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XVII Semana Social de España. Por una Comunidad Internacional(Colección de guiones)La conciencia internacional en la sociedad contemporánea, especialmente en EspañaLa mayor parte de las personas se plantean el problema moral exclusivamente en el terreno del bien personal. Aunque el sentido social va abriéndose paso, todavía no se halla suficientemente desarrollado, y muchos, incluso entre los católicos, ignoran o parecen ignorar que exista un deber de justicia social relativo a la realización del bien común.En cuanto al bien común supranacional, que concierne al género humano
en su conjunto y que sobrepasa al de cada nación particular —bien común
al que los intereses mismos de los Estados deben subordinarse—, es por
lo general totalmente ignorado. Existe la impresión de que la justicia
social se detiene en el orden nacional y de que la realización del orden
internacional compete solamente a los jefes de Estado y a los Gobiernos,
mientras que el ciudadano particular no tienen ninguna obligación concreta
bajo este aspecto ni puede realmente actuar en ese campo. En la vida contemporánea,
la opinión pública pesa, sin embargo, de un modo muy importante en las
actuaciones de los Gobiernos, y esto justifica y, más aún, exige el interés
y la intervención de todos los hombres en los problemas que se refieren
al orden internacional. La paz no puede establecerse sino sobre la base
de un Estado de conciencia colectiva que haga desaparecer los egoísmos,
los odios e incomprensiones entre los pueblos. La paz no es una simple
situación diplomática, sino algo mucho más profundamente humano en que
todos los hombres tienen algo que ver desde el momento mismo en que son
miembros de la comunidad humana.
El deber internacional se hace cada vez más sensible en la vida personal de cada hombre. Los católicos lo tienen todavía más especialmente, por razón de su misión universal de cristianos y de miembros sobreelevados de la comunidad humana. Es fácil comprobar el retraso con que evolucionan las conciencias en relación con estos puntos de vista. Refiriéndose particularmente al caso de España, existen aquí posibilidades enormes y una tradición universalista inigualda, que, vitalizada y puesta en juego en el mundo contemporáneo, podría producir frutos abundantes. Es obvio, empero, que para que esta misión universalista pueda tener efecto es menester repensarla en función de las circunstancias de hoy y del estado actual de la Humanidad. |
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