Karlos Santamaria
H. 200 E. — Vd. fue animador de las Conversaciones Católicas Internacionales
que se celebraron en tiempo de la República y más tarde en la dictadura
de Franco. ¿Qué significado tuvieron y cómo se explica que a partir del
45 pudieran volverse a celebrar?
KARLOS S. — Aquella era una época muy distinta a ésta, no solamente
en el Estado Español, sino en todas partes. Era elperíodo pre-Conciliar
y la Iglesia estaba en una actitud muy diferente. Hablar de libertad religiosa,
por ejemplo, era prácticamente una herejía. Y una de nuestras finalidades
era ir abriendo brecha en este campo. Nosotros traíamos a una serie de
pensadores que entonces resultaban avanzados. Era la gente lanzada de aquel
tiempo. Fue entonces cuando se dió la crisis de los dominicos franceses,
el problema de los sacerdotes obreros, etc.
Es complicado y difícil de explicar. Evidentemente en el año 46 el régimen
franquista estaba completamente aislado del mundo exterior, no tenía embajadores
y tenía que buscar los medios de contacto con el mundo. Desde este punto
de vista y aunque nuestras ideas no le gustasen nada al Gobierno de Franco,
éste tenía que transigir con ellas para dar una buena imagen en el exterior.
había aquí una grieta que podía utilizarse en favor de la idea democrática
y contra la dictadura. Pero era necesario proceder con mucho cuidado. Pensamos
entonces en resucitar las Conversaciones Internacionales de San Sebastián
que se habían iniciado en 1935, en la República y cuya segunda edición
debía haberse celebrado en julio del 36, pero vino la sublevación armada
y entramos en la gran tiniebla. Por cierto que en el año 35 habían venido
a Donostia tipos muy interesantes y, entre ellos, el que luego había de
ser líder de la democracia italiana Amintore Fanfani, entonces muy joven
todavía. Bueno, el caso es que muchos tuvimos que estar sin atrevernos
a respirar siquiera durante diez años porque la represión ideológica y
policial era terrible. Las fronteras estaban herméticamente cerradas. No
había posibilidad de comunicación intelectual con el mundo exterior.
Ya en el año 46 la cosa empezó a ceder un poco, el régimen tenía que
evolucionar a la fuerza, puesto que la situación del mundo había cambiado
por completo. En esas condiciones fue cuando pensamos que las Conversaciones
podrían ser reanudadas y podrían ser útiles para abrir brecha. Entonces
empecé a moverme, hice algunos tanteos y obtuve del Ministerio de Asuntos
Exteriores una promesa de libertad para esarrollar las Conversaciones de
un modo libre y espontáneo aunque, naturalmente, la cosa quedaba limitada
al salón de serios y a un pequeño número de "conversadores" de dentro y
fuera del Estado español. Era todo lo que necesitaba para empezar y me
lancé a la empresa. Por supuesto, los conversadores que venían de fuera
no tenían pelos en la lengua para criticar a la dictadura. Y los de dentro
tampoco, al contrario, se sentían muy felices de poder aprovechar la ocasión
que se les brindaba para poder decir lo que no se les permitía expresar
en la calle. Esto al gobierno no le importaba mucho porque se trataba,
como he dicho antes, de poco más que un "cenáculo". Pero el balance era
muy favorable para la causa de la libertad democrática que nosotros defendíamos.
Todo esto es difícil de explicar ahora pero fue una realidad en aquellos
tiempos difíciles y abrumadores.
El tema de la libertad religiosa era uno de los que más frecuentemente
salían a discusión en aquellas conversaciones y siempre con un fuerte impacto
político y social. Para aquellos tiempos era, dentro de la Iglesia, un
tema muy avanzado. Se nos tenía por herejes a los que defendíamos esa y
otras libertades.
Hoy puede parecer todo esto de poca sustancia, porque las cuestiones
que se debaten son mucho más profundas, podríamos decir la crisis de hoy
es mucho más profunda que aquella, pero el hecho es que así funcionó.
