los haya. |
|
![]() |
![]() |