De otro lado, el estudio ha tratado de medir la actitud convivencial más o menos abierta de los jóvenes guipuzcoanos. Como suele ser habitual, se ha aplicado un test que persigue establecer las reservas que se expresan a convivir en términos de vecindad con una relación inicialmente convenida de grupos o colectivos que pudieran generar algún tipo de rechazo social. Como puede entenderse, sólo esta hipotética conflictividad fundó la selección de los colectivos propuestos, eludiendo cualquier consideración valorativa sobre su naturaleza o grado de legitimación social de los mismos. Sobre cada uno de esos colectivos se realizó una pregunta del siguiente tenor: ¿Te molestaría tener como vecino a...? Las llamadas tribus urbanas (skinheads, punkies, rockers,...) son los colectivos sociales que suscitan más recelos en su condición de eventuales vecinos de los encuestados. Esas prevenciones son además generalizadas si se atiende a la edad, el sexo o la condición social de los mismos. A continuación aparecen los miembros de ETA, las Fuerzas de Seguridad del Estado y las Fuerzas Armadas, quienes reciben porcentajes en torno al 32-36%, lo que parece poner sobre la pista de la polarización política existente entre la población estudiada.
En sentido opuesto debemos señalar el escaso rechazo que
generan las personas en función de su origen foráneo
o condición homosexual.
Como se puede observar en la tabla adjunta, la variable sexo comporta diferencias dignas de mención sólo en lo que concierne a los grupos urbanos mencionados, los extremistas de derechas, las personas con antecedentes penales y los trabajadores inmigrantes.
Si por el contrario, se tiene en cuenta la edad de los entrevistados,
es posible comprobar como aumentan proporcionalmente las animadversiones
a los extremistas, sean de derecha o de izquierda.
Por otra parte, la clase social de la muestra revela que los integrantes de la capas inferiores suelen expresar reservas hacia la covecindad con mayor frecuencia que cualquier otra, a tenor del mayor número de contestaciones de rechazo que ofrecen a casi todos los colectivos.
Afortunadamente esta misma pregunta fue realizada a la juventud de la C.A.V. de 1990, lo cual nos permite establecer algunas comparaciones con respecto a los actuales jóvenes guipuzcoanos.
Tal y como se observa en la tabla adjunta los jóvenes guipuzcoanos
resultan ser, con diferencia, mucho más tolerantes hacia
todos los grupos considerados que sus coetáneos de la C.A.V.
de hace 6 años. La única excepción se produce
en relación a las llamadas tribus urbanas que generan
un rechazo 15 puntos mayor.
Por otra parte, también disponemos de datos similares respecto al conjunto de la población adulta de la C.A.V. y de Navarra, correspondientes a 1995, advirtiendo, eso sí, que no recogen las mismas categorías de respuestas que las planteadas en nuestro estudio. De estos datos deducimos que los jóvenes guipuzcoanos se manifiestan como más tolerantes hacia los grupos considerados que el conjunto de la población adulta vasco-navarra, salvo en lo referente a la aceptación como vecinos de personas con antecedentes penales. (61) J. Elzo (1990), op.cit. (62) "Los valores en la Comunidad Autónoma del País Vasco y Navarra. Su evolución en los años 1990-95". J. Elzo (dir.) Gobierno Vasco, 1996. Estos datos tienen como universo a la población mayor de 18 años de la C.A.V. y de Navarra. |
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