| Es evidente que el sentimiento patriótico ha adoptado formas diferentes
en el curso de la historia y que, aun dentro de una misma épcoa, pueden
considerarse diferentes concepciones del patriotismo de apariencia muy
diversa. Algunos de nuestros amigos nos recuerdan la larga evolución del
patriotismo: las antiguas ciudades griegas, las comunidades medievales,
las Repúblicas urbanas del Renacimiento italiano, las Monarquías de derecho
divino, el Estado jacobino de los siglos XVIII y XIX... Ante esta diversidad
de formas del patritosimo que se amnifiestan a lo largo de tal evolución,
queda uno vacilante. Más aún, como nos dice el Sr. AZAOLA, la idea y el
sentimiento de la patria, aunque sean cosas de por sí excelentes, son humanas
y han de cambiar en la medida en que las formas sociales cambien. "Toda
nueva forma de sociedad exige una nueva forma de patriotismos".
¿Cómo podremos, pues, establecer una noción de la patria válida al mismo
tiempo para el pasado y para el presente, para la antigua Grecia y para
los Estados Unidos de Norteamérica, para el Occidente y para el Oriente,
para los pueblos sedentarios y para los pueblos nómadas?
El Canónigo LECLERQ prefiere una definición muy general, aunque un poco
vaga. El patriotismo, dice el Profesor de Lovaina, es una "forma de vinculación
al grupo que presupone un grupo bastante extendido en el que reine un sentimiento
unánime de solidaridad". Esto puede parecer poco preciso, pero debe reconocerse
que es muy difícil, y casi imposible, llegar a una definición satisfactoria.
La patria, afirma el Sr. DE CORTE, es "tierra de antepasados, marco
de vida común, conjunto de aspectos físicos y morales transmitidos de generación
en generación, costumbres, acciones y pasiones tradicionales de la inteligencia
y del alma, civilización proyectada en el espacio y en el tiempo..." pero
"todas estas notas, por muy verídicas y desbordantes de significación que
sean, no agotarán jamás el contenido misterioso de la patria". La patria,
dice el Sr. ESTEBAN citando textos de diferentes autores, es tierra,
raza, costumbres, leyes, religión, lengua; es espíritu y carne, y
abarca valores ónticos y etnicos, geográficos y culturales.
Pero la patria sigue siendo todavía un misterio, en el sentido que Gabriel
Marcel da a esta palabra. Es algo inobjetivable e incodificable, que se
encuentra al mismo tiempo dentro y fuera de nosotros.
Corremos, pues, el peligro de quedarnos sin saber lo que es la patria.
Para evitar este peligro el Sr. ROLIN prefiere acogerse a una concepción
más realista al afirmar que "la patria es, ante todo, patrimonio, conjunto
de bienes transmisibles, y de los cuales participa todo hombre por su nacimiento
como de un capital común".
¿Cómo salir de esta jungla de ideas?
Una observación del Rvdo. P. HAMER podría, sin duda, sernos útil para
no caer en lo inefable. El patriotismo podría ser una noción graduada,
analógica, no homogénea. Esto nos permitiría, por otra parte, llegar hasta
un patriotismo de dimensiones mundiales, partiendo del patriotismo íntimo
y misterioso, del que nos une a las realidades más condensadas y carnales.
¿Será posible una noción pluralista del patriotismo? El Sr. AZAOLA es
el que se muestra más entusiasta de esta idea. Nos recuerda el patriotismo
sensitivo, sentimental y metafísico que D. Miguel de Unamuno nos describía
hace ya más de un cuarto de siglo. Nos habla también de los círculos concéntricos
que se ensanchan cada vez más hasta alcanzar el mundo entero sin que uno
pueda o sin que deba encerrarse dentro de ninguno de estos círculos, ni
olvidar ninguno de ellos.
Pero este patriotismo pluralista, o la noción pluralista de la patria,
no se alcanza sin dificultades, porque, como hace notar el Sr. DE CORTE,
el hombre tiene "un poder limitado de adhesión a la realidad que le rodea".
Nuestra capacidad de conocer y de amar no es indefinidamente extensible.
"Durante el período liberal se trabajó por concentrar únicamente en
el Estado todos los sentimientos de vinculación a los grupos. En lugar
de favorecer la formación de grupos naturales y el sentimiento de vínculo
proporcional a los bienes que se encuentran en cada grupo, se trató de
destruir todos los sentimientos comunitarios, aparte del sentimiento nacional,
de forma que se diera a éste un carácter absoluto". A este respecto, el
canónigo LECLERQ piensa que "el Estado occidental ha sido vastigado por
donde más pecado había". Pero, ¿no se vuelve a cometer este pecado por
los que, declarándose ciudadanos del mundo, quieren prolongar infinitamente
la idea de patria, hasta hacer de ella una realidad puramente "intelectiva"
y parecen olvidar la existencia de las patrias reales y vivientes?
