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El afianzamiento de Gipuzkoa como provincia industrial en el siglo XX
Durante el siglo actual, las etapas vividas por la economía guipuzcoana han sido un tanto dispares. La expansión, crisis y reconversión industrial, se han combinado a lo largo del siglo que, en su conjunto, bien puede definirse como de expansión generalizada. A grandes rasgos, se pueden diferenciar tres etapas: a) Primer tercio del siglo XIX: etapa de expansión; b) Años 1930-1973: desarrollo industrial entre dos crisis de distinto carácter; c) último cuarto de siglo: crisis económica y reconversión industrial.
La inestabilidad política española, después del "desastre colonial", que se prolongó hasta la crisis de 1917, no fue obstáculo para el crecimiento de la industria vasca, inmersa en una fase de afianzamiento y expansión. A pesar de los numerosos cambios gubernamentales, se mantuvo una política económica claramente proteccionista, muy favorable para los intereses de las zonas industrializadas65. A las ventajas del proteccionismo se unían, en el País Vasco, las derivadas del Concierto Económico66. Otro factor que asimismo colaboró en el crecimiento industrial fue la neutralidad española durante la guerra de 1914-18. Esta circunstancia propició oportunidades excepcionales a la producción guipuzcoana. Bien es cierto que terminada la contienda europea, se produjo en España una crisis industrial. No obstante, durante los años 20 Gipuzkoa emprendería una política de reconversión industrial, dando cabida a nuevos sectores que serían muy prósperos en años sucesivos.
Desde el punto de vista sectorial, se consolidaron algunos de los ramos industriales que se habían modernizado en el siglo XIX, y también, empezaron a cobrar importancia otros nuevos, propios de una etapa económica más desarrollada. Entre los primeros se hallaban el sector papelero, textil, y en parte, el siderometalúrgico y cemento. Entre los segundo cobrarían mayor protagonismo, los transformados siderometalúrgicos, electrodomésticos, alimentación, etc.
Por lo que concierne al sector papelero guipuzcoano, éste seguía ocupando un lugar predominante en la producción española. En 1902 se fundó "La Papelera Española", una de las "tres grandes empresas" de la Provincia (junto con la Unión Cerrajera, de Mondragón, y la CAF de Beasain). Fruto del afianzamiento del sector papelero fue la posición de Guipuzcoa en el mercado nacional: en 1920 en las papeleras guipuzcoanas se manufacturaba el 60% de la producción española. Aún a comienzos de los años 30, Gipuzkoa aportaba algo más del 48% de la producción de papel corriente. Además, este sector, en 1930, daba trabajo al 10% de la población activa industrial. En cuanto a su estructura empresarial cabe señalar que durante este primer tercio del XX, continuó el proceso de concentración en este sector.
La industria textil seguía ocupando un lugar relevante en el panorama industrial de la provincia. En 1930, el 9% de la población activa industrial guipuzcoana trabajaba en las empresas textiles, siendo el número total de las mismas, 47.
El sector de los transformados siderometalúrgicos se afianzó como el más representativo, tanto por el número de empresas como por el número de trabajadores que ocupaba. En 1930, el 25% de la población activa industrial trabajaba en las 535 empresas metalúrgicas de la Provincia. Sin embargo, su expansión no fue continua, ya que algunos de los subsectores se vieron afectados por profundos cambios en la demanda. Así, empresas metalúrgicas tan tradicionales como las dedicadas a la fabricación de armas, debieron reconvertirse durante los años 20, ya que después de la guerra atravesaron una grave crisis. Los motivos de tal crisis estaban determinados por varios factores. En primer lugar, los gobiernos de diferentes países restringieron la circulación y venta de armas; en segundo término, la recuperación después de la guerra europea de países competidores como Francia, Bélgica y Alemania, limitó las posibilidades de venta de la armería guipuzcoana; en tercer lugar, el control del orden público que estableció el gobierno español, obstaculizó la venta de armas.