H. 2000 E. — ¿Por qué no siguieron celebrándose a partir de 1962?
KARLOS S. — Las Conversaciones no han seguido, o no siguieron porque
evolucionó la situación. Ya no eran tan necesarias, empezaba a haber contactos
intelectuales con el mundo exterior. Llegó además un nuncio que les era
ferozmente adverso. Es evidente que Cicognani era un gran amigo de las
conversaciones. El sabía lo que pasaba aquí dentro. Estabaperfectamente
enterado. Y en la Secretaría de Estado Montini nos era también muy favorable.
Pero los hombres cambian y Cicognani fue a Roma y vino aquí Antoniutti.
Se dedicaba a ponernos pegas sin atreverse a actuar de frente.
La Secretaría de Estado todavía sin duda ninguna sigue interesada en
que se siga haciendo la cosa, y monseñor "Del Acqua" que estaba de sustituto
me decía un día: "nada, Vds. no se preocupen del nuncio, Vds. sigan", pero
naturalmente, eso es muy fácil de decir desde allí, pero cuando está el
nuncio residiendo en San Sebastián y el día de las conversaciones tiene
siempre que ausentarse de San Sebastián y otras pequeñeces por el estilo
para mostrar su disconformidad con nosotros, era difícil continuar. Un
buen día llegan de Roma unas instrucciones que, naturalmente, habían ido
de aquí, porque viene de Roma lo que a Roma va, se manda, por ejemplo que
los obispos se tienen que sentar en un escaloncito un pco más alto que
los demás conversadores, lo que era ridículo en el tono de amistad y de
diálogo en que se celebraban las Conversaciones. Con todas estas tonterías
llega uno a aburrirse.
Aparte de esto había las dificultades naturales de continuación de una
cosa que no se podía renovar tan fácilmente. Continuar en un clima posterior
era imposible, tal como se celebraban las Conversaciones y se producían
dentro de un clima muy cordial, muy cortés, etc., luego ya pues ha venido
esto de relacionarse los cristianos a estacazos y claro ya no era posible.
Bien, no es que hubiera una causa concreta, eran una serie de pequeñas
causas coincidentes, creo que lo prudente fue dejarlas. Las dejamos nosotros,
pero hay que reconocer que todos los sectores ultra-derechistas franeses,
los integristas, etc. que se dedicaban a incordiar a Roma y estaban en
el Santo Oficio, se alegraron mucho de que este "cenáculo de herejes",
que llegó a tener lugar doce veces hasta el año 62 si no estoy equivocado,
desapareciese.
H. 2000 E. — Aquéllo fue una experiencia importante, como concentración
de perosnas intelectuales, que se reunían para reflexionar sobre temas.
En esta línea este año pasado creo que incluso hubo un intento en Madrid.
KARLOS S. — En Madrid no se puede hacer esto. Ellos siempre querían
llevarse las conversaciones a Madrid, naturalmente. Es decir, había gente
que decía "y esto ¿por qué no se hace en Madrid?". Era imposible, esto
había que hacerlo aquí precisamente, con el clima que había aquí, de comunicación,
de sensibilidad política, cerca de la frontera, etc.
El mundo de la técnica y el fenómeno religioso
H. 2000 E. — Aquellas conversaciones jugaron un papel muy importante
de cara a la reflexión y madurez de los mismos intelectuales sobre el hecho
religioso. Hoy en día se nota un gran desfase en los intelectuales católicos
entre sus conocimiento profesionales o técnicos y su preparación teológica.
KARLOS S. — Ciertamente es una cuestión muy grave, que hoy es más grave
todavía que entonces. Para mí esa es una cuestión muy grave y creo que
le dará a la Iglesia o supongo que ha de llevar a la Iglesia a un
empobrecimiento radical. Hay que tener en cuenta que en el mundo de hoy
todo lo que suene a idealismo, también ciertas formas de generosidad y
no solamente las religiosas, están en crisis. No solamente está en crisis
la Iglesia Católica, sino todas las religiones, y no solamente éstas sino
incluso ideologías, que en otro tiempo se llevaban. Esto se debe a un cambio
de signo de la civilización: la influencia de la técnica. La lucha de clases
también ha influido algo, pero yo creo que la transformación técnica influye
mucho más que la lucha de clases, ya que ha modificado la vida del hombre
de una manera tremenda y ha dado lugar a unos criterios nuevos. Todo eso
de las ciencias y la cultura, la formación o la instrucción científica
más extendida ha dado lugar a un desarrollo razonable del positivismo.