Quizás sea necesario rehacer el patriotismo en torno a una concepción
pluralista de la patria. Este es, precisamente, un aspecto del problema
que proponemos a nuestros amigos. Las ideas que el Sr. LIEBESKIND nos ha
comunicado respecto al patriotismo suizo podrán, sin duda, prestarles un
buen servicio.
* * *
Entre las muchas cosas que hoy están en crissi el patriotismo no es, seguramente,
la menos importante. Pero, ¿cuál es el alcance y la profundidad de esta
crisis del patriotismo? Cuando se dice que el patriotismo está en crisis
no se quiere expresar que sea una virtud poco practicada actualmente -lo
cual tendría una importancia muy relativa- sino que esa virtud encuentra
con mucha dificultad su propio objeto en la sociedad secularizada y desarraigada
de nuestro tiempo. "Sea que el ´termino patria no tenga ya ningún sentido,
sea que el deber de culto y de servicio que en otros tiempos se rendía
a la patria se prste hoy a otras comunidades" el patriotismo es, para muchos,
algo desprovisto de toda significación virtuosa, observa el Sr. LAS CASES.
"No se tiene ya la sensación, de que el Estado o la comunidad nacional
corresponde en la vida de sus miembros al sentimiento violento y exclusivo
que se tiene la costumbre de denominar patriotismo. algunos, demasiado
apegados a las viejas ideas, se irritan cuando se discute la cuestión y
siguen desarrollando los tempas patrióticos tal como se hacía hace cincuenta
años; pero su actitud misma acentúa el contraste, entre estos sentimientos
y la realidad actual", dice por su parte el canónigo LECLERQ.
Por otra parte, las últimas crisis nacionalistas han puesto en evidencia
que hay muchas cosas inaceptables que se ocultan bajo la apariencia del
patriotismo... La misma Iglesia se ha visto obligada a desenmascarar ciertas
deformaciones que recuerdan las edades del paganismo.
El canónigo LECLERQ llega a preguntarse "si el patriotismo es más a
menudo, fuente de virtud que de vicio". "Evitemos -dice- este juego de
palabras. Si se empieza por decir: llamamos patritoismo al amor virtusoso
de la patria, se llegará evidentemente a ver una virtud en el patriotismo
y se dará otro nombre a todas las demás formas pecaminosas del amor de
la patria. Pero esta actitud no conduce más que al verbalismo, porque si
se empieza por definir el patriotismo como una virtud, ya no hace falta
discutir si es una virtud".
AZAOLA se muestra todavía más categórico: nos asegura que durante los
últimos años el patritoismo h dejado de ser una fuerza beneficiosa; que
hace mucho que el Estado Nacional disgrega a los Europeos en lugar de unirlos;
que durante los últimos tiempos el patriotismo ha producido más males que
bienes, al contrario de lo que sucedía en otras épocas. La principal queja
que se formula contra el patriotismo, es que constituye una rémora, un
obstáculo que se opone a la unificación del mundo.
"El drama de nuestro tiempo es que el sentimiento patriótico parece
un obstáculo para la constitución de las nuevas comunidades, y como éstas
corresponden a la primera necesidad del siglo, algunos espíritus preocupados
en salvar la civilización, reaccionan violentamente contra el propio patriotismo".
Así se expresa el Canónigo LECLERQ.
Además la idea de patriotismo, como virtud, no fué muy apreciada por
los cristianos de los primeros siglos. PANIKER aporta indicaciones preciosas
a este respecto. Nos dice, por ejemplo, que Celso, en el siglo II, combate
el Cristianismo porque "destruye los caracteres nacionales de los diferentes
pueblos". También nos recuerda PANIKER con mucha oportunidad ciertas palabras
de San Pablo y nos muestra con citas muy ajustadas hasta qué punto la idea
universalista privaba entre los primeros cristianos por encima de la idea
patriótica. Los cristianos eran sospechosos como patriotas. LECLERQ y CELIER
insisten también sobre esta idea. Este nos dice que "a los ojos de los
paganos, los cristianos son enemigos del Estado, puestoq ue se niegan ahonrar
a los dioses de la ciudad. Los apologistas se esfuerzan en demostrar que
los cristianos, en cuanto cristianos, son los mejores ciudadanos del Imperio:
este malentendido no es ciertamente uno de los menores motivos de la muerte
de innumerables mártires".
