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Las zonas o caladeros de pesca


Al hablar de zonas de pesca hemos de hacer una doble distinción:

A) Las embarcaciones que faenan en caladeros más o menos lejanos y que les obliga a realizar navegaciones de semanas o meses fuera de su puerto base.

B) Las embarcaciones que trabajan próximos a la costa y engloban los caladeros locales pernoctando habitualmente en su puerto base.

En ocasiones algunas flotas participan de ambas características como ocurre con la flota de bajura que en la costera de anchoa, chicharro y verdel no realiza habitualmente navegaciones superiores a un día , y en la de túnidos sus mareas son superiores a una semana.

La tradición guipuzcoana en la pesca a gran distancia tiene, como sabemos, una historia secular. En los siglos XV y XVI su habilidad como arponeros era conocida en toda Europa. La toponimia de la isla de Terranova (Newfoundland) nos recuerda la presencia de nuestros antecesores en aquellas aguas a partir del siglo XVI, capturando bacalao. Los avatares políticos de los siglos XVIII y XIX hicieron languidecer estas pesquerías.

Es en el siglo XX cuando las pesquerías de largo alcance vuelven a resurgir a consecuencia de dos hechos totalmente ajenos: Por un lado la creación por parte de un grupo de animosos empresarios guipuzcoanos apoyados por S.M. el Rey Alfonso XIII, de la empresa PYSBE S.A. en 1926 dedicada a la pesca y salado de bacalao en aguas de Terranova y el Ártico (Islandia y Mar de Barentz). Los buques, de grandes dimensiones para la época, tenían su base en Pasaia Donibane, llegando a contar con dieciséis unidades. De otra parte, la aplicación de las técnicas de congelación a las pescas industriales, produjo en los años 50 y 60 un "boom" en toda Europa y también en Gipuzkoa por las pesquerías en caladeros lejanos.

En los años 70 buques y congeladores guipuzcoanos faenaban en numerosos caladeros africanos: Marruecos, Mauritania, Guinea Konakry, Angola, Congo, Sudáfrica, Mozambique...

 

La extensión a 200 millas de las aguas jurisdiccionales de la gran mayoría de países a partir de los 80 produjo una gran crisis en esta flota de la que en la actualidad quedan únicamente algunos vestigios y, con la característica que han debido adoptar la bandera del país propietario del caladero en que faenan.

El puerto de Pasaia fue, y sigue siendo en menor medida, la base de una importante flota que faena en el caladero comunitario, fundamentalmente en la costa francesa. Las especies que captura (la merluza es la más destacada) se venden "en fresco" en la lonja del puerto para el mercado local y nacional.

La flota de bajura que faena desde todos los puertos costeros como Hondarribia, Pasaia, Donostia- San Sebastián, Orio, Getaria y Mutriku se dedica a la captura de túnidos (bonito y cimarrón), anchoa, chicharro y verdel. Cada especie tiene su época, "la costera"; así el chicharro y verdel se capturan en Febrero y Marzo, la anchoa en Abril y Mayo, los túnidos en verano y otoño... Las pescas se realizan próximas a la costa en mareas de uno o dos días de duración, salvo en los túnidos que se capturan en todo el Golfo de Bizkaia y, al principio de la costera al oeste de Galicia en pleno Océano Atlántico.

Fuente: Inventario de artes de pesca en Euskadi Gobierno Vasco.

 

Merece mención especial una campaña muy específica que realiza la flota vasca para la captura de túnidos en las islas Azores. Se inició en los años 60, pero la extensión a 200 millas náuticas de las aguas jurisdiccionales a efectos de pesca a finales de los 70 impidió las campañas. A partir de 1989 se reiniciaron las actividades gracias a un acuerdo entre las Federaciones de Pescadores de bajura vascos y sus homólogos azorianos, propiciado y apoyado por el Gobierno de la Región Autónoma de Azores y el Gobierno Vasco.

En octubre zarpan de los puertos vascos 15 barcos (de los que 7 ú 8 son guipuzcoanos) rumbo al archipiélago de las Azores. Tras una navegación, en ocasiones dura y peligrosa debido a los temporales del Atlántico, arriban a la isla de Faial donde establecen su base de pesca hasta el mes de Diciembre. Las capturas se congelan directamente en las Islas para su posterior venta y, en alguna ocasión parte de ellas se vende en fresco para su consumo en la Península.

El acuerdo ha sido pionero en la pesca europea e indica una vía de colaboración entre pescadores que debería ser seguido, evitándose en muchas ocasiones enfrentamientos estériles.

La pesca local o artesanal, como también se la llama, se realiza próxima a la costa con muy variadas artes de pesca: anzuelos, palangres, "piedra-bola", nasas, trasmallos, betas, etc., encuadradas todas ellas bajo el nombre de "artes menores" y que cuentan con una reglamentación específica. Las embarcaciones, de pequeño porte (no superan los 15 metros de eslora) realizan salidas al día y venden sus capturas en fresco en las lonjas locales. Las zonas de pesca con nombres muy tradicionales y transmitidas su localización de padres a hijos por los pescadores se encuentran en una fase precaria en cuanto a su explotación y conservación, sin que se sepa precisar si esta disminución de capturas de debe a la sobreexplotación, a la contaminación costera o a ambas a la vez.

Una variante de la pesca artesanal es la realizada por los llamados merluceros de Hondarribia. En caladeros tradicionales, frecuentados desde siglos, que custodian celosamente, pescan "al pintxo" (anzuelo) merluza y, hasta hace una década besugo que prácticamente ha desaparecido. Las calas están situadas a caballo entre las aguas jurisdiccionales francesas y españolas, en la fosa de Capbreton y tras nuestro ingreso en la U.E. se originó un serio conflicto al impedir las autoridades francesas la pesca a los hondarribitarras en sus áreas tradicionales; afortunadamente la razón se impuso y hoy en día la actividad sigue como antaño. A nuestro juicio sería éste un caladero que podrían servir de modelo para una explotación racional de una pesquería realizada desde tiempo inmemorial, por los propios pescadores.