Entonces se enfrenta el positivismo a las argumentaciones simples, infantiles,
ingenuas y las imágenes o mitos en que se apoyaba la religión no van con
el hombre instruido de hoy. Esto es una cosa que salta a la vista. Y eso
es gravísimo porque lo que va a ocurrir es que el fenómeno religioso se
va a desarrollar por otros cauces. Porque siempre lo religioso, más o menos,
tendrá expresiones en otros campos, va a quedar fuera de su campo, de su
propio campo, digamos. El fenómeno religioso se va a desarrollar de formas
anómalas y en campos que no son propiamente el campo religioso. El hombre
va a buscar soluciones a su problema religioso, o al problema que plantea
en el fondo la religión, del sentido de la vida, en otros campos.
H. 2000 E. — Par Vd. el mundo de la técnica ha jugado un papel muy
importante de cara al campo religioso. Pero, ¿cuál ha sido el papel del
anticlericalismo o del comportamiento de las Iglesias?
KARLOS S. — Yo creo que tiene poco. El anticlericalismo es cosa vieja.
Se suelen dar otros motivos. Para mí el anticlericalismo es más bien un
fenómeno superficial. En fin, es evidente que hay una especie de relación
entre el clero y las clases dominantes y esas cosas se han producido muchas
veces. Un ejemplo, lo del ojo de la aguja. Los teólogos se han esforzado
en probar que, en este caso se trataba de hacer pasar un camello por el
ojo de una aguja sí, pero que el ojo de la aguja no era tal ojo de la aguja
sino una de las puertas de Jerusalem y el camello tampoco un camello sino
una cuerdecita. Con lo cual resultaba que los ricos podían seguir durmiendo
tranquilamente pues su entrada en el cielo era tan sencilla como hacer
pasar una cuerdecita por una puerta de Jerusalem.
Bien, pero para mí ese no es el problema mayor. Para mí el problema
mayor es el auténticamente religioso. A mí no me importa que estén a matar
con los curas sino que se maten así mismos ignorando el fondo del sentido
trágico de la vida.
H. 2000 E. — Ahora bien, ¿el hombre de hoy es diferente ante el hecho
religioso o más bien lo manifiesta de otra forma?
KARLOS S. — Yo no creo que sea indiferente. Lo que ocurre es que el
hecho religioso no tiene una expresión unívoca. Muchas veces no se sabe
que bajo una cuestión hay fundamentalmente un hecho religiosos, aparte
de que habría que saber que es un hecho religioso, porque si lo aplicamos
al pie de la letra una señora rezando el rosario es un hecho religioso?
La señora ni, pero el hecho de que lo rece sí. ¿Qué es un hecho religioso,
qué es un fenómeno religioso? Son cosas que habría que analizar a fondo,
pero... el sentido de la vida del hombre es un problema profundo. El Marxismo
durante bastante tiempo, ahora ya no tanto ha eludido este problema. Es
decir, hay muy pocas cosas que ha dicho Marx sobre el hombre individual.
Aunue cojamos los Manuscritos del 44, el hecho es que Marx ha eludido el
problema del hombre individual. Ha buscado una forma de salvación, porque
también el Marxismo es una doctrina de salvación, de liberación, de desalienación,
etc. Para muchos esto es fundamentalmente el Marxismo: la salvación del
hombre colectivo, pero los problemas del hombre individual no se los ha
planteado nunca porque no entraban en su problemática. Luego ha habido
gente como Freud, etc. toda esta gente que ha empezado a preocuparse por
los problemas del hombre individual. Luego han venido otros como Marcuse
que han combinado el marxismo con el sicoanálisis y por ahí ha andado la
cosa. Y hoy día hay un sector marxista que se ha empezado a interesar por
los problemas del hombre individual.