El Sr. CELIER nos señala, agudamente, el carácter, un tanto paradójico,
al parecer, del patriotismo cristiano: "la paradoja del patriotismo -dice-
se convierte en algo escandaloso: ¿cómo la caridad universal puede imponer
una preferencia, un tanto exclusiva, por un determinado grupo social?".
Es evidente que todas estas dificultades son más aparentes que reales.
Pero para deshacerlas es necesario reducir la idea de Patria a sus justos
límites. El patriotismo será una virtud en la hipótesis de que no pretenda
absorber al hombre y de que no se separe de su verdadero objeto: sólo entonces
podrá decirse que es una virtud natural y que asumido por la gracia, puede
constituir, para el cristiano, un peldaño de esta escala de Jacob que une
la tierra con el cielo.
La cuestión que proponemos a nuestros amigos consiste en reconocer la
profundidad de la crisis y en averiguar si, en el fondo, esta crisis es
una crisis de crecimiento, más bien que de decadencia. Esto permitiría,
por otra parte, fijar las condiciones del patriotismo virtuoso en nuestro
tiempo.
* * *
En el mundo actual, las ideologías (marxismo, fascismo, democracia...)
obran como grandes fuerzas de aglutinación y de disgregación entre los
hombres. Esto ocurre hoy más que en ninguna otra época de la historia.
Patriotismos e ideologías se entremezclan, pues, hasta la confusión.
Por una parte, las ideologías adoptan a veces el aspecto venerable del
patriotismo a fin de exigir los sacrificios de los ciudadanos. El profesor
DE CORTE evoca el problema de la resistencia al nazismo y muestra en en
muchos casos, más que la patria misma, a través del alma de los hombres,
era la concepción política de la que los hombres estaban impregnados hasta
la médula la que resistía al invasor. El enemigo era menos odiado como
enemigo que como portador de una idea opuesta a otra idea. El combate entre
el francés y el alemán estaba como sumido por la lucha entre el "demócrata"
y el "fascista". Y SALLERON nos muestra hasta qué punto "las ideologías
nacidas entre las dos guerras no han podido tomar cuerpo e imponerse más
que alrededor de la idea nacional".
Al contrario, los nacionalismos se ocultan a veces bajo la apariencia
de los sistemas y de las doctrinas políticas que utilizan como un medio
de penetración imperialista. Nadie duda de que el comunismo sea un arma
muy poderosa al servicio del nacionalismo ruso, como la revolución lo había
sido en otros tiempos al servicio del imperialismo francés. En cuanto a
la China de Mao-Tse-Tung, Louis SALLERON nos recuerda también "que no hay
necesidad de ser un experto en asunto asiáticos... para asegurarse de que
el nacionalismo ha determinado una revolución que el comunismo colorea".
ROLIN nos dice a su vez, muy juiciosamente, que "el patriotismo partidista
es una patriotismo desnaturalizado, que en lugar de sentir a la patria
como una realidad carnal y concreta la concibe como el lugar de una ideología,
la expresión de un ideal: la Patria es para él mensajera de una filosofía
del hombre y de la Sociedad...". "Es imposible que este patriotismo no
se vuelva en seguida partidista: el partidista reconoce el privilegio de
encarnar a su patria sólo a tal filosofía, a tal sistema político, con
exclusión de todos los demás. Y su patriotismo se hace inevitablemente
apasionado, se convierte en un encarnizamiento, en reducir y en destruir
todo lo que no se conforma con la imagen estrecha y endurecida que él se
ha formado de su país. Así nacen los partidos, las facciones, las guerras
civiles, tanto más inexplicables cuanto más animadas están de un ardiente
patriotismo".
Para no ir más lejos, recordemos aún que los ismos marxistas nos hablan
de la "patria proletaria" como de algo específicamente distinto de la "patria
burguesa".
Y puede ser que no les falte enteramente razón.
Esta relación estrecha entre patriotismo e ideología ¿es algo puramente
contingente y al mismo tiempo poco deseable o, al contrario, representa
una afinidad más profunda y necesaria? Ideología y patriotismo ¿son realmente
separables? ¿Cuál es en fin, en las luchas contemporáneas, la auténtica
parte de ideología y la de patriotismo?
