«Sin el laicado la Iglesia se convertiría en una realidad inacabada
o amputada.»
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La Semana Teológica de Madrid estudiará la "Teología del Laicado"
Las próximas conversaciones de San Sebastián van a ocuparse, en la primera
quincena de septiembre, de un tema de mucha actualidad: "La misión de los
seglares en la Iglesia". Unos días más tarde la Semana teológica madrileña
fijará su atención sobre la "Teología del Laicado". Esta feliz coincidencia
ha de permitir que pensadores eclesiásticos y laicos aunen sus esfuerzos
en torno a una preocupación común, que tiene además una importancia vital
para la Iglesia de nuestro tiempo. No se trata tanto de plantear el problema
del apostolado seglar (la Acción Católica, la participación de los seglares
en el apostolado jerárquico), como de analizar el modo específico de estar
y de actuar los laicos en la Iglesia.
La conciencia eclesial de los cristianos, es decir, la conciencia de
su inserción activa a la Iglesia, había estado, por desgracia, bastante
oscurecida los últimos siglos. Ahora va despertándose lentamente en todas
partes y este movimiento se traduce en una incorporación cada vez más dinámica
de los católicos a la actividad litúrgica y apostólica de la Iglesia y,
en suma, en una intensificación de la vida cristiana en las almas y en
los pueblos.
Los seglares estábamos quizás demasiado acostumbrados a la idea de
una adscripción puramente pasiva y receptiva a la Iglesia. La idea de que
también a nosotros los laicos nos correspondiese un quehacer o una función
en el seno de ella, hubiese parecido a la mayor parte de los católicos
de hace cincuenta años casi escandalosa.
La frase, un tanto irreverente, del filósofo francés Edmundo le Roy
"los simples fieles no tienen otro papel que el de los carneros de la Candelaria:
se les bendice y se les esquila", revela un estado de opinión inaceptable
del que los anticlericales se han aprovechado en muchas ocasiones para
atacar a la Iglesia.
El cardenal Gasquet, a principios de siglo, contaba una anécdota, que
el padre Congar recoge en su nuevo libro sobre la "Teología del laicado".
Preguntaba un catecúmeno a un sacerdote católico cuál era la posición del
laico en su Iglesia. "La posición del laico —contestó el sacerdote— en
nuestra Iglesia es doble: ante el altar se ponde de rodillas, es su primera
posición; frente al púlpito, se sienta; es su segunda posición". El cardenal
añade, con su fino humor británico: Se olvidaba de una tercera: "Echar
la mano al portamonedas".
Un movimiento de renovación
No hace falta decir que el debate se plantea ahora a una altura infinitamente
mayor y que el anticlericalismo clásico, nada tiene que ver con el movimiento
de renovación que se está produciendo, gracias a Dios, en todas partes.
Son los propios teólogos los que se afrontan el tema en el plano teológico
y tratan de apoyarse en el estado actual de los conocimientos eclesiológicos
para discernir los caracteres específicos del laicado, de la santa plebe
de Dios, dentro del Cuerpo místico de Cristo.
A este respecto hay que señalar el importante libro antes citado que
ha aparecido, o está a punto de aparecer cuando escribo estas líneas, en
las librerías francesas bajo el título "Jalons pour une theologie du laicat".
Tanto por el gran acopio de materiales como por las sólidas y profundas
reflexiones que contiene, la obra del padre Congar constituye, sin duda,
la investigación más completa que hasta ahora se ha llevado a cabo sobre
el tema que nos ocupa. En lo sucesivo, este trabajo será uno de los puntos
fundamentales de referencia sobre la materia.
Todo el esfuerzo del insigne dominico tiende en esta obra, a establecer
las bases para una caracterización positiva del laicado dentro del Cuerpo
místico de Cristo y para superar el punto de vista puramente negativo,
desde el cual se consideraba frecuentemente hasta ahora a los seglares.
En una perspectiva estrictamente jurídica, el laico sería, en efecto, el
simple fiel que no ha recibido potestad ni participación alguna en el poder
eclesiástico, ni de jurisdicción ni de orden.
Pero es evidente que esta definición, de alcance exclusivamente canónico,
nada revela sobre los aspectos que nos interesan, y especialmente sobre
la parte correspondiente al laicado en la misión que la Iglesia está llamada
a desempeñar en el mundo.
Los laicos comienzan a sentirse Iglesia
Los seglares que hoy comienzan a sentirse Iglesia y que desean vivamente
"eclesializar" su propia actividad profana en el mundo, no querían, sin
embargo, "eclericalizar" esa misma acción o ser tenidos por eclesiásticos
de segunda o por monjes fracasados. Desearían a toda costa, como es natural,
mantener plenamente su personalidad y su vocación mundanas. Si lo característico
del monje y del sacerdote consiste en trabajar directa y esclusivamente
por la propagación del reino de Dios, por medios tipicamente eclesiásticos
y espirituales —en la administración de los sacramentos, la plegaria litúrgica,
la práctica de los consejos evangélicos en la soledad del claustro—, nuestro
papel de seglares debe consistir en interesarnos por las cosas profanas
realizando por medio de ellas ese mismo trabajo, pero sin abandonar en
ningún aspecto el dominio de la vida humana ordinaria, el de los simples
cristianos no especialmente consagrados al servicio divino.
Campo de acción del seglar
Nuestro campo natural es la profesión, la ciencia, el arte, la política,
la industria, el comercio, la economía. Toda veleidad que nos invitase
a apartarnos de él para lanzarnos a un simulacro clerical, sería absurda
y en cierto modo ridícula. Constituiría además una deserción, pues la Iglesia,
el Cuerpo místico de Cristo, debe penetrar en todos los dominios de la
vida humana, y esta penetración en la vida ha de ser llevada a cabo vitalmente
—no sólo pensada o sistematizada—. Puede decirse, pues, que el seglar que
se entrega al cumplimiento de su deber profesional en el mundo no abandona
el ámbito de la Iglesia, ya que él mismo es eclesióforo. Sin el laicado
la Iglesia se convertiría en una realidad inacabada o amputada.
Nuestra misión eclesial es una misión mundana, y al realizarse no dejamos
de participar plenamente en la triple realidad de Cristo: Rey, Sacerdote
y Profeta.
Ahora bien: el carácter real sacerdotal y pro[...] puede manifes [...] |
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1953/08/18 |
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Ya |
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