Ser un hombre religioso: entender que hay una transcendencia y buscarla
H. 2000 E. — Bueno, profundizando un poco en esto del hecho religioso.
¿Vd. se considera un hombre religioso? ¿En qué sentido?
KARLOS S. — Indiscutiblemente sí. En muchos sentidos: porque me preocupa
la religión, porqe soy un hombre que tiene una vida interior, una vida
espiritual, etc. Para mí eso no tiene duda, pero no te voy a explicar todos
los recovecos de mi espíritu y de mi conciencia. Lo cual no quiere decir
nada, porque se puede ser un hombre religioso y un perfecto canalla, esto
es evidente, no tiene nada que ver una cosa con otras.
H. 2000 E. — ¿Por qué se considera un hombre religioso?
KARLOS S. — Ser un hombre religioso es sentir profundamente el problema
religioso de la vida del hombre, querer buscar un sentido a la vida, no
aceptar que la vida y la muerte sean unos hechos absurdos, entender que
hay un transcendencia y buscarla. Para mí por ejemplo Unamuno era un hombre
tremendamente religioso, mucho más que los que le condenaron. Pero puede
un hombre ser religioso y al mismo tiempo un desesperado, sentir una enorme
necesidad de sentido de la vida y de la muerte y al mismo tiempo no creer
absolutamente en que esto tenga sentido. Pero se puede vivir en plan de
desesperado y también se puede vivir en plan de divertido para no pensar
en la muerte, en la vida. Entonces se buscan otros quehaceres: puede ser
la matemática o la teología.
H. 2000 E. — En este sentido, ¿qué es para Vd. la experiencia de
Dios? ¿Se dan momentos privilegiados de esta experiencia?
KARLOS S. — Es evidente. Lo que pasa es que eso se presta a muchos
engaños. Son momentos de lucidez en que uno cree verlo todo y ver a Dios,
como me decía uno, yo ya no tengo fe porque ya lo he visto todo perfectamente
claro y eso ya no es fe, claro que esto es una ilusión. Estos momentos
de lucidez existen en la vida de muchos hombres. No se trata de entender,
de saber. No podemos saber si las experiencias son auténticas o no, eso
puede ser una ilusión, algo que yo me forjo. Eso no lo sabe ni el hombre.
Yo estoy en esto con San Juan de la Cruz: para venir a saberlo todo no
quieres saber nada de nada. Entonces no se trata de esto sino de seguir
el camino de todos los días, de las cosas pequeñas, de hacer lo que hay
que hacer. Vivir los momentos alegres y tristes de la vida con un signo,
con un sentido de la vida, inspirarte en Cristo, coger el Evangelio, leer
cosas aquí y allá para aplicarlas a la propia vida, no para explicarlas
a otros. Lo difícil es hacer frente a la vida puesta la mira en Cristo.
H. 2000 E. — Sí, pero por qué cree Vd. en Xto.?
KARLOS S. — Cómo vas a decir por qué crees! ¿Por qué estoy aquí? ¿Existo
yo? Tampoco estoy seguro. ¿Existe algo? no sé, ¿todo esto es un sueño,
una ficción? No sé. Me van a preguntar por qué creo en Cristo? pues etaría
bueno si pudiéramos razonarlo todo. Creo porque creo. La creencia es trascendente
a todos los porqués, cuando es verdadera creencia claro. A mí nunca me
han servido de nada para creer, los tratados apologéticos que nos largaban
cuando yo era joven. ¿Cómo vamos a autoanalizarlo todo? No se puede contestar
a esa pregunta. No tiene sentido que se la hagan a uno. Y además ¿qué es
creer?. ¿Puedo yo asegurar que creo en Cristo?. Eso es mucho decir. Ni
el Papa puede decir, yo creo, en Cristo. Yo quiero creer en Cristo. Yo
soy un trabajador por Cristo. Yo me alimento de esto, quiero que otros
se alimenten de esto, sí. Pero, ¿el por qué?. ¿Razonarlo?. Pregúntale tú
a un chico a ver por qué quiere a su novia. Le quiere porque le quiere,
sencillamente y no hace falta un silogismo para demostrarlo.
