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Unidades Morfológicas


Los rasgos de estas unidades dependen de la litología, de la historia geológica, de las estructuras formadas y de las variaciones climáticas.

La sucesión de períodos climáticos da lugar a sistemas morfoclimáticos o morfogenéticos, con sucesión de épocas frías, cálidas, lluviosas y secas, que han modelado nuestro relieve, producido variaciones en la configuración y actuación de la red hidrográfica, así como la formación de diferentes niveles de erosión en la costa.

Sin duda actuaron sistemas glaciares, periglaciares, semiáridos y pluviofluviales, que dieron lugar a valles, vertientes, glacis, estructuras "flysch", depósitos aluviales y morrénicos, materiales coluviales, acumulaciones sedimentarias, etc.

En la erosión actual, el mecanismo predominante es la meteorización química. Dentro de esta meteorización debemos resaltar la karstificación, que dada la abundancia de rocas calcáreas (Aralar, Aitzgorri, etc.) está muy extendida por todo el territorio guipuzcoano, apareciendo grietas, cuevas con estalactitas y estalagmitas, lapiaces, hondonadas, etc.

Son también frecuentes los deslizamientos de reptación de pequeñas partículas, de coladas de barros, los fenómenos de arroyada, la formación de vegas o llanuras de inundación, la aparición de estuarios y pequeñas rías, y el desarrollo de acantilados, playas, sectores dunares, bahías y plataformas de abrasión o de erosión marina en la costa.

Si miramos el mapa topográfico podemos diferenciar tres grupos de unidades morfológicas: el sector costero, los relieves intermedios y las montañas del sur, que están separadas por surcos y cortadas por valles perpendiculares a dichas unidades y paralelos entre sí. Estas unidades se van elevando progresivamente de la costa al interior.

En el sector costero encontramos alturas modestas (Mendizorrotz, 419 m; Jaizkibel, 543 m), que aumentan en los relieves intermedios (Erlo, 1026 m.; Ernio, 1072 m; Adarra, 817 m) que alcanzan las máximas elevaciones en el sur (Aitxurri, 1551 m.; Aketegi, 1544; Aitzkorri, 1531, Arbelaitz, 1525m; Txindoki, 1341m; Gambo, 1408 m; etc.).

En cuanto a los surcos, verdaderos pasillos que facilitan los asentamientos y las comunicaciones, junto con el papel que desempeñan en el mismo sentido los valles, destacamos el que se extiende entre Hondarribia, Donostia y Lasarte-Oria; el de Tolosa-Elgoibar, que continua en Bizkaia. Al igual que lo hace el de Beasain-Bergara, que sigue por Elorrio y Durango hasta Bilbao.

Si hacemos una síntesis con los rasgos topográficos, geológicos y climáticos, podemos hacer una división de las unidades morfológicas mas detallada: La Costa (con unidades como el Jaizkibel; Ulia-Igeldo-Mendizorrotz; el corredor Donostia-Irún; la depresión de Zarautz; etc); los Relieves Prelitorales (Arno; Andutz; Pagoeta; Ernio; Andatza; etc); los Valles Prelitorales (Bajo Oria; corredor Hernani-Urnieta); los Relieves Orientales (Peñas de Aia; Adarra; Udalar); los Relieves intermedios (Urko; Elgeta; Arrolamendi; Itxaspi; Murumendi; etc); los Valles interiores (Bajo Deba-San Esteban; Deba Medio; Alto Deba; Oñati; Urola Medio; Alto Urola; Oria Medio y Alto Oria); y las Montañas del Sur y Sureste (Udalar; Arlabán; Araoz; Aitzgorri;Aitxuri; Otxaurte; Ataun; Txindoki; Aralar; etc).

En estas Unidades Morfológicas, a las que podemos considerar Ambientes Morfodinámicos, se dan diferentes sistemas (litorales, estuarios, lomas, colinas, ríos, etc.) con diversas unidades menores (playas, plataformas de abrasión, materiales coluviales, pendientes, acantilados, etc.) y elementos (erosión, deslizamientos, etc.). (V. Bibliografía: Geomorfología y Edafología de Gipuzkoa).