* * *
He aquí una cuestión que parece bastante aventurada y un tanta banal: ¿Es
necesario rehacer la Teología del patriotismo? "Yo no lo creo así -nos
responde el P. HAMER- ¿No sería mejor rehacer el inventario de nuestras
deudas?". Si en la Edad Media la Teología no presentaba más que tres formas
menores de la justicia, la religión, la piedad hacia la patria y la piedad
hacia los padres, esto podría ser válido para el mundo medieval, pero en
nuestro mundo el campo de nuestras deudas se ha ampliado y "cada día adquirimos
más conciencia de una herencia histórica común más vasta que la del país
natal".
Conventamos, pues, en que no es necesario rehacer la Teología del patriotismo,
sino ampliar la idea de patria.
Pero, ¿no sería posible ampliar la misma Teología, añadiéndole nuevas
y grandiosas perspectivas?
Ante todo, la concepción del deber patriótico sobre la noción de deuda
se apoya más sobre la contemplación del pasado que sobre la perspectiva
del futuro: de esta forma el patriotismo se convierte preferentemente en
un culto a los antepasados y a los padres de la patria, adopta la forma
de la fidelidad. Así es como se le ha concebido durante siglos, pero la
mentalidad moderna es radicalmente "futurista": la esperanza de un porvenir
mejor une a los hombres en la tarea común antes que el recuerdo de un pasado
más o menos discutible.
"No debiéramos extrañarnos de que el patriotismo sea una palabra vana
si se continúa sosteniendo que la patria es la tierra de los antepasados,
porque se reducirá a una larga y estéril lamentación sobre el pasado. Será
una vana palabra en tanto que se continúe calificando con el temible nombre
de apátrida a todas esas gentes que han optado por una tierra de libertad,
una civilización hospitalaria en la que han encontrado una razón de vivir".
Reconozcamos que son ideas muy juiciosas las que aquí expone el Sr. LAS
CASES.
Parece, pues, muy natural que una concepción del patriotismo basada
sobre la noción de deuda despierte menos interés que otra fundada sobre
la idea de misión o de vocación común. La patria sería, pues, una comunidad
de esperanza antes que una comunidad de deuda. Recordemos aquí la frase
de Nietzche: "La patria no es la tierra de los padres sino la tierra de
los hijos".
Pero ¿hasta qué punto se puede construir una teología del patriotismo
fundada sobre estas ideas? Ese es, en el fondo, el problema que se propone
el Sr. ROLIN al preguntarse si acaso existe una vocación sobrenatural colectiva.
De la misma manera que el pueblo de Israel fué destinado por Dios a realizar
una misión en la Historia, ¿podría decirse otro tanto de los demás pueblos?
¿Responde a una voluntad expresa de Dios el papel desempeñado por cada
patria en cada período de la historia? He aquí un camino que nos conduciría
sin duda a difíciles cuestiones teológicas, cuya importancia no escapa
a nadie, porque "mientras seamos víctimas de las mortales dicotomias entre
lo natural y lo sobrenatural, entre los derechos de la naturaleza y las
exigencias de la gracia... no podremos dialogar en católico sobre los problemas
del mundo de hoy". R. PANIKER.
Pero el Sr. ROLIN va todavía más lejos y se propone un problema aun
más difícil. ¿Es que, en nuestras patrias, se pregunta, hay algo que participe
de la eternidad? Presenta esta cuestión dentro del encuadre preciso del
dogma cristiano de la resurrección de la carne. Porque hace falta saber
si las patrias resucitarán también con nosotros. Parece que el Sr. CELIER
no es de esta opinión. "En la eternidad -nos dice- no habrá ni naciones
ni patrias". ¿Puede afirmarse, como lo hace CELIER, que la diversidad de
naciones es una consecuencia del pecado? ¿Habría que tomar al pie de la
letra la narración bíblica de la Torre de Babel, suponiendo que la división
de la humanidad en patrias, naciones y razas sea un castigo de Dios?
Dios es el que dirige a las naciones y es El el que conduce la Historia.
¿Por qué no admitir que esta diversidad nos lleve a una armonía grandiosa
que, por el momento, no alcanzamos a comprender?
He aquí un conjunto de ideas que pudieran ser, sin duda, el punto de
partida de una nueva teología del patriotismo. Una nueva Teología que no
hubiera roto sus lazos con la antigua. |
Il est évident que le sentiment patriotique a
adopté des formes différentes au cours de l'histoire et que même dans une
seule époque de différentes conceptions du patriotisme d'apparence trés
diverse peuvent être envisagées. Plusieurs de nos amis nous rappellent
la longue évolution du patriotisme: les anciennes villes grecques, les
communautés médiévales, les Républiques urbaines de la Renaissance italienne,
les monarchies de droit divin, l'Etat jacobin du XVIIIe et XIXe siècle...