H. 2000 E. — Ha dicho antes que la gente al no encontrar su verdadera
orientación de lo religioso se va por otros caminos.
KARLOS S. — No, buscaba la solución de su necesidad religiosa, no precisamente
por caminos religiosos. En la religión una de las cosas que hay es la entrega
de uno mismo, la generosidad. Ese hombre que no sabe por qué vive ni para
qué y sin embargo se entrega al servicio de los demás. Esto se puede producir
en otras cosas, por ejemplo, en grandes movimientos, por ejemplo un miembro
del partido comunista que lucha y da la vida por su partido y que se entrega
generosamente, también sin muchos razonamientos, a la causa de su partido,
que es para él la causa del bien de la humanidad. Ese hombre satisface
su necesidad de generosidad, un poco como el cristiano. Pero, al hombre
más profundamente religioso ningún objetivo de este mundo le puede satisfacer
porque sabe que todo es mentira.
¿El futuro de la fe está en los pequeños grupos?
H. 2000 E. — ¿Cómo ve el futuro de la fe en Euskadi?
KARLOS S. — Creo que será más o menos el futuro de la fe en el mundo.
No creo que en Euskadi será diferente. El problema de la fe si lo cogemos
profundamente hay que hacerlo en función de la civilización. ¿Es que va
a aparecer una civilización completamente sin fe? ¿Es que va a aparecer
una civilización en que los problemas de la vida y la muerte queden ya
por completo eliminados, y la muerte aparezca como un hecho totalmente
natural y que el sentido de la vida no le preocupe a nadie? ¿Puede haber
esta civilización? Yo creo que sí, que está apareciendo. A pesar de todo
quedarán algunos creyentes y éstos serán los que se tendrán que plantear
este problema.
H. 2000 E. — ¿Entonces el futuro quedará circunscrito a pequeños
grupos?
KARLOS S. — ¿Qué quedará fuera de los pequeños grupos? ¿Qué será lo
que no sean pequeños grupos? ¿Qué son las masas? Las masas son casi como
fuerzas ciegas, están además conducidas por un procedimiento. La cultura
está industrializada, la cultura es un bien de consumo, entra en la sociedad
de consumo como una cosa que se compra y se vende. La gente no compra un
libro porque le interese, sino porque está anunciado, o porque se ha enterado
que es un libro muy importante, o si los compran no los leen. Entonces
es muy probable que los hombres auténticamente religiosos queden reducidos
a sectores minoritarios, pero ¿han sido alguna vez muy numerosos? Aquellas
masas cristianas, pueblos enteros ¿eran realmente cristianos? El cristianismo
no es de suyo una misteriosa elección y selección y además nadie puede
saber si está más cerca o más lejos de Cristo. ¿Se puede esto plantear
a nivel sociológico? ¿La sociología puede captar el fenómeno de la fe?
El que pretende manejar este problema de forma sociológica o que pretende
calcular el número de creyentes, etc. pues está completamente fuera del
problema.
H. 2000 E. — Juan María Bandrés en una entrevista anterior habla
de la compatibilidad entre marxismo y cristianismo. Sin embargo Izco de
la Iglesia, en otra entrevista dice que o se es cristiano o se es marxista.
No se pueden ser las dos cosas. ¿Qué opina Vd.?
KARLOS S. — ¿Qué es ser marxista? En primer lugar hay un montón de
marxismos diferentes. Dentro del Marxismo hay muchos marxismos. El marxismo
no es una ortodoxia definida, con unos dogmas. Afirmar que un señor es
marxista me parece absurdo. Puede decir que es comunista, afiliado al P.C.
o a un partido de concepción comunista. Esto ya sería más claro. Después
los que dicen que son líderes del marxismo se han enterado nada más de
qué es la lucha de clases, la lucha del pueblo,... no saben más que cuatro
cosas. ¿Han leído a Marx? Tampoco. Yo he leído a Marx, no digo que todos
los días pero sí mucho. Pero ¿soy marxista? No. ¿Qué acepto de Marx? Pues
muchas cosas. Me parece fenomenal. Para mí Marx es un moralista enorme.
