En lo referente al momento de la iniciación a las relaciones sexuales y al establecimiento de relaciones íntimas con otra persona, el estudio ha indagado si se ha tenido y cuándo una primera relación sexual y, de otro lado, cuál es la situación actual de los entrevistados en términos de pareja. El 61% de los entrevistados declara haber tenido alguna relación sexual completa. El factor típicamente discriminante en este punto es la edad: han tenido su primera experiencia el 25% de los más jóvenes (hasta 19 años), el 65% de los de edad intermedia (de 20 a 24 años) y el 86% de los jóvenes maduros (de 25 a 29 años). Estas cifras cabe considerarlas ligeramente superiores a las que registra la juventud del conjunto del Estado, y que indican que sólo el 56% de los jóvenes de dichas edades han mantenido tales relaciones50. El conjunto de quienes declararon haber tenido esa primera experiencia la sitúan entre los 18 y los 19 años dato en el que coinciden con el resto del Estado, aunque parece que se está adelantando a edades más tempranas. Debe consignarse, a su vez, que los chicos declaran haber tenido su primera experiencia relativamente antes que las chicas. De otro lado, en lo que concierne a la eventual vida en pareja, sólo un 18% de los jóvenes estudiados tiene o han tenido una pareja estable con la que convive (o ha convivido) como marido o mujer. Naturalmente, esta categoría se ve muy influida por la edad del entrevistado, pero deben apuntarse también los efectos que sobre la eventualidad de establecer una vida en pareja determinan la condición de hombre o mujer y la clase social del entrevistado.
La mayor proporción de mujeres debe explicarse en buena
medida por los casos en que éstas conforman relaciones
estables con jóvenes de edad relativamente superior, que
por ello se encuentran fuera del estudio por ser mayores de 29
años.
Por último, el establecimiento de relaciones de pareja, como se ha visto con el fenómeno de la emancipación, guarda relación con la disponibilidad de recursos de los grupos de entrevistados y es más probable, por tanto, entre las clases media y alta que entre la clase baja. (50 y 51) INJUVE (1996), op. cit. |
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