On hésite devant cette diversité de formes du patriotisme qui se manfieste
au long d;une telle évolution. Plus encore, comme nous dit M. AZAOLA, l'idée
et le sentiment de la pattire, quoiqu'ils soient des choses excellentes,
ce sont des choses humaines et ils doivent changer à mesure que les formes
sociales changent. "Toute nouvelle forme de société exige une nouvelle
forme de patriotisme".
Comment établir une notion de la patrie valable en même temps pour le
passé et pour le présent, pour la Grèce antique et pour les Etats Unis
de l'Amerique du Nord, pour l'Occident et pour l'Orient, pour les peuples
sédentaires et pour les peuples nomades?
Sans doute il y a quelque chose de commun dans tous ces patriotismes.
C'est à cause de ça que M. le Chan. LECLERCQ préfère une définition trés
générale quoique un peu vague. Le patriotisme, nous dit le Prof. de Louvain,
est une "forme d'attachement au groupe qui suppose un groupe assez étendu
dans lequel reigne un sentiment unanime de solidarité". Cela peut paraître
trop peu précis mais on doit reconnaître qu'il est extrémement difficile,
et même impossible, d'arriver à une définition satisfaisante.
La patrie, affirme M. DE CORTE, est "terre des ancêtres, cadre de vie
commune, ensemble d'habitudes physiques et morales transmises de génération
en génération, moeurs, actions et passions traditionnelles de l'intelligence
et de l'âme, civilisation étalée dans l'espace et dans le temps..." mais
"toutes ces notes, si véridiques et si débordantes de signification qu'elles
soient, ne puiseront jamais le contenu mystérieux de la patrie". La patrie,
nous dit M. l'Abbé ESTEBAN en citant des textes de différente auteurs,
est tere, race, coutumes, lois, religion, langage, elle est esprit et chair,
elle comprend des valeurs antiques et ethniques, géographiques et culturelles.
Mais la patrie est encore un mystère dans le sens que M. Marcel a donné
à ce moi. Quelque chose d'inobjetivable et d'incodifiable qui se trouve
dedans nous en même temps qu'en dehors de nous.
Le danger existe de ce qu'on n'arrive jamais à savoir ce que c'est la
patrie. C'est pour éviter ce danger que M. ROLIN préfère de s'attacher
à une conception plus réaliste en affirmant que "la patrie est avant tout
patrimoine, ensemble des biens transmissibles et auxquels tout homme participe
par sa naissance comme à un capital commun".
Comment se tirer de cette jungle d'idées?
Une observation du R.P. HAMER pourrait sans doute nous être utile, afin
de ne pas tomber dans l'ineffable. Le patriotisme serait une notion étagée,
analogique, non homogène. Cela nous permettrait d'arriver jusqu'à un patriotisme
de dimensions mondiales en partant du patriotisme le plus intime et mystérieux,
célui qui nous rattache á des réalité les plus condensées et charnelles.
Une notion pluraliste du patriotisme serait-elle possible? C'est M.
AZAOLA qui se montre le plus enthousiaste de cette idée. Il nous rappelle
le patriotisme sensitif, sentimental et métaphysique que D. Miguel de Unamuno
nous décrivait il y a plus d'un quart de siècle. Il nous parle aussi des
cercles concentriques qui s'élargissent de plus en plus jusqu'à atteindre
le monde tout entier sans qu'on doive
s'enfermer dans aucun de ces cercles, ni oublier aucun d'eux.
Mais le patriotisme pluraliste, ou la notion pluraliste de la patrie,
ne va pas snas difficultés parce que, comme M. DE CORTE nous fait noler,
l'homme a "une puissance limitée d'adhésion à la réalité qui l'entoure".
Notre capacité de connaître et d'aimer n'est pas indéfiniment extensible.
"Pendant l'ère libérale on a travaillé à concentrer sur l'Etat seul
tous les sentiments d'attachement aux groupes. Au lieu de favoriser la
formation de groupes naturels et le sentiment d'atiachement proportionné
aux bienfaits qu'on trouve dans chaque groupe, on a essayé de détruire
tous les sentiments communautaires en dehors du sentiment national, de
façon à donner à celui-ci un caractère absolu". C'est à cet égard que M.
le Chan. LECLERCQ pense que "l'Etat occidental est puni par où il a péché".