Es un hereje, porque Marx está incluído dentro del pensamiento judeo-cristiano,
es decir, el marxismo no nace del vacío, nace de un contexto judeo-cristiano.
Marx pertenece a una familia judía y su propio padre me parece que era
pastor. Pertenece a una familia muy burguesa y no tiene más remedio que
estar con su programática histórica, salta a la vista las cosas que dice.
Pero además Marx, que Althusser pretende que es sobre todo un científico,
empieza por ser un hombre indignado por la sociedad que ve alrededor, por
el trabajo de las mjeres, de los niños, las casas de los obreros, etc.
El tiene unos informes de las cosas horribles de la sociedad capitalista.
Es un hombre que se indigna como se indignaron otros muchos hombres. Entonces
Marx cuando se ha indignado y es revolucionario decide ir a buscar las
causas científicas del fenómeno. ¿Por qué ha podido llegar la economía
a esta situación de explotación? Va de la indignación a la ciencia y no
de la ciencia a la indignación. Cree encontrar una ciencia que explica
las condiciones en que se producen estos hechos y que estos hechos hasta
cierto punto tienen una explicación científica. Descubre que esa masa oprimida,
el proletariado, es la que va a dar la vuelta a la historia o cree descubrir
que estos oprimidos serán la fuerza motora de la historia. Yo creo que
hoy día todos los partidos socialistas, comunista y demás tienen muy poco
de proletarios. Al principio no se podía entrar en el partido socialista
más que si uno era trabajador. Hoy día casi todos estos partidos están
conducidos por intelectuales y profesionales de vida holgada, no por la
clase oprimida y explotada. Repito: era un moralista porque iba buscando
la destrucción de una socieddad injusta y la construcción de una sociedad
nueva.
Con una interpretación simplista del marxismo, el cristiano no puede
ser marxista
H. 2000 E. — La relación marxismo-cristianismo ¿es compatible o no?
KARLOS S. — Yo creo que si se miran las cosas en profundidad el pensamiento
materialista de Marx es incompatible con un pensamiento cristiano auténtico.
Pero, por otro lado, marxismo y cristianismo están mucho más cerca de lo
que parece. El cristiano profundo está quizás mejor preparado que nadie
para comprender las razones profundas del marxismo. Ahora el que se rasga
las vestiduras a la primera de cambio por cosas superficiales y cuenta
que los obreros son muy malos y se quieren cargar a los patronos y cosas
de éstas, pues claro, con esos no se puede ir a ninguna parte. Esto no
es marxismo ni se leparece en nada al marxismo. Resulta pues que con una
interpretación simplista del marxismo el cristiano no puede ser marxista.
Con una interpretación simplista del cristianismo tampoco. Con una opinión
profunda del cristianismo y del marxismo, creo que los cristianos no podemos
menos que tener en cuenta a este gran "hereje". Porque yo veo a Marx como
un gran hereje, como aquellos herejes de los primeros siglos que hicieron
avanzar la creencia del cristianismo con sus terribles paralojismos.
El fenómeno de la lucha de clases si fuera un fenómeno del que las
consideraciones morales estuvieran totalmente ausentes, sería como una
especie de fenómeno físico y no tendría ningún interés para mí. Si viene
un terremoto la gente se asusta pero no se indigna. Así que la teoría de
la lucha de clases tiene una sustancia moral, porque si no, tal como la
explica Althusser, la lucha de clases sería prácticamente un fenómeno casi
físico y no habría por qué indignarse. Pero sin indignación no hay revolución.
La teoría de Althusser con la lucha de clases tal como él la explica no
puede atraer a un verdadero revolucionario.
Quiero profundamente que la Vasconia primitiva de algún modo se actualice
H. 2000 E. — ¿Por qué un C.G.V. sin Navarra?
KARLOS S. — Porque no quieren muchos navarros, los caciques navarros.