Terminamos este apartado mencionando que las actividades humanas también afectan al relieve actual: asentamientos urbanos, explotaciones mineras, canteras, vías de comunicación, canalizaciones, actividad forestal, pastoreo, usos agrícolas, etc. Si lo sumamos a la erosión química; la destrucción mecánica de las rocas; la humedad oceánica; la altura del relieve y las fuertes pendientes; la orientación de las vertientes con relación a la insolación y los vientos dominantes del noroeste; el empapamiento del suelo en diversas épocas del año por las precipitaciones; y la erosión de arroyos y ríos; tenemos motivos suficientes para preocuparnos, tanto desde el punto de vista ambiental, como de la prevención de riesgos naturales.

 

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Edafología


El suelo, es una parte superficial de la corteza terrestre en la que la roca está física y químicamente alterada, influyendo en su proceso de formación el clima y la vegetación. Es un elemento dinámico que evoluciona, sostiene la vida vegetal y es el hábitat de innumerables microorganismos.

Algunos de los procesos más característicos que se dan en los suelos, son los siguientes: la Humificación (aparición de la capa de humus, o sea de la materia orgánica evolucionada); Lavado de bases, arrastradas por el agua que las va disolviendo, lo que aumenta la acidez; Procesos de eluviación, es decir, la emigración de materias en estado coloidal del horizonte A al B, que está debajo; Podsolización, que supone una eluviación pronunciada del humus y de los óxidos hidratados de hierro; y la Desintegración química de los componentes de las rocas.

Los suelos jóvenes guipuzcoanos presentan los siguientes horizontes: O, con materia orgánica en fase de descomposición; A, con mezcla de materia orgánica y mineral; Bw, alterado con arcillas y liberación de óxidos de hierro; y C, alterado pero que aún conserva la estructura de la roca madre. Los suelos maduros acumulan diversas sustancias que les son aportadas por procesos de lavado, movilizando especialmente a las arcillas, que se acumulan en el horizonte B, que pasa a denominarse Bt. Si el proceso de lavado es muy activo, entre los horizontes A y B, aparece un horizonte eluvial de lavado, denominado con la letra E.

La constitución edafológica de Gipuzkoa se explica por la diversidad de materiales litológicos que tiene, ya que el clima y la vegetación, aún siendo muy importantes, no introducen sustanciales modificaciones, habida cuenta de su homogeneidad, que en el caso de la vegetación, en los últimos años, se ha visto ligeramente variada por las sucesivas repoblaciones de coníferas y las tierras de cultivo y prados, que han sustituido a las frondosas.

Si deseamos conocer una clasificación detallada de los suelos, se puede consultar la obra citada de Geomorfología y Edafología de Gipuzkoa, de la que destacan las unidades de suelos denominadas Luvisol (lavado y acumulación de arcilla), con varios subtipos; Cambisol (cambios de color debido a la edafización de las rocas "in situ"), también con varios subtipos; Acrisol (muy ácidos); Fluvisol (con depósitos aluviales); Gleysol (con exceso de agua); Andosol (suelo oscuro formado de materiales volcánicos); Ránker (suelo poco profundo sobre material silíceo, rico en humus y con pocos nutrientes); y Rendzina (suelo sobre material calizo, rico en humus y nutrientes con gravas calizas).

Además de esta clasificación, podemos diferenciar cuatro grandes grupos de suelos: Tierra parda Húmeda; Tierra Fusca; Tierra parda caliza y parda y podsolizada; Suelos Aluviales y Coluviales.

La Tierra Parda Húmeda, se ha desarrollado sobre materiales silíceos o en rocas pobres de carbonatos, presentando suelos poco desarrollados en profundidad, con un humus ácido, desaturados en bases, ya sea por lavado o por la acidez de la roca madre originaria (Cadena Costera, Peñas de Aia, Cinco Villas, etc.).

La Tierra Fusca, ocupa una amplia mancha en el conjunto calizo-margoso del centro de Gipuzkoa. La Tierra parda caliza y la parda podsolizada se dan en las áreas de predominio de calizas, con fuertes pendientes, intensa erosión y fuertes procesos de lavado o lixiviación. Cuando la erosión prácticamente ha desmantelado el suelo, aparecen los litosuelos.