Mais ce péché n'est-il pas repris par ceux qui, en se déclarant citoyens
du monde veulent, élargir infiniment l'idée depatrie, jusqu'à faire d'elle
une réalité purement "intellective" et semblent oublier l'existence des
patries réeles et vivantes?
C'est autour d'une conception pluraliste de la patrie qu'il faut probablement
refaire le patriotisme. Voici, justement, un aspect important du problème
que nous posons à nos amis. Les idées que M. LIEBESKIND a voulu bien nous
communiquer au sujet du patriotisme suisse pourront, sans doute, teur rendre
service.
* * *
Parmi tant de choses qui sont aujourd'hui en crise, le patriotisme n'est
pas sans doute la moins importante. Mais quelle est la profondeur et la
portée de cette crise du patriotisme? Quand on dit que le patriotisme est
en crise on ne veut pas exprimer qu'il soit une vertu peu pratiquée actuellement,
ce qui d'ailleurs aurait une importance très relative, mais qu'elle trouve
avec une grande difficulté son objet dans la société laïcisée et déracinée
de notre temps. "Soit-il que le terme de patrie n'ait plus de sens, soit
que le devoir du culte et du service rendu jadis à la Patrie soit rendu
à de nouvelles communautés" le patriotisme est pour beaucoup quelque chose
dénuée de toute signification vertueuse, constate M. de LAS CASES. "On
n'a plus le sentiment que l'Etat ou la communauté nationale corresponde
dans la vie de ses membres au sentiment violent et exclusif qu'on a l'habitude
de dénommer patriotisme. Un certain nombre, attachés aux idées anciennes,
s'irritent qu'on discute la question et continuent à développer les thèmes
patriotiques comme on le faisait, il y a cinquante ans; mais leur attitude
même accentue le contraste entre la réalité actuelle et ces sentiments",
dit M. le Chan LECLERCQ.
D'ailleurs les dernières crises nationalistes ont mis en évidence qu'il
y a beaucoup de choses inacceptables qui se cachent sous l'apparence du
patriotisme... L'Eglise, elle-même, a été obligée à démasquer certaines
déformations qui rappellent les ages obscurs du paganisme.
M. le Chan LECLERCQ arrive à se demander "si le patriotisme est plus
souvent source de vertu que de vice". "Evitons, dit-il, de jouer sur les
mots: si on commence par dire: nous appelons patriotisme, l'amour vertueux
de la patrie, on aboutira évidemment á voir une vertu dans le patriotisme
et on donnera un autre nom à toutes les formes d'amour de la patrie qui
engendrent des péchés. Mais cette attitude n'aboutit qu'à du verbiage,
parce que si on commence par définir le patriotisme comme une vertu, il
n'y a plus à discuter s'il est une vertu...".
M. AZAOLA se montre encore plus catégorique. Il nous assure que "pendant
les derniéres années le patriotisme a laissé d'être une force bien faisante,
qu'il y a longtemps que l'Etat national desagrége les européens au lieu
de les unir, que pendant les derniers temps le patriotisme a produit plus
de maux que de biens, au contraire de ce qui arrivait aux autres époques".
Les principal grief qu'on en fait c'est qu'il est un rémora, un obstacle
qui s'oppose à l'unification du monde.
"Le drame de notre temps est que le sentiment patriotique paraît un
obstacle à la constitution de ces nouvelles communautés et, comme celles-ci
correspondent a la première nécessité du siècle, un certain nombre d'esprits
préoccupés de sauver la civilisation réagissent violemment contre le patriotisme
lui-même". Ainsi s'exprime M. le Chan. LECLERCQ.
En plus, l'idée du patriotisme comme vertu n'a pas été très chere aux
chrétiens des premiers siècles. C'est M. l'Abbé PANIKER qui nous apporte
des indications très précieuses à cet égard. Il nous dit, par exemple,
que Celso combat le christianisme au IIe siècle parce qu'il "détruit les
caractères nationaux des differents peuples". C'est bien M. PANIKER qui
nous rappelle avec opoortunité certains mots de S. Paul qui nous montre
avec des citations très justes jusqu'à quel point l'idée patriotique. Les
chrétiens étaient des patriotes suspects. M. le Chan. LECLERCQ et M. CELIER
insistent aussi sur cette idée. Celui nous dit que "aux yeux des paiens,
les chrétiens sont des ennemis de l'Etat, puisque'ils refusent d'honorer
les dieux de sa cité. Les paologistes ont beau protester que les chrétiens
sont, parce que chrétiens, les meilleurs citoyens de l'Empire: ce malentendu
n'est pas moins la cause d'innombrables martyres".