Yo creo que a Navarra había que dejarla en paz. Navarra tiene el perfecto
derecho a incorporarse o no incorporarse a un régimen autonómico vasco.
Lo que no se puede hacer es venir con argumentos diciendo que Navarra es
Vasconia, que sus antecedentes son profundamente vascos y que por consiguiente
Navarra tiene que formar parte de la Autonomía. Volvemos a reincidir en
el mismo sistema por el que España nos está fastidiando a nosotros. Dejar
a cada pueblo que se cueza solo, que se cuezan en su propia salsa. Es decir
Navarra no quiere y el que dice Navarra dice los que la conducen y manejan.
No es un pueblo libre, es un pueblo manejado. Bueno, en cualquier caso
esos no quieren entrar aquí. Hay que dejar que el acercamiento se vaya
produciendo con naturalidad. Yo quiero profundamente que Navarra se incorpore
a nosotros y que toda la tradición Vascona y que toda la Vasconia primitiva
de algún modo se actualice. Es para mí profundamente deseable, pero no
se puede conducir a la gente a la fuerza. De todas formas creer es un acto
libre y el que pretenda que la gente crea a la fuerza es un monstruo.
H. 2000 E. — Vd. tiene la Cartera de Educación en el C.G.V., ¿cuáles
son los principales problemas que tiene en estos momentos la Consejería
de Educación?
KARLOS S. — Principales problemas: la implantación del bilingüismo
en los Centros de Educación estatales en el País Vasco; la planificación
en la Universidad del País Vasco; la organización de unas Escuelas de Formación
Universitaria para el profesorado de E.G.B. que satisfagan realmente las
necesidades del País; la obtención de un estatuto público para las Ikastolas,
etc.
Quedan otros problemas más importantes pero que, por ahora, han de permanecer
en segundo plano porque no se puede hacer todo a la vez.
H. 2000 E. — ¿Qué tipo de hombre y de sociedad pretende conseguir
desde la Consejería de Educación?
KARLOS S. — Una Consejería de Educación debe guardarse muy bien de
ese género de pretensiones. La finalidad de la Educación no es, no debe
ser, la de fabricar hombres de un determinado "tipo". "¡Vade retro, Satan!".
H. 2000 E. — ¿Cuál es la eficacia del C.G.V. cuando hoy en día hay
asuntos importantes en los que no parece que tiene ninguna operatividad,
por ejemplo: traslado de maestros, problemas de bilingüismo, subvención
de ikastolas...?
KARLOS S. — El C.G.V. tiene una operabilidad relativa pero no es enteramente
inoperante ni mucho menos. Si no, no estaría yo ahí.
La cultura: un patrimonio heredado que se enriquece
H. 2000 E. — ¿Qué entiende por Cultura Vasca?
KARLOS S. — La palabra cultura tiene muchos sentidos. Se han dado más
de veinte definiciones de cultura. En un sentido concreto se puede hablar
de la cultura de un pueblo como modo de ser característico de ese pueblo.
Es un patrimonio heredado que se transmite de generación en generación
pero que se enriquece continuamente, evoluciona, cambia, integra nuevos
elementos, etc. Así, la Cultura Vasca no es una realidad estática, mera
repetición del pasado. Sólo los pueblos muertos tienen culturas inmóviles.
H. 2000 E. — ¿Qué papel ha jugado la Iglesia en relación con la Cultura
Vasca?
KARLOS S. — En una época, la Iglesia ha sido el elemento más importante
de la vida intelectual en muchos pueblos, y así, en el Pueblo Vasco. En
este sentido, la Iglesia ha cubierto una función civilizadora que no era
esencial a su mensaje. Después han venido la secularización, la laicidad
y la profaneidad (la cultura profana, la cultura de "fuera del templo").
Es un proceso histórico normal. De todos modos el mundo religioso sigue
siendo, a mi juicio, un ingrediente trascendental de la Cultura Vasca. |
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1978/11 |
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Herria-2000-Eliza |
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