Como consecuencia, entre 1924-28, algunas de las empresas armeras se transformaban en otras dedicadas a la fabricación de bicicletas, máquinas de coser, artículos de ferretería, electrodomésticos, herramientas y una larga lista de manufacturas metálicas de pequeño y mediano tamaño. Las firmas eibarresas de "Orbea", "BH", "GAC", "Alfa", "Solac", etc. son un reflejo de esta reconversión. Sus productos pudieron ser colocados en el mercado nacional, así como en el internacional. Por su parte, las dos grandes empresas del sector: "Unión Cerrajera" de Mondragón y "Compañía Auxiliar de Ferrocarriles" de Beasain siguieron expansionándose. En 1930 "La Unión Cerrajera" contaba con un capital de 15.000.000 de pesetas, sus productos (tirafondos, tornillos, herramientas, toda clase de herrajes, cerrajería fina, etc.) tenían salida en el mercado interior y extranjero, sobre todo en países hispano-americanos. Por las mismas fechas, la "Compañía Auxiliar de Ferrocarrriles", contaba con un capital social de 23.000.000 de pesetas. A sus instalaciones de Beasain se unieron dos plantas situadas en San Sebastián e Irún.
Por lo que concierne a otras producciones, cabe destacar la incorporación con fuerza y de forma rápida, del sector eléctrico, básico para el desarrollo industrial. El proceso de electrificación no era del todo nuevo en la Provincia, ya que aunque modestamente, se había iniciado en los últimos años del siglo XIX: en 1890, se había escriturado en San Sebastián la "Compañía Eléctrica de San Sebastián"; en 1895, se creó la "Electra-Vasconia S. A."; y también, aquel año se fundaba la "Compañía Eléctrica del Urumea S.A."67. Ahora bien, durante el novecientos el sector eléctrico registraría un gran salto.
La provincia guipuzcoana contó con unos factores positivos para la obtención de fuerza hidraúlica. Si bien sus abundantes arroyos y ríos eran de corto recorrido y poco caudal, los grandes desniveles compensaban aquellos inconvenientes. De esta forma se puede entender cómo, durante los años 20, la mayor parte de las centrales instaladas eran de escasa potencia, pero suficiente para que las industrias contasen con la suya propia y fueran independientes desde el punto de vista energético. De ahí que espacialmente, las pequeñas centrales hidroeléctricas estuvieran diseminadas por toda la provincia. Los datos correspondientes a 1930 ponen de manifiesto tal situación: el número de empresas dedicadas a la explotación de saltos de agua, era superior a 200. A pesar de todo, la potencia obtenida dentro del territorio guipuzcoano, resultaba insuficiente para cubrir todas las necesidades. Por eso, tuvo que recurrirse a la importación de energía. El caso de "La Papelera Española" resulta significativo: el 74% de la energía que utilizaba en sus factorías procedía de Logroño.68
También el impulso industrial durante este primer tercio del XX, abarcó a sectores surgidos al amparo de la "segunda revolución industrial" (teléfono, automóvil, avión, radio, etc.).
En 1908, Gipuzkoa puso en explotación una red telefónica interurbana provincial. El Ayuntamiento de San Sebastián tenía a su cargo su propia red telefónica urbana. En 1921 Gipuzkoa se situaba a la cabeza de las provincias españolas en número de abonados por cada mil habitantes.
El transporte se vió mejorado con el establecimiento del ferrocarril de la costa inaugurado en 1900 (desde Bilbao por Ermua, Eibar, Malzaga, hasta San Sebastián) y con la linea ferroviaria San Sebastián-Hendaya, en 1912.
Junto a este crecimiento de los diferentes sectores industriales, Gipuzkoa también fue testigo de la expansión del sector financiero. En 1899 se fundaba el Banco Guipuzcoano que abrió sus oficinas en enero de 1900. En pocos años estableció sucursales en Tolosa, Irún, Bergara, etc., fruto de su propia expansión. Esta entidad apoyó algunos de los proyectos empresariales guipuzcoanos, tanto en el sector papelero, como en el siderometalúrgico, y otros, lo que contribuyó al crecimiento de la economía regional.