En los enclaves de materiales cuaternarios, encontramos suelos aluviales y coluviales (estos se localizan sobre todo en pendientes, vertientes, etc.), muy poco desarrollados en profundidad, no encontrándose el horizonte B. (V. Mapa Edafológico).

 

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Climatología


Tanto la situación como la posición geográfica de Gipuzkoa, condicionan las características climáticas.

La situación latitudinal, en el límite de los climas templado-frios (variante oceánica), se traduce en una gran complejidad desde el punto de vista de la dinámica atmosférica, con un predominio de numerosos frentes durante todo el año. También tendremos en cuenta la posición a orillas del Mar Cantábrico y en el centro del Golfo de Bizkaia, en un área de transición entre los conjuntos Pirenaico y Cantábrico. El relieve, la altitud y la distancia del mar, darán lugar a modificaciones locales.

Las procedencias de las masas de aire y los caracteres de la circulación zonal, generan unas temperaturas poco contrastadas a lo largo del año (temperatura media anual de 13º c), con inviernos suaves (temperaturas medias mensuales entre 8º y 10º C), veranos relativamente frescos (temperaturas medias mensuales entre 18º y 20ºC), si bien existen contrastes de varios grados entre la costa, los valles interiores y las áreas de montaña. La llegada de vientos del Sur, origina temperaturas elevadas, debido al efecto adiabático causado por el relieve, especialmente en el otoño, que deja las precipitaciones al sur de Gipuzkoa.

La precipitación media es de 1.500 mm anuales. Tenemos un promedio de 175 días de lluvia, 30 de tormentas, 15 de lloviznas y 5 de nieve, si bien también hay que tener en cuenta las variaciones de la complicada orografía y las posibles situaciones de "gota fría", que pueden elevar significativamente las precipitaciones en un solo día. El rocío aparece unos 40 días; la escarcha unos 10 días; las nieblas durante 75 días, siendo frecuentes en los valles con fenómenos de inversión térmica. La nubosidad y la humedad relativa (75%) tienen valores elevados. Los días despejados son 35, los nubosos 182, los cubiertos 148 y los de lluvia 175, de media cada año. Las heladas se dan una media de 5 días y unos 30 días al año, las temperaturas pueden sobrepasar los 25º C. El número de horas de sol es de 1.958 y la presión atmosférica se sitúa de media anual en los 742 mm.

Los meses más lluviosos son los de Enero y Setiembre, seguidos de Marzo y Febrero. Los más secos los de Junio y Octubre, seguidos de Abril y Noviembre, si bien es frecuente encontrar años bastante lluviosos en el mes de Junio y secos en el mes de Marzo, siendo la irregularidad la nota dominante, por las características orográficas y posicionales que ya conocemos. (V.Mapas climáticos).

Las estaciones mejor definidas son la invernal y la estival. La primavera es más irregular que el otoño. El paso de frentes y borrascas es frecuente en cualquier época del año, al igual que ocurre con el dominio de las situaciones de Altas y Bajas presiones, si bien predominan éstas últimas. Las altas presiones (situación anticiclonal) son más numerosas en verano y otoño, lo que da lugar a lo que solemos llamar buen tiempo.

En lo que respecta a los vientos, se da un predominio de los del Noroeste, que contribuyen decisivamente al clima templado y húmedo que tenemos. Le siguen en importancia los del Norte y los del Sur, quedando en un lugar secundario los del Nordeste y del Este. De abril a Setiembre, encontramos los del Norte y Noroeste; de Octubre a Marzo, del Norte, Noroeste y Sur. En Noviembre y Diciembre también tienen importancia los vientos del oeste, y en los meses invernales pueden llegar vientos fríos del Este y del Nordeste.

Las situaciones húmedas son producidas con vientos del Norte, Noroeste y Oeste, que alcanzan normalmente los 80 Km/h, llegando en días de temporal a los 140 Km/h., con lluvias abundantes. Las situaciones secas, se producen con vientos del Nordeste, Este y Sur, emitidos desde áreas anticiclonales próximas. En resumen, un clima templado y húmedo, bastante agradable, con situaciones de tiempo variables.