M. CELIER montre très bien le caractère paradoxale, en
apparence, du patriotisme chrétien: "le paradoxe du patriotisme, dit-il,
ne devient que plus scandaleux: comment la charité universelle peut-elle
n'imposer une préference, un peu exclusive, pour tel groupe social?".
Il est évident que toutes ces difficultés sont plus apparentes que réelles.
Mais pour les défaire il faut réduire l'idée de la patrie à ses justes
limites. le patriotisme sera une vertu dans l'hipothèse qu'il ne prétende
pas absorber l'homme et qu'il ne soit pas séparé de son véritable objet:
seulement alors on pou une crise de croissance plutôt que de décadence.
Cela permetmer que, surelevé par la grâce, il peut constituer pour le chrétien
une marche de cette échelle de Jacob qui unit la terre avec le ciel.
La question qui se pose à nos amis c'est de reconnaître la profondeur,
de la crise et de savoir si, au fond, cette crise est une crise de croissance
plutôt que de décadence. Cela permettrait d'ailleurs de fixer les conditions
du patriotisme vertueux dans notre temps.
* * *
Dans le monde actuel les idéologies (marxisme, fascisme, démocratie...)
agissent comme de grandes forces d'agglutination et de desagrégation entre
les hommes. Cela arrive aujourd'hui beaucoup plus que dans aucune autre
époque de l'histoire.
Patriotismes et ideologies s'entremêlent donc jusqu'à la confusion.
D'un côté les idéologies adoptent parfois l'aspect vénérable du patriotisme
afin d'exiger des sacrifices aux citoyens. M. DE CORTE évoque le probleme
de la ´resistance au nazisme et montre que "en bien des cas, ce ne fut
moins la patrie elle-même qui resistait à l'envahisseur à travers l'âme
des hommes, que la conception politique dont les hommes étaient imprégnés
jusqu'aux moèlles. L'ennemi était moins haï en tant qu'ennemi qu'en tant
que porteur d'une idée opposée à une autre idée. Le combat entre le Français
et l'Allemand était comme aspiré par la lutte entre le "démocrate" et le
"fasciste". M. SALLERON nous montre jusqu'à quel point "les idéologies
qui sont nées entre les deux guerres n'ont pu, quelles qu'elles fussent,
prendre corps et s'imposer qu'autour de l'idée nationale".
Au contraire les nationalisme se cachent parfois sous l'apparence de
systèmes et de doctrines politiques qu'ils utilisent comme un moyen de
pénétration impérialiste, Personne ne doute que le communisme ne soit une
arme très puissante au service du nationalisme russe comme la révolution
l'avait été jadis au service de l'impérialisme français. Quant à la Chine
de Mao Tsé Tung, c'est aussi M. SALLERON qui nous rappelle qu'il n'y a
pas besoin "d'être expert en choses asiatiques... pour s'assurer que le
nationalisme a déterminé une révolution que le communisme colore". M. ROLIN
à son tour nous dit très judicieusement que "le patritoisme partisan est
un patriotisme dénaturé qui au lieu de sentir la patrie comme une réalité
charnelle et concreté la conçoit comme le lieu d'une idéologie, l'expression
d'un idéal: la patrie est pour lui messagére d'une philosophie de l'homme
et de la société..." "Il est impossible que ce patriotisme ne devienne
aussitôt partien: c'est à telle philosophie, à tel système politique, à
l'exclusion de tous autres que le partisan reconnaît les privilèges d'incarner
sa patrie. Et son patritoisme en devient inévitablement passionné: un acharnement
a reduire et à détruire tout ce qui ne se conforme pas à l'image étroite
et durcie qu'il se fait de son pays. Ainsi naissent les factions les guerres
civiles, d'autant plus inexpliables quelles sont animées d'un plus ardent
patriotisme".
Pour ne pas aller plus loin rappelons encore que les marxistes, eux-mêmes,
nous parlent de la "patrie prolétaire" comme de quelque chose speécifiquement
différnete de la "patrie bourgeoise".
Et il se peut qu'il ne leur manque pas entièrement la raison.
Cette liaison entre patriotisme et idéologie serait-elle quelque chose
purement contingente, et en même temps peu désirable, ou, au contraire,
représenterait-elle une affinité plus profonde et nécessaire? Idéologie
et patritoisme sont-ils séparables? Quelle est en fin dans les lutte contemporaines,
la part de l'idéologie et la part du patriotisme authentiques?