En 1909 nacía el Banco de San Sebastián, e incluso en los años 20 se abría en San Sebastián el Banco de Avila. Junto a estas instituciones otras entidades de ámbito nacional e internacional, establecieron nuevas oficinas y sucursales, además de que se constituyeron entidades bancarias de tipo local como fueron el Banco de Irún o el de Tolosa.
También surgieron o se afianzaron otro tipo de empresas como las relacionadas con el sector químico, el petróleo o la alimentación, etc.: "Vda. de Londaiz y Sobrinos de Luciano Mercader", "Kutz", "Louit", "Suchard", "Lizariturry y Rezola", etc.
Al final del periodo, en 1930, la población activa en Guipuzcoa se distribuía de la siguiente manera: el 25,9% en el sector primario; el 40,3% en el secundario; y el 33,8% en el terciario. La población industrial presentaba una orientación multisectorial. El sector secundario estaba formado por un amplio abanico de especialidades. Entre éllos destacaban tres, tanto por su capacidad como por su tradición. Estos eran: el sector del metal, el papelero y la industria textil. EL tejido empresarial seguía formado, como antaño, por pequeñas y medianas empresas, en donde el factor capital era relativamente bajo y el factor mano de obra era muy cualificado.
1930-1973
El desarrollo industrial entre dos crisis de diferente tipología
Este periodo se inició bajo los efectos de la gran depresión económica de los años 30. Y, además de la crisis internacional, Gipuzkoa sufrió los cambios de la política económica de la II República. Aunque los efectos de la crisis internacional parece que no se hicieron sentir de forma inmediata, sí que influirían negativamente a partir de 1932. En 1931 la economía guipuzcoana parecía defenderse aún de forma satisfactoria. La razón -según se explicaba entonces- se debía al fraccionamiento y diversificación de sus elementos productores. Sin embargo, en 1932 se constataba un retraimiento en el consumo y en las iniciativas empresariales. La situación se fue agravando en años sucesivos, con la paralización absoluta de la construcción -que afectaría al sector del cemento- y la restricción generalizada de pedidos industriales -lo que arruinaría el tejido industrial de la Provincia-.
Con el estallido de la guerra civil, en 1936, las dificultades aumentaron. En plena contienda civil, en 1937, tanto a Gipuzkoa como Vizcaya les sería retirado el sistema de Concierto Económico. Al terminar la guerra, en 1939, la situación económica guipuzcoana era bastante peor que la de comienzos de la década.
A partir de 1939 la política económica aplicada en España fue de alta protección así como de intervención directa del Estado en algunos sectores. La protección estuvo determinada por dos factores: la necesidad de la reconstrucción de la industria nacional, coincidiendo con la falta de competencia extranjera -debido a la segunda guerra mundial-, y la falta de relaciones económicas con el exterior. La intervención del Estado se vió materializada en 1941, con la creación del Instituto Nacional de Industria (INI). Por medio de este organismo, el Estado quería crear empresas y ayudar a la producción industrial. El INI, además, se caracterizó por romper el carácter monopolístico de algunos sectores que se habían desarrollado con anterioridad tales como: el eléctrico, siderúrgico, cemento, papel, o construcción naval. Algunos de éllos han sido citados como básicos para la economía guipuzcoana.
Durante los 40, la escasez de primeras materias y la asignación de cupos a las empresas, condicionaron la recuperación y expansión industrial. Pese a ello, algunas empresas guipuzcoanas pudieron recomponerse, lo que les situó bien para crecer en años posteriores.
A partir de los 50, la economía española en general, y la guipuzcoana en particular experimentaron un crecimiento irregular. Ya el año 1950 finalizaba, con un fuerte incremento en la producción de cemento así como un afianzamiento de las industrias básicas guipuzcoanas (siderometalúrgicas, papel y textiles, destacando por su crecimiento la producción de máquina electro-mecánica). Por ejemplo, en la manufactura del papel, Gipuzkoa siguió estando a la cabeza de las industrias españolas, a pesar de haber perdido posiciones porcentualmente, como consecuencia por ejemplo, del crecimiento experimentado por el sector en otras regiones (por ejemplo, en 1955, producía ya el 29,5% del papel). La fuerza del sector industrial quedaba de manifiesto en su población activa (en 1950, la distribución de la población trabajadora era la siguiente: sector primario, 21%; secundario, 46,3%; terciario, 32,7%)69.
Asimismo se estrenaron nuevos proyectos con el fin de actualizar algunos ramos, y se planificaron nuevas instalaciones con el fin de albergar sectores más "modernos" (plásticos, químicas, fibras, maquinaria eléctrica). El consumo eléctrico por habitante en Gipuzkoa, 4 veces superior a la media española, era un buen indicador de aquella expansión.
Y como las empresas crecieron aumentando la oferta de trabajo, Gipuzkoa se convirtió en provincia receptora de población. Este factor hizo que en torno a 1953, tuviera lugar una acusada falta de viviendas para alojar a los inmigrantes que se incorporaban a nuevos puestos de trabajo.
Bajo este signo de crecimiento discurrieron también los 60. La industria guipuzcoana se componía fundamentalmente -al igual que años atrás- de los siguientes capítulos: siderometalúrgico (aceros, armas, cerrajería, tornillería, máquina herramienta, de coser, bicicletas, construcción de buques y material ferroviario, además de auxiliar de automóvil), papelero, textil, cemento y otros (jabón, alimentación-bebidas, etc.) Pues bien, al final de los 60 parte de los mismos experimentaron serias dificultades: algunos se presentaban sin aparente salida, debiéndose plantear la reconversión de otros.
La trayectoria seguida por las armas, las máquinas de coser, las bicicletas y motocicletas o los electrodomésticos son un ejemplo de lo que apuntamos. La producción armera por ejemplo, se afanó por captar nuevos mercados a partir de 1966-7 Y, si la demanda de escopetas se mantuvo, no ocurrió así con las armas cortas que cayó a niveles muy bajos en 1970. Las máquinas de coser, nacidas al amparo de la reconversión industrial que había tenido lugar en los años 20, comenzaron a sufrir una gran competencia de Japón, China o la India. Por añadidura a finales de los 60, las amas de casa orientaban su demanda hacia otro tipo de electrodomésticos. Por lo que respecta a la bicicleta, que al igual que la máquina de coser se había incorporado a la producción guipuzcoana durante la dictadura de Primo de Rivera, debió adaptarse a la demanda de modelos deportivos. Por su parte, la demanda de motocicletas empezó a descender de tal forma entre 1966-7, que fue un bien que prácticamente desapareció de la producción guipuzcoana.
Las transformaciones que experimentó el sector de los electrodomésticos entre 1970-3 fueron grandes. Al "boom" de las estufas, calentadores, cocinas y frigoríficos, de los año 60, siguió otra situacación caracterizada por: a) cambio de artículos demandados; y b) proceso de selección y concentración del sector. Así, la demanda de los electrodomésticos "tradicionales" descendió considerablemente, en favor de otros "más jóvenes en edad" (lavadoras automáticas, lavavajillas). Y, las pequeñas plantas productivas resultaban inadecuadas para atender las nuevas demandas. Como consecuencia, algunas desaparecieron y otras se plantearon algún tipo de concentración, al tiempo que una mayor especialización. Comenzaba así una fase en donde la "marca" del electrodoméstico jugaría un papel fundamental en el mercado. Superada la fase de concentración y especialización, se llegó a otra de colaboración entre los fabricantes para poder hacer frente a la competencia exterior.
El grado de desarrollo económico de Gipuzkoa, muy por encima de la media española podía advertirse a través de su renta "per cápita". Ya en los años 50 los resultados no dejaban lugar a duda: en 1957, la rpc en España era de 9.862 pesetas; ese mismo año Gipuzkoa ocupaba, con 30.229 pesetas, el segundo lugar después de Vizcaya (30.230 pesetas). Esta posición de cabeza se mantendría hasta los años 70.