«a San Sebastián le falta el alma, ni más ni menos que el alma..»
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¿Qué le falta a San Sebastián?
¿Que qué le falta a San Sebastián? Lo que yo pienso es que a San Sebastián
le falta el alma, ni más ni menos que el alma... A mí se me imagina que
se quedó sin ella, que se le ha volado a los cielos.
(Claro está que esa frase debería explicarse, pero para ello necesitaríamos
varias columnas y no nos dejarían, seguramente. Además es probable que
terminásemos no entendiéndonos. De modo que renuncio a las aclaraciones
y que cada cual la interprete como mejor le cuadre).
Devolver a San Sebastián el alma que se le fué, ya no es posible: habrá
que esperar a que le nazca una nueva. Pero las almas de las ciudades no
brotan así como así, ni se engendran de cualquier manera: hace falta calor
y amor —mucho de estas cosas— y tiempo, ¡sobre todo tiempo!, que es factor
vital en todas las cuestiones de la generación, porque a la Naturaleza
no se la puede forzar, ella sigue siempre su paso y su ritmo imperturbable.
Y la Historia es, en esto, como la Naturaleza.
Como al hombre de la plaza de Berkeley a muchos donostiarras nos ocurre
que estamos enamorados de una beldad difunta. En cuanto a la que ha de
nacer, ¿cómo vamos a amarla si no la conocemos todavía? Así que, ya sabemos
lo que hay que hacer. Procurar que a San Sebastián le brote un alma cuanto
antes. Sólo temo que a los donostiarras de hoy ya no nos quede tiempo para
enamorarnos de ella. |
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1952/05/01 |
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La Voz de España |
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