* * *
Voici une question qui semble trop aventureuse et peut être un peu banale:
Faut il refaire la Théologie du patriotisme? "Je ne le pense pas -nous
repond le P. HAMER-. Ne faudrait-il pas refaire plutôt l'inventaire de
nos dettes?". Si au Moyen Age le théologie n'envisageait que trois formes
mineurs de la justice: la religion, la piété envers la patrie et la piété
envers les parents, cela purrait être valable pour le monde médiéval, mais
dans notre monde le domaine de nos dettes s'est élargi et "nous prenons
de plus enplus conscience d'un héritage historique commun plus vaste que
celui du pays natal".
Convenons donc a ce qu'il ne faut pas refaire la théologie du patriotisme,
mais élargir l'idée de Patrie.
Mais ne serait-il pas possible élargir la Théologie elle même en y ajoutant
des nouvelles et grandioses perspectives?
D'abord la conception du devoir patriotique sur la notion de delle met
surtout l'accent sur la contemplation du passé plutôt que sur la perspective
du futur: de cette façon le papatriotisme devient surtout un culte dirigé
aux ancêtres et aux pères de la Patrie, il adopte la forme de fidélité.
C'est ainsi qu'on l'a conçu pendant des siècles, mais la mentalité moderne
est radicalement "futuriste": c'est l'espoir d'un avenir meilleur plutôt
que le souvenir d'un passé plus ou moins discutable, ce qui unit les hommes
dans la tâche commune. "Il ne faudra pas s'étonner que le patritoisme ne
soit plus qu'un vain mot si l'on continue a soutenir que la patrie est
la terre des ancêtres car il se résumera dans une longue et stérile lamentation
sur le passé. Il ne sera qu'un vain mot tant que l'on continuera a qualifier
du nom epouvantable d'apatride tous ces gens qui ont opté pour une terre
de liberté, une civilisation hospitaliére dans laquelle ils ont retrouvé
une raison de vivre". Reconnaisons que ce sont des idées très judicieuses
celles qui exprime ici M. LAS CASES.
Il semble donc très naturel qu'une conception du patriotisme basée
sur la notion de dette éveille moins d'intérêt qu'une autre fondée sur
l'idée de mission ou de vocation commune. La Patrie serait donc une communauté
d'espérance plutôt qu'une communauté de dette. Rappelons ici le mot de
Nietzche "La Patrie n'est pas la terre des parents mais la terre des enfants".
Mais jusqu'à quel point puet on construire une théologie du patriotisme
fondée sur ces idées? Voilà un fond le problème que se pose M. ROLIN en
se demandant s'il existe une vocation surnaturelle collective. De la même
façon que le peuple d'Israel a été destiné par Dieu à realiser une mission
dans l'Histoire, pourrait-on dire la même chose des autres peuples? Le
rôle joué par chaque patrie dans chaque période de l'Histoire répondit
à une volonté exprese de Dieu? Voici un chemin qui nous conduirait sans
doute à de difficiles questions théologiques dont l'importance n'échappe
a personne car "tandis que nous soyons les victimes des dichotomies mortelles
entre le naturel et le surnaturel, entre les droits de la nature et les
exigences de la grâce... nous ne pourrons pas dialoguer en catholique sur
les problémes du monde d'aujourd'hui" (PANIKER).
Mais M. ROLIN va encore plus loin et il se pose un problème encore
plus difficile. Est-ce qu'il y a, se demande-t-il, dans nos patries quelque
chose qui participe de l'éternité? Il pose cette question dans le cadre
très précis du dogme chrétien de la résurrection de la chair. Donc, ce
qu'il faut savoir c'est si les patries ressuciteront aussi avec nous. Il
semble que M. CELIER n'est pas de cette opinion. "Dans l'éternité, nous
dit-il, il n'y aura pas ni nations ni patries". Peut-on affirmer, comme
le fait M. CELIER, que la diversité de nations soit une conséquence du
péché? Faudrait-il prendre trop à la lettre le récit biblique de la Tour
de Babel en supposant que la division de l'humanité en patries, nations,
et races soit un chátiement de Dieu?
C'est Dieu qui conduit les nations, c'est bien Lui qui conduit l'Histoire.
Pourquoi ne pas admettre que cette diversité nous portasse à une harmonie
grandiose que pour le moment nous n'arrivons pas a comprendre?
Voilà un ensemble d'idées qui pourrait être, sans doute, le point de
depart d'une nouvelle théologie du patriotisme. Une nouvelle théologie
qui n'aurait pas coupé les ponts avec l'ancienne. |