Todo niño tiene una familia, y es en ella donde debe vivir. Sin embargo, todos conocemos familias que han tenido o tienen problemas y entran en crisis. Cuando ésta es tan importante que afecta al futuro desarrollo del niño, es obligación de la Administración prestarle ayuda y protegerle, separándole de dicha familia. Pero eso no implica que deban perder el contacto.
Por ello, siempre que la relación con la familia de origen no sea perjudicial para el niño, la Administración favorecerá que el menor mantenga dichos contactos, estableciéndose visitas con una periodicidad entre semanal y mensual. Estas visitas tienen como objetivo preservar el vínculo afectivo existente y facilitar la vuelta del menor a su casa.
Asimismo, la familia natural recibirá el apoyo técnico necesario para que pueda superar los problemas que han provocado el acogimiento familiar del niño, aunque a veces este objetivo se alargue en el tiempo o